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Mary de Dinamarca, la mano negra tras la proclamación de Federico X

Margarita de Dinamarca solo avisó con tres días de anticipo a su descendiente de que abdicaba.

Margarita de Dinamarca solo avisó con tres días de anticipo a su descendiente de que abdicaba.
Mary de Dinamarca | Instagram

Este 14 de enero la reina Margarita de Dinamarca abandona el trono después de haber reinado durante cincuenta y dos años, a la edad de ochenta y tres. Le sucede su primogénito Federico, de cincuenta y cinco, décimo en la nominación de la dinastía danesa. La decisión fue adoptada por la Soberana, manifestándolo públicamente en su discurso de fin de año, tras el escándalo ocurrido en noviembre último sobre la relación entre su hijo y Genoveva Casanova. Al príncipe lo sorprendieron entrando en el piso de la ex de Cayetano Martínez de Irujo, en Madrid, y también al día siguiente cuando salía de esa vivienda, donde pasó la noche, y a las puertas de ella, en la calle, a la espera de un automóvil. Imágenes que publicó en exclusiva la revista Lecturas, motivo lógico de la conmoción que supuso en la Corte danesa. No hay que ser un experto en casas reales para deducir que esta renuncia de Margarita de Dinamarca tiene mucho que ver con ese escándalo, adelantándose quizás un tiempo para que reinara Federico.

Aunque también podría estar causada por la edad y salud que atraviesa la Soberana, con frecuentes dolores de espaldas y problemas pulmonares, conocida su adicción al tabaco. No obstante, insistimos, nos parece más aceptable la primera de las opciones citadas. Esa supuesta infidelidad de Federico ha abierto una brecha entre él y su esposa, Mary Donaldson. Se ha comentado que ella dio a entender a la Reina que la solución más adecuada era la de proclamar a su esposo Rey de Dinamarca. Un ultimátum, vamos. Consecuentemente, Mary sería Reina consorte, como así va a suceder. Haya sido Mary o su regia suegra quien propusiera esa salida, es la más consecuente para que no ocurriera algo irreparable: el divorcio de la pareja y también la repulsa de una parte de la ciudadanía danesa, que ya estaba harta de los problemas causados por el príncipe heredero con su inadecuada conducta, que luego comentaremos. Cuando saltó la noticia de la infidelidad, la princesa Mary, muy querida por cierto en Dinamarca, se marchó a Nueva Zelanda, y su esposo, el príncipe Federico fue inmediatamente a buscarla. Ante los medios informativos al regreso a Copenhague, aparecieron cogidos de la mano como si entre ellos no hubiese pasado nada.

Margarita II de Dinamarca, mujer de carácter, se casó con el príncipe Henri de Monpezat en 1967. Tuvieron dos hijos, Federico y Joaquín. En los primeros años en su residencia del palacio de Christianborg, nada hacía presagiar que ese matrimonio no iba a ser precisamente idílico. Todo ello fomentado por su esposo quien, poco a poco, se sintió como un extraño en la Corte, sin un papel definido, el de príncipe consorte, que no aceptó años después de la boda ni ese título ni cuantas obligaciones le acarreaban. Pretendía que su esposa, la Reina, lo declarara también Rey. Soberbio, inadaptado al papel que el destino le había preparado, abandonó la Corte en algunas ocasiones, refugiándose en el castillo de su familia en Francia. Sufría una obsesión permanente que lo llevó a padecer neurosis, depresión. Murió a consecuencia, entre otros males, de problemas mentales, en 1967. Margarita nunca quiso romper las leyes protocolarias para conceder a su esposo lo que ilegalmente pretendía.

Tanto Federico como Joaquín, sus hijos, le han acarreado no pocos problemas. El benjamín, envidioso al no tener los mismos privilegios que su hermano. Y éste, el heredero, siendo irresponsable. Empezando porque sostenía que la idea de suceder a su madre en el trono le intimidaba. A punto estuvo de que el Parlamento danés le relevara de sus derechos dinásticos, cuando cometió uno de sus constantes escándalos. Frecuentaba amistades femeninas impropias de su condición. En los años 90 fue detenido junto a la modelo Malou Aamund, que conducía un coche borracha. En esa Nochevieja de 1992 acabaron en una comisaría, hasta que se les pasó la euforia etílica. Los periódicos informaron de aquel suceso. No fue el único que protagonizó el príncipe, mujeriego, parrandero, que tuvo varios romances inadecuados dado quién era. Dos años le duró su íntima amistad con otra modelo, Katja Storkholm. En 1999 su amante era la estudiante María Montell. No le importaba a Federico realizar actividades no siempre apropiadas: fue Dj. en algunas discotecas, se hizo tatuar varias partes de su cuerpo, participó en maratones y en una expedición con trineo en Groenlandia, lo que le exponía a algún posible accidente. Apenas se le conocían lecturas o actividades culturales. Desde luego, como algo positivo, aportaba su afición deportiva a la natación, al ciclismo… Precisamente su asistencia a los Juegos Olímpicos de Sidney del año 2000 le iba a deparar una sorpresa que iba a cambiar su vida.

Sucedió que durante el tiempo que duró su estancia en aquellas tierras conoció a una abogada australiana de la que se enamoró en seguida. Era Mary Donaldson. Dos años más tarde contraían matrimonio en la catedral de Copenhague. Cuatro hijos han tenido: Christian, Isabella y los mellizos Vincent y Josephine. En el inmediato futuro, es de esperar que, proclamado Rey como Federico X cumpla dignamente junto a la Reina Mary cuanto le obliga en el trono danés.

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