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Dos buenos libros para mejorar como fotógrafos

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Michael Freeman es, sin duda, uno de los más reputados escritores de fotografía del mundo y no pocas de sus obras justifican y explican este prestigio, así que cuando encontré en la pasada Feria del Libro dos (casi) novedades pensé inmediatamente en reseñarlas para los lectores de este blog, en el que como ustedes saben también se habla de fotografía.

La primera de ellas es 101 Consejos de Fotografía Digital, un libro cuyo título promete un contenido eminentemente práctico (por cierto, el prestigio de Freeman del que hablábamos en el anterior párrafo es tal que el título original es algo así como "Los 101 mejores trucos de fotografía digital de Michael Freeman") y desde luego lo es, aunque quizá no tanto como uno podría esperar.

Vaya por delante aclarar que me parece un libro recomendable y una inversión más que razonable para aprender de fotografía, pero tiene algunos pequeños defectos que hacen que no sea completamente redondo: el primero a causa del propio formato y de las exigencias que tiene una propuesta como esta: encontrar 101 consejos y no 100 o 98, hace que se fuerce la máquina y que se incluyan algunas cosas, digamos, prescindibles.

Por otro lado, encontrar tanto truco también lleva a algo que puede verse como un defecto o como una virtud: hay cosas bastante básicas (eso no quiere decir que carentes de interés) y otras realmente avanzadas, por lo que ningún perfil de fotógrafo podrá aprovechar todo el contenido del libro, si vemos la botella medio llena, o será interesante para aficionados de cualquier nivel, si la vemos medio vacía.

Estas consideraciones no hacen, insisto, que el conjunto del libro no valga la pena y sea como digo una compra muy rentable: el dinero que usted se gaste en él le hará, sin duda, aprender algo más de fotografía.

La composición, ese difícil arte

Me ha gustado mucho más el segundo de los libros que hoy quiero presentarles, El ojo del fotógrafo, una obra dedicada a un concepto tan difuso y difícil como la composición, es decir, la forma de ordenar (o desordenar si es el caso) los distintos elementos que componen una imagen.

La composición es una cuestión compleja: las normas sobre el tema son pocas, siempre están bajo discusión (tan legítimo es seguirlas como romperlas si se hace bien) y no es fácil aplicarlas a algo como la fotografía en lo que trabajamos casi siempre con el material que nos da la realidad y donde tenemos que tomar decisiones en décimas de segundo. En definitiva, no resulta sencillo aplicar una serie de "mandamientos compositivos" y, menos todavía, aprenderlos de un libro.

Sin embargo Freeman enfoca realmente bien el asunto: en primer lugar porque asume que sus consejos al respecto no son normas sagradas, en segundo porque a las explicaciones y reflexiones teóricas de cierta profundidad y no poca enjundia une toda una avalancha de gráficos e imágenes explicativas que son realmente útiles.

En este sentido, creo que todos los lectores agradecerán, por ejemplo, las series fotográficas que se incluyen y con las que se narra como el propio Freeman se ha ido acercando a un sujeto y haciendo varias fotos sobre él hasta dar con la imagen definitiva, describiendo y documentando las diferentes decisiones tomadas para extraer lo mejor de un determinado motivo: un monje budista en una estación de Tokio, un campesino en un campo de arroz, un molino de viento...

Si del anterior decíamos que podía ser útil para cualquier tipo de fotógrafo en este caso hay que aclarar que sólo será práctico para aficionados que ya tengan cierto nivel y una capacidad técnica que les permita concentrar sus esfuerzos mentales en estos aspectos compositivos.

Pero a estos aficionados les será, al menos en mi opinión, extraordinariamente útil, pues ofrece una posibilidad real de avanzar en un momento en el que, ya disponen de un cierto bagaje en los rudimentos técnicos y sus fotografías son correctas técnicamente, pero que quizá encuentran que "les falta algo", que no llegan a ser tan "redondas" como esperan o desean.

Probablemente ese algo que falta es mejorar la composición y en El ojo del fotógrafo encontrarán muchas claves para hacerlo.

Por cierto, ambos están magníficamente editados por la Editorial Blume.

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