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El Real Zaragoza y su pérdida de control: anatomía de cuatro años de multipropiedad

El club vive atrapado entre la eterna promesa de modernización y la sensación de pérdida de control tanto a nivel deportivo como institucional.

El club vive atrapado entre la eterna promesa de modernización y la sensación de pérdida de control tanto a nivel deportivo como institucional.
EFE

Hay decisiones en el fútbol que se presentan como una solución y que, con el paso del tiempo, terminan convertidas en una pregunta abierta. El Real Zaragoza es hoy uno de los mejores ejemplos en España de ese dilema contemporáneo que divide a directivos, analistas y aficionados: la multipropiedad en el fútbol, ¿es un modelo de estabilidad o una forma sofisticada de dependencia?

Cuatro años después de la llegada de los nuevos propietarios al club aragonés —con Jorge Mas a la cabeza—, el balance sigue generando más interrogantes que certezas. El Zaragoza, una entidad histórica del fútbol español con títulos nacionales e internacionales en su palmarés, continúa arrastrando las consecuencias de una etapa anterior marcada por la gestión de Agapito Iglesias, cuyos errores deportivos y económicos llevaron al club a una situación límite, con un concurso de acreedores y una deuda que llegó a alcanzar los 146 millones de euros.

Hoy, según las cifras que aún condicionan el día a día del club, la deuda pendiente sigue siendo muy relevante —cercana a los 40 millones en distintos compromisos— y continúa actuando como un lastre estructural en la planificación deportiva y financiera de la entidad.

La herencia de la deuda y la promesa de un nuevo modelo

La llegada del grupo inversor liderado por Jorge Mas, a su vez dueño de un Inter Miami donde juega Leo Messi, se presentó en su momento como un punto de inflexión. El discurso inicial era claro: estabilidad financiera, orden institucional y retorno progresivo del Zaragoza al lugar que, por historia, parecía corresponderle en el fútbol español.

Sin embargo, antes incluso de esa transición, el club había sobrevivido gracias a un esfuerzo económico notable de su anterior estructura accionarial, con figuras como Cristian Lapetra y César Alierta, que impulsaron una reestructuración de la deuda que permitió evitar la desaparición del club y reducir su exposición financiera a la mitad en un plazo de ocho años.

Ese proceso, sin embargo, dejó al Real Zaragoza en una situación de fragilidad estructural que condicionó cualquier operación posterior.

Cambio silencioso en el control del club

La entrada del modelo de multipropiedad supuso algo más que un cambio de accionariado. Supuso, en términos prácticos, una transformación en la lógica de funcionamiento del club.

Según el análisis del investigador Luis Serrano Antón facilitado a Libertad Digital, el nuevo sistema alteró el centro de gravedad de la entidad: el objetivo dejó de estar exclusivamente en el rendimiento deportivo tradicional —ascensos, títulos, identidad de juego— para integrarse en una estructura global donde los clubes forman parte de una red de activos deportivos interconectados.

En ese esquema, los jugadores, entrenadores y decisiones estratégicas pueden circular entre distintos equipos de un mismo grupo, lo que introduce una lógica de gestión mucho más amplia... pero también más condicionada.

‘Un club dentro de una estructura global’

Desde la llegada de la nueva propiedad, el Real Zaragoza ha compartido dinámicas con otros clubes del ecosistema inversor, como el Inter Miami o el Atlético Ottawa, lo que ha generado una percepción creciente de pérdida de autonomía en algunas decisiones deportivas.

En este contexto, figuras como Mariano Aguilar han tenido un papel relevante en la estructura interna del club, influyendo en decisiones de mercado, cesiones de jugadores y perfiles técnicos. Bajo su influencia se han producido movimientos de futbolistas procedentes de otros clubes de la red, así como la llegada de entrenadores y directivos vinculados a ese mismo entorno.

Estas sinergias, habituales en modelos de multipropiedad, han sido vistas por algunos sectores como una ventaja competitiva. Por otros, como una limitación progresiva de la independencia deportiva del Zaragoza.

Promesas iniciales y realidad deportiva

Los primeros años del nuevo modelo estuvieron acompañados de un discurso optimista. Se prometió inversión, estabilidad y un retorno rápido a Primera División. Sin embargo, con el paso del tiempo, el contexto competitivo y económico ha ido imponiendo sus propias reglas.

Las restricciones de LaLiga, el control del límite salarial y las sucesivas ventanas con restricciones de inscripción han condicionado la capacidad del club para fichar con libertad. En algunas temporadas, el Zaragoza ha tenido que vender antes de comprar o directamente ajustar su plantilla sin apenas margen de maniobra.

La consecuencia ha sido una planificación deportiva irregular, con cambios continuos en la dirección deportiva y dificultades para consolidar un proyecto estable.

El impacto en la estructura deportiva

Uno de los puntos más sensibles del análisis es la relación entre el primer equipo y la cantera. Según el documento de Serrano Antón, la incorporación de jugadores procedentes del sistema de multipropiedad habría limitado en algunos momentos la progresión natural de futbolistas formados en la Ciudad Deportiva.

Este aspecto conecta directamente con otro de los problemas recurrentes del club: la fuga de talento joven hacia otros equipos, atraídos por mejores condiciones deportivas o estructurales.

La situación de la Ciudad Deportiva, descrita en el texto base como deteriorada en algunos aspectos de mantenimiento, se convierte en este contexto en un símbolo más amplio: el de una estructura formativa que no termina de ofrecer el entorno competitivo adecuado para retener talento.

El peso de la Nueva Romareda y la tensión financiera

A los problemas deportivos se suma un elemento estructural de enorme impacto: la construcción de la Nueva Romareda.

El proyecto ha obligado al club a asumir un estadio provisional con un coste superior a los 15 millones de euros, compartido entre el Ayuntamiento, la Diputación General de Aragón (DGA) y el propio Real Zaragoza. La presión financiera derivada de esta inversión ha generado tensiones de liquidez, hasta el punto de que el club ha tenido que renegociar su participación en la sociedad que gestiona el proyecto, reduciendo su peso —del 33 % al 25 %—.

Incluso así, se han producido retrasos en pagos comprometidos, lo que refleja un problema recurrente en la tesorería del club.

Un modelo en discusión permanente

El debate sobre la multipropiedad no es exclusivo del Real Zaragoza, pero el caso de la entidad aragonesa se ha convertido en uno de los más visibles en España por la combinación de historia, masa social y expectativas deportivas.

Los defensores del modelo argumentan que permite acceso a recursos, estructura global y estabilidad financiera en entornos cada vez más exigentes. Sus críticos, en cambio, señalan que introduce una dependencia estratégica que puede diluir la identidad del club y condicionar sus decisiones deportivas a intereses externos.

El propio presente del Zaragoza parece moverse en esa tensión constante: entre la necesidad de estabilidad económica y la aspiración de recuperar una identidad deportiva propia.

Debate sin cierre

Hoy, el Real Zaragoza sigue buscando el equilibrio entre pasado y futuro. Entre una deuda que no ha desaparecido del todo, una estructura global que condiciona parte de sus decisiones y una afición que exige algo más que supervivencia.

El modelo de multipropiedad, lejos de cerrar el debate, lo ha ampliado. Y en ese escenario, la pregunta inicial sigue sin respuesta definitiva: ¿es este el camino correcto para reconstruir un club histórico o simplemente una nueva forma de posponer sus problemas estructurales?

El tiempo, como casi siempre en el fútbol, acabará teniendo la última palabra.

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