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Mas sale 'vivo' de la Moncloa y con una oferta de diálogo

El presidente catalán teme que el caso Pujol le afecte judicialmente y quiere aparantar espíritu dialogante sin renunciar al referéndum separatista.

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Todavía en estado de choque, muy perjudicado por la resaca de la confesión de Pujol y la traición a Cataluña de su padre político, Artur Mas ha salido indemne de su encuentro con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Según la versión catalana de la cumbre, Rajoy ha dejado una puerta abierta a la negociación de nada menos que 23 reivindicaciones históricas, un memorial de agravios para taponar la bancarrota de la administración autonómica.

Mas ha intentado aparentar naturalidad en su comparecencia en la librería Blanquerna, el centro de la Generalidad en Madrid que se conoce en los círculos nacionalistas como "la embajada". Ha admitido toda clase de preguntas pero no se ha salido del guión preestablecido. La consulta es innegociable y la consulta se hará. El matiz distintivo es que por primera vez desde que empezaran las amenazas separatistas, en la Diada de 2012, Mas afirma que la contraparte también está dispuesta al diálogo, aunque no de la consulta.

Como si no hubiera pasado nada, como si la Generalidad, CiU y el bloque separatista no hubieran llevado la tensión hasta máximos históricos en los últimos meses, como si Pujol no hubiera admitido que todo era mentira, Mas se ha reunido con Rajoy y lo primero que ha dicho es que "se ha abierto un clima de diálogo", que le ha entregado a Rajoy un documento con 23 temas, "que no son de la consulta ni del derecho a decidir", matizó Mas y que en lo de la consulta no hay acuerdo.

Mucho diálogo, una luz al final del túnel y una muestra más de la habilidad negociadora de Mas es el resumen catalán de un encuentro en el que, no obstante, Mas ha vuelto a incidir en la "mayoría social y política" que está detrás del referéndum separatista, en una nada velada alusión al funcionariado hipermovilizado de la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Ha sido la de Mas una comparecencia en la que ha pretendido mostrar espontaneidad y un perfecto equilibrio en el uso del español y el catalán, una apariencia de tolerancia frente a la inflexibilidad de su planteamiento sobre la consulta. Aires de teórica serenidad en medio de la tempestad desatada por la confesión de Pujol, que por sí misma podría justificar un rosario de dimisiones en el seno de CiU, de CDC y de la Generalidad, salvo que se pretenda que el expolio del que se habla ahora se llevó a cabo sin cómplices ni colaboradores.

En algunos medios se especuló con la posibilidad de que Mas anunciara elecciones anticipadas ante el bloqueo de la consulta, pero las derivadas judiciales que implica el comunicado de Pujol del pasado viernes han modificado un tanto la "hoja de ruta" de CiU, consciente de que unas elecciones anticipadas presentan el riesgo de una victoria abrumadora de ERC. Esa inquietud también está muy presente en el PSOE y en el Gobierno y sería la razón de fondo de la mano tendida de Rajoy a Mas, que gana tiempo para gestionar la crisis de apariencia terminal de CiU, el caso Pujol, y se mantiene dentro del círculo de fuego marcado por ERC. La resistencia formal de Mas a mover pieza o aceptar las salidas que se le ofrecen se debe al temor instalado en Convergència de que el panorama judicial de los Pujol tendrá réplicas en los colaboradores habituales de Pujol en sus tiempos de muy honorable en ejercicio. Entonces Mas era su segundo.

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