
Ladrido a Vivas
La mal llamada ley de nietos, con desubicados con derecho a voto que alegan que su abuelito huyó de Franco en 1930, es una muestra de hasta dónde está dispuesto a llegar el sanchismo para apalancarse en el poder. Pero es que además hay que contar con la masa electoral del PSOE y sus aledaños. Hay mucha gente en el lado sanchista del muro que levantó el líder socialista como principio de la legislatura y muchos medios prestos a manipular la realidad. Llamar a la invasión de Ceuta "crisis migratoria" o "crisis humanitaria" es un ejemplo palmario cuando hasta en el Parlamento Europeo se considera un "ataque de guerra híbrida".
Hay mucho miedo en el PSOE de las joyas de Zapatero y de la sumisión ante Marruecos, la formación con más y mejores lacayos de Mohamed VI. El partido está a un paso de la imputación como organización criminal. Y eso sólo en relación a sus finanzas. El negro panorama judicial es lo que provoca la agresividad de ministros como Félix Bolaños u Óscar Puente, lanzados como fieras contra jueces, empresarios, adversarios políticos, periodistas y simples ciudadanos opuestos a sus atropellos.
Puente, por ejemplo, se maneja en las redes sociales como un desquiciado macarra de la peor especie que parece buscar el enfrentamiento físico con sus insultos y provocaciones. Digno representante de la gran tradición guerracivilista del PSOE, la agresividad de Puente debe ser fruto del pavor al banquillo. No de otro modo se explica que el titular de la cartera de la tragedia de Adamuz, 46 muertos, parezca dispuesto a llegar a las manos con todo aquel que le lleve la contraria.
Comportamientos como los referidos son cada vez más habituales en un partido y un Gobierno que se encuentran muy cómodos en la crispación, el barro y la bronca, escenarios que realzan "virtudes" como la manipulación y el victimismo. El comodín constante del franquismo como principio y final de todo debate político resume el espacio socialista. Los disparates de los presentadores y tertulianos de la televisión que pagamos todos los españoles muestran el irreversible deterioro de la función intelectual de la izquierda. Les mueve el odio, ignoran la realidad, huyen de la razón.
Que van al choque es tan evidente como que el PP y Vox tratan de evitarlo y aún se manejan por los conductos reglamentarios, pasando por alto las provocaciones de Sánchez y sus palmeros. El personaje ya había pasado a la historia por sentencias como "yo estoy bien", "si quieren ayuda que la pidan", "son las cinco y no he comido" y "tengo derecho al descanso", esta última tras tirarse un mes a la bartola en La Mareta mientras Marruecos convertía Ceuta en un vertedero. Pues quien pensara que había tocado techo estaba muy equivocado. Preguntado en los pasillos del Congreso por los menores que vagan por las calles de Ceuta, Sánchez ha respondido con un "eso, a Vivas" que revienta los termómetros de inmoralidad e indecencia.
Imputar al alcalde de una ciudad de ochenta mil habitantes los efectos de la invasión marroquí, responsabilizar a una autoridad local del colapso fronterizo provocado por tu propia incompetencia o por la traición, tratar de atribuir a ese concreto cargo las culpas de los sufrimientos de los ceutíes era algo imposible de prever. Ni siquiera Sánchez podía atreverse a tanto. Pues sí, se ha atrevido. El caniche del sultán se ha superado. Otra vez. Y está haciendo todo lo posible –y todo es todo– para perpetuarse en el poder. Arrastrarse ante Mohamed VI es lo de menos desde que se retrató con el sultán y una bandera de España con el escudo boca abajo.