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Javier Somalo

Una mentira sobre los gallegos

Sin duda PSOE es BNG, Besteiro es Pontón y socialismo es separatismo con todas sus dramáticas consecuencias.

Sin duda PSOE es BNG, Besteiro es Pontón y socialismo es separatismo con todas sus dramáticas consecuencias.
Ana Pontón (BNG) y Gómez Besteiro (PSdGa) en el debate de las elecciones gallegas de 2024 | Europa Press

El PSOE ya admite abiertamente que trabaja para el BNG en Galicia. A pocos sorprende. Es lo que hace en Madrid con la multinacional del separatismo que permite a Pedro Sánchez retener el gobierno que no consiguió en las urnas.

BNG, Bildu y ERC son coalición en las próximas elecciones europeas, así que era lógico que este PSOE añadiera a su hipoteca al partido de Ana Pontón, única vía para estar cerca del poder en Galicia. Porque el PSOE ya ni gana ni gobierna, sólo se arrima obscenamente al poder. Sin duda PSOE es BNG, Besteiro es Pontón y socialismo es separatismo con todas sus dramáticas consecuencias.

La estrategia del bumerán improvisada en Ferraz contra el PP gracias al innecesario tropiezo por la amnistía no debería impedir que los votantes gallegos sepan lo que les espera, de verdad, si el BNG toca poder: desigualdad, persecución y pobreza. Y que su dinero se destine a costear otro proceso de independencia como el catalán o como el venidero vasco. Prometan lo que prometan, incluso aunque mientan y se disfracen de cordero como hace la loba Pontón ante los empresarios, el punto único del programa del BNG —y del pólipo socialista que le ha brotado— es la independencia, por supuesto bajo un férreo régimen de extrema izquierda.

Contra las acusaciones de exageración me remito a lo sucedido en Cataluña, sobre todo desde 2107, y al lamentable y violento viaje golpista que hasta tiene fonda en el Kremlin de Putin. O véase la relación directa entre Bildu y el BNG: Pernando Barrena, veterano líder de las tapaderas políticas de ETA y detenido en 1985 como integrante de un grupo de ETA, o sea pistolero, es ahora asesor de Ana Miranda (BNG) en el Parlamento Europeo y será cabeza de Bildu en el tripartito de coalición con el propio BNG y ERC en los comicios europeos de junio.

¿Y todo esto qué les importa a los gallegos? Cuántas veces habremos oído esta indocumentada queja seguida siempre de esa osadía pseudo-sociológica de creerse conocedor de lo que realmente les interesa. Y en este caso, es lo de siempre: el empleo, la sanidad, los impuestos, las carreteras… Y todo lo demás es sacar a la tranquila tribu al claro, donde se siente incómoda, ajena y desprotegida. Es convertir una confortable campaña regional en una lucha política nacional que sólo interesa, por lo visto, a los que no estamos llamados a votar este domingo 18 de febrero.

Entonces a un gallego le da lo mismo que su presidente —el que preside, sea él o ella— quiera violar la Constitución para declarar la independencia, perseguir a jueces no adeptos o fundar una simpática dictadura con arraigo galaico. Pues si funciona la llamada al voto anti-PP le va a tocar sufrirlo y además pagar más impuestos por menos servicios y peores carreteras porque su dinero irá destinado a una causa distinta que, según los tertulianos todólogos, no le importaba.

Prueba de que a los gallegos les debe importar y mucho la política nacional es la enorme expectación que las elecciones gallegas han levantado en toda España. El separatismo es, por lógica, un problema nacional generado desde un ámbito regional. Pretender que los procesos son impermeables es una insensatez, máxime habiendo visto cómo el golpismo catalán ha bebido del terrorismo separatista vasco formando ya un frente común que amenaza muy gravemente a España y a Europa.

Que Galicia resista al golpismo independentista es crucial para gallegos y no gallegos. Y en Galicia sólo pueden gobernar Alfonso Rueda o Ana Pontón. El PSOE, autoexcluido por inoperancia, quiere que el voto al BNG sea anti-PP sin necesidad de ser nacionalista. A Vox parece que le vale cualquier cosa que moleste al PP. Y todavía algunos pretendían que los que votan este domingo no miraran más allá de Galicia. Como si las desgracias nacionales no fueran con ellos.

Yo creo que a los gallegos de bien sí les importa que su voto nos importe a todos los españoles.

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