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EDITORIAL

Sánchez rompe con Argentina antes que dar explicaciones sobre su esposa

En lugar de sobreactuar ante las palabras de Milei con una reacción cuasi prebélica, lo que tiene que hacer Sánchez es dar explicaciones.

Si la llamada a consultas "sine die" de la embajadora española en Buenos Aires ya nos pareció una respuesta ridículamente desproporcionada a la escasamente diplomática referencia del presidente argentino Javier Milei a los casos de corrupción que presuntamente salpican a la esposa del presidente del gobierno español, la decisión del Gobierno español de retirar definitivamente a la máxima representante de nuestro país en Argentina y amenazar con vetar la entrada del presidente argentino en España, prevista para junio, constituye una patológica confusión entre los que son los intereses personales de Pedro Sánchez y lo que son el sentido de Estado y los intereses nacionales de España. Téngase en cuenta que es la primera vez desde 1860 que no va a haber embajador español en Argentina y que, a la postre, no fue Milei, sino Pedro Sánchez y algunos de sus ministros los que, desde el principio, iniciaron esta crisis diplomática con todo tipo de insultos y descalificaciones hacia el nuevo presidente del gobierno argentino al que ni felicitaron ni enviaron delegación alguna en su nombramiento.

Y es que, menos diplomáticas aun y mucho más infundadas que las referencias de Milei a Begoña Gómez —ciertamente investigada por el Juzgado de Instrucción nº 41 de Madrid por un presunto delito de tráfico de influencias—, fueron las palabras de Pedro Sánchez y sus ministros en las que acusaban a Milei de "ultraderechista", de "negacionista" o de ser "una amenaza para la democracia" además de insinuar que se drogaba.

En lugar de sobreactuar ante las palabras de Milei con una reacción cuasi prebélica —Sánchez no retiró al embajador de España en Moscú ni siquiera tras la invasión rusa de Ucrania—, lo que tiene que hacer el presidente del gobierno es dar explicaciones sobre las informaciones por las que su esposa está siendo investigada e informar de, paso, de quien es el autor de la filtración a El País de un informe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) sobre su esposa en la que provisionalmente no se aprecian indicios de delito.

A este respecto hacen bien los abogados del Sindicato Manos Limpias en solicitar al Juzgado que proceda a la apertura de una pieza separada con objeto de identificar a la persona o personas que han procedido a la filtración de un documento que —se supone— está bajo secreto del sumario. Y es que lo que ha dicho Milei de Begoña Gómez habrá sido casi tan poco diplomático como lo que antes dijeron de él Pedro Sánchez y sus ministros. Pero no es un delito, cosa que sí que es hacer filtraciones de lo que está bajo secreto de sumario.

Así las cosas, ya podrá Sánchez creer que esta delictiva filtración o esta injustificada crisis diplomática sin precedentes con Argentina le va a venir bien electoralmente o le va a evitar tener que hablar —o que se hable— del presunto tráfico de influencias por la que está siendo investigada su mujer. Pero lo cierto es que todo este asunto se le puede volver en contra como un boomerang tanto informativa como electoralmente.

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