
Estamos en guerra, pero el enemigo quiere que pensemos con la lógica del apaciguamiento
Occidente está en guerra. El modo de vida que conocemos, basado en la democracia, el gobierno limitado, el Derecho natural, la libertad individual y la propiedad privada se defiende de un enemigo fanático que busca la aniquilación con saña y desbocamiento de las más elementales convenciones morales. EEUU está en guerra. Reino Unido, Ucrania, Polonia, Chequia, El Salvador, Japón, Australia y el resto de la coalición occidental están en guerra. España está en guerra. El Ejército vigila el ferrocarril y las centrales nucleares porque estamos en guerra y la cobarde táctica del enemigo consiste en llenar de pavor y muerte la vida cotidiana de la gente. Tenemos miedo, viajamos con miedo en el tren o en el metro, subimos a un avión con miedo o vamos de compras con miedo porque estamos en guerra y el enemigo intentará atacarnos cuando usemos las ventajas de nuestro modo de vida, que es –hay que insistir en ello– su verdadero objetivo. Nuestros soldados y nuestros espías, como los del resto de la Coalición, pueden caer heridos o morir, porque estamos en guerra y ellos están defendiendo nuestra seguridad, la de nuestros hijos y la de la generación futura.
Los periodistas que viajan voluntariamente al frente saben –o deberían saber– que pueden morir o ser secuestrados, porque se trata de una guerra. No están allí para recusar a Occidente, sino para decir la verdad en su contexto. En eso consiste el trabajo del periodista: en relacionar los hechos con lo que los rodea. Y lo que rodea y explica la crueldad, el error, la extralimitación o la fatalidad es la guerra. Si no se comprende y se cuenta que estamos en guerra y que no hay alternativa a esta guerra, que se libra por la supervivencia de la civilización, nada de lo que transmitan podrá ser verdadero. Quizá sea cierto, pero no verdadero. Y la verdad de fondo, la palpitante y esencial verdad que casi ninguno de ellos cuenta, es que ese sistema de vida que les permite viajar, usar una tecnología sofisticada y carísima, moverse y expresarse con libertad, todo eso está amenazado y por defenderlo es por lo que se está en guerra.
Es necesario recordar la evidencia, ahora que el terrorífico enemigo utiliza nuestra libertad para sembrar la discordia y el miedo. El escalofriante y siniestro vídeo de los japoneses secuestrados, al igual que el que grabaron los genocidas del 11-M una semana antes de suicidarse en Leganés, representa quizá el arma más letal de los terroristas. Su propaganda se difunde por los canales de la libertad de Occidente y tiene un efecto devastador. Las manifestaciones, en Leganés y en Tokio, piden directamente nuestra rendición. Hay que ceder al chantaje, retirar las tropas. Dadles lo que piden, grita el alcalde de Leganés, la futura vicepresidenta del Gobierno, el secretario de Organización del PSOE. El primer ministro japonés ha dicho no, pero, ¿cuánto tiempo podrá resistir la presión popular? Occidente debe replantearse su táctica en la guerra de la propaganda, si es preciso, limitando la difusión de los documentos que sirven directamente a la estrategia del enemigo. Mientras las opiniones públicas no adopten la perspectiva de la guerra y piensen con la lógica de la guerra, el enemigo nos tendrá contra las cuerdas.
Otros blogs
- El blog de Regina Otaola
- Presente y pasado
- Más allá de la Taifa
- Made in USA
- Lucrecio
- LD Lidia
- La sátira
- Iberian Notes
- Blogoscopio
- Conectados
- Confesiones de un cinépata
- Crónicas murcianas
- Democracia en América
- Diego Sánchez de la Cruz
- Los enigmas del 11M
- El penúltimo raulista vivo
- Almanaque de la Historia de España
- Atlética Legión
- Blog Appétit!
- Seriemente
- Cara B
- In Memoriam
- Adiós, ladrillo, adiós
- Procesos de aprendizaje
- LD Libros
- Tirando a Fallar
- ¡Arráncalo, por Dios!
- Alaska & Mario
- El blog de Federico
- Artículos de viaje