
PSOE: cuanto peor, mejor
El PSOE llegó al poder gracias a la criminal agitación callejera incitada por los altavoces de Telecinco y el multimedia de Prisa. La experiencia histórica demuestra que el partido de Pablo Iglesias no sabe ganar de otra manera. Primero incendia la sociedad, las instituciones, las leyes y lo que haga falta, y una vez en el mando, se ofrece como bombero. Aplicaron este método en 1934, lo rescataron en el 82, lo intentaron en el 2000 y en las autonómicas del pasado año 2003, y han vuelto a practicarlo entre el 11 y el 14 de marzo pasados. Dependen del radicalismo para asaltar las instituciones, pero, una vez en ellas, presumen demagógicamente de moderación, diálogo, talante conciliador.
Es difícil imaginar un modo más eficaz y, a la vez, deshonesto, de postularse para el poder. Puro realismo hobbesiano, es decir, la política como máquina de imposturas, lo contrario del idealismo kantiano del que dicen que proviene la tradición socialista y cuya invocación no es más que otra muestra más de su esencial impostura. Pero lo que desconoce esta generación es que el PSOE también es capaz de radicalizarse desde el poder, si las condiciones ambientales lo aconsejan para conservarlo. Lo sabe, sí, la generación que sufrió la demencia megalómana, atracadora y genocida de Negrín. Saben que el PSOE es capaz de demoler la Ciudad entera si con ello evitan ser desalojados por la democrática alternancia.
Las viles insidias del ministro del Interior sobre la competencia del anterior Gobierno en la lucha antiterrorista; la utilización inescrupulosa del Ejército retirado de Irak como agente electoral; el cinismo cainita de acusar al PP de no prestar atención a la amenaza islamista, obviando el desprecio y la burla con que comentaron, en su día, las detenciones de asesinos fundamentalistas por el anterior Gobierno; el antiamericanismo provinciano y exaltado del ministro de Exteriores y del presidente del Gobierno: todo este desafuero jacobino será una novedad para los jóvenes que se movilizaron el pasado 14-M y volcaron las Elecciones. Es probable que lo vean como una actitud saludable y regeneradora, y que, en consecuencia, se animen a votar de nuevo al PSOE el próximo 13 de junio. Desde luego, los socialistas están cultivando cuidadosamente esa incauta ignorancia de los desastres infligidos a generaciones anteriores de españoles. Para ellos, hoy como ayer: cuanto peor, mejor.
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