
Rojo y en botella
Si un ministro de asuntos exteriores español lleva la política que conviene a Francia, tanto en Irak como en Bruselas, hasta el extremo de alabar públicamente los vinos franceses por encima de los españoles, ¿no cabría llegar a la conclusión de que debería ejercer ese cargo en el país vecino y no en el que dice representar? Si acusar falsamente a su país de apoyar un golpe de estado no fuera suficiente, esta nueva trastada debiera llevar a su destitución fulminante. Claro que, si el Plan Ibarreche no es suficiente para levantar de su siesta a ZP, es dudoso que desprestigiar a un importante sector de la economía vaya a preocupar a nuestro presidente.
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