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Un GEO en la SER

El sábado por la noche en Leganés, los terroristas sólo barajaban dos salidas: la huida o el suicidio. Probablemente esta segunda vía, por la que optaron, no responda tanto al fundamentalismo –en Atocha las mochilas explotaron solas– como a la vieja consigna de los espías que mordían una cápsula de cianuro si eran capturados. Su detención significaría el fin del plan y una posible cadena de arrestos. Eso sí, la técnica del cianuro sólo mata al interesado mientras que el cinturón bomba, de paso, asesina al que pille por medio además de provocar el pánico entre la población.
 
Quizá un atracador como el del Banco Popular de Alicante atienda a negociaciones –un gramo de heroína, un bocadillo de jamón, una moto– antes de tirar de la anilla de una granada de mano. Quizá hasta un etarra –cuando los detienen siempre gritan "¡Somos de ETA!"– suelte el arma si se ve rodeado por la Policía. Luego sólo tiene que denunciar torturas y con no demasiada suerte, se le aplicarán medidas penitenciarias que acabarán en un tercer grado.
 
Lo que todo el mundo sabe, y los GEO mejor que nadie, es que en Leganés podía aventurarse cualquier desenlace menos el de la negociación. La supuesta denuncia de un agente con la voz procesada en la cadena SER no tiene otro objetivo que el de volver a poner a duda al Gobierno del PP. Dice el anónimo que tenían que haber esperado, cortarles la luz, el agua y probar a sacarles de la madriguera con gas. Hasta recuerda un caso –"en Inglaterra"–­ en el que la Policía estuvo una semana negociando. ¿De veras piensa un GEO que estos terroristas habrían sucumbido a la oscuridad, la sed o la asfixia? ¿Cree este supuesto GEO que se habrían desabrochado los cinturones bomba? O quizá, cansados por el acoso, hubieran volado la manzana completa, matando a todo el que estuviera a menos de 50 metros...

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