Menú
Cristina Losada

Caudillos y espadas de izquierdas

Los mismos que rechazan y ridiculizan los símbolos nacionales de su país, resulta que exigen respeto absoluto por una espada del llamado Libertador.

Los mismos que rechazan y ridiculizan los símbolos nacionales de su país, resulta que exigen respeto absoluto por una espada del llamado Libertador.
Los fundadores de Podemos. | Cordon Press

Se dijo, y de eso hace tiempo, que de haberse pintado en la frente la bandera de España, el partido Podemos hubiera ganado las elecciones. Yo no participé de esa opinión entonces ni participo ahora. En cualquier caso, era imposible. El travestismo podemita, su capacidad de enmascaramiento con el fin de prosperar electoralmente, tenía ahí un claro límite. Un límite infranqueable trazado por los prejuicios que comparte toda la izquierda radical y buena parte de la menos radical hacia el hecho español, realidad que no entienden ni aceptan y que les provoca una repulsión irreprimible. Y no porque sean internacionalistas: ése era el refugio, y precario, de una izquierda antigua, no de ésta.

Su repulsión por los símbolos de la nación española y las instituciones que la representan, como la Corona, es conocida y manifiesta, y contrasta con la rendida admiración que profesan a simbologías nacionales y nacionalistas que cultivan regímenes con los que mantienen algo más que una buena amistad. El ejemplo último y estridente es la histeria en la que han entrado a raíz del falso incidente por la actitud del Rey al paso de la espada de Bolívar. Los mismos que rechazan y ridiculizan los símbolos nacionales de su propio país, resulta que exigen respeto absoluto por una espada del llamado Libertador –también apodado el "Napoléon de las retiradas" por otro jefe militar al que ordenaría matar, según cuenta Karl Marx en un célebre artículo. Allí patriotas ardientes y aquí iconoclastas burlones. Qué trastorno.

El patriotismo bolivariano de Podemos tiene al aire bufonesco de sus modelos, que no son otros que los caudillos populistas sudamericanos a los que tanto quieren y a los que mucho deben: son sus padres. Nada tienen que ver los Iglesias, Monedero, Errejón y el resto de aquel núcleo germinal con la izquierda alternativa europea. Una y otra vez se demuestra, y ellos mismos muestran, dónde están sus referencias políticas y dónde los regímenes y líderes que admiran. No miran ni imitan a la Francia Insumisa de Mélenchon ni a los Verdes alemanes. Tampoco a la Syriza griega, pese a aquellos intentos de amigarse. La tradición política que les sube la adrenalina es la de los caudillos y militares golpistas que han pisoteado todo brote de democracia liberal en tantos países sudamericanos. Los adoran como se adora a un ídolo, siempre, claro está, que destrocen sus países en nombre del pueblo, del socialismo y del indigenismo.

Lo malo es que no puede decirse que esta perniciosa adoración empezara con Podemos. Hay un hilo, y parece un hilo conductor, que parte de las amistades de Felipe González con dictadores como Omar Torrijos, pasa por las de Zapatero con los Kirchner y Evo Morales, y termina en los amores podemitas por el difunto Chávez, su sucesor Maduro, Correa, el kirchnerismo (que está en todo), y más recientemente, el chileno Boric y el colombiano Petro. Pese a sus constantes proclamas europeístas, el PSOE ha tenido querencia por los caudillos populistas sudamericanos, y la ha tenido, obviamente, antes de que llegara Podemos. Es una querencia que tienen en común, mira tú por donde. Y es significativo y preocupante que estén mucho más a gusto con caudillos y golpistas de Sudamérica que con los líderes de las democracias liberales de Europa.

Temas

En Opinión

    0
    comentarios

    Servicios

    • YoQuieroUno
    • Radarbot
    • Hipoteca
    • Masajeador