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Tribalismos y el PP

Las pulsiones con las que ha topado el Partido Popular por su candidata en Barcelona las estimula y explota el propio PP allí donde le conviene.

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El presidente de Galicia, Alberto Núñez-Feijóo. | EFE.

A Pablo Casado le preguntan por ello. Ya es el tema. El asunto que más interesa y ocupa, porque otros no debe de haber. Ese tema candente y políticamente crucial es que para encabezar la lista en Barcelona, el Partido Popular ha optado por una mujer "pese a ser madrileña y vivir en la capital del Estado" o a pesar de que "no vive ni trabaja en Catalunya", como así lo destaca, escandalizada, la escandalosa prensa nacionalista y lo chismorrea, entre líneas, la que no lo es pero como si lo fuera.

Vaya por Dios -aunque habría que invocar a los diosecillos de la tribu-, resulta que la designada no es natural de Barcelona ni de otra localidad catalana ni tiene residencia habitual allí ni habla catalán. Y si eso le parece un pecado mortal al nacionalismo, que es un provincianismo fatuo, sin ninguna de las ventajas provincianas pero con todos los inconvenientes, también molesta a los que transmiten el pulso local. "Es un enigma qué puede saber sobre negociados como la red de cercanías o de carreteras", decía la crónica de El País. No es broma. Está pasando.

Casado respondía: "Igual que Meritxell Batet vino de número dos por Madrid y nadie le pidió su pedigrí madrileño, creo que una persona como Cayetana Álvarez de Toledo, que vaya de número uno por Barcelona, nadie le tiene por qué preguntar sobre su catalanidad, sobre todo aquellos que quieren destruir Cataluña". Bien. El primero que preguntó, por decir así, fue un miembro destacado del PP. El barcelonés Santiago Fisas, eurodiputado desde 2009, que ha sido, entre otros cargos, consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid. De Madrid, pero es que allí no te piden el carné de madrileño.

Si hablamos de Barcelona, la cosa cambia. A Fisas le pareció, y lo hizo saber, "un desprecio a Cataluña y a la lengua catalana" que la candidata declarara que cuanto más dijeran que era "de fuera, no habla catalán, no tiene derecho a representarnos", más sentido tenía su candidatura. Se habla de malentendido. A ver si Fisas se quedó en los titulares torcidos. Pero lo de usar munición retórica típica del nacionalismo no hay manera de interpretarlo de forma distinta a lo que es.

No es sólo el nacionalismo, sin embargo. No es únicamente Fisas. No es éste o aquel. Ojalá fuera algo limitado, circunscrito, anecdótico. Pero las pulsiones con las que ha topado el Partido Popular por su candidata en Barcelona, las estimula y explota el propio PP allí donde puede y le conviene. En definitiva, en sus feudos, que es donde se enfunda el traje regional y alza fronteras entre los de fuera y los de dentro, los que son y los que no son. Allí tiende a apuntarse a erigir muros simbólicos y auténticos muros, como las barreras lingüísticas, y a la hora de la pugna electoral, mira el pedigrí que Casado dice que no hay que mirar. Allí dirá y, sobre todo, promoverá que se diga que los partidos y candidatos que no rinden culto al hecho diferencial son cuerpos extraños, ajenos e intrusos. Que no tienen sitio. Que por ser foráneos desconocen esa íntima realidad del país sólo accesible a los cultivadores de la diferencia. Y poco importará que la extranjería sea cierta o falsa. Porque lo que confiere carta de nacionalidad es la aceptación de la política diferencial.

Para entendernos sobre este reparto de carnés y pedigrís: en Cataluña, el Partido Popular es "forastero" para los nacionalistas, pero en Galicia, es el Partido Popular el que tacha de "forasteros" a partidos como Ciudadanos y, ahora, a Vox. Bien haría el PP en reflexionar sobre cómo los prejuicios y sesgos que alimenta en unos sitios, se utilizan en su contra en otros. Aunque creo que lo sabe perfectamente. Y, sabiéndolo, no lo deja de hacer. Qué me van a contar.

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