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Desmarcarse de verdad del PP y del PSOE

El tardío desmarque de Ciudadanos debe concretarse en hechos y en medidas concretas y coherentes.

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Mientras los voceros del Gobierno de Rajoy todavía tratan de vender una supuesta "vuelta a la normalidad" constitucional en Cataluña, el nuevo presidente de la Generalidad, el indeseable Quim Torra, reitera clara y públicamente su compromiso con la "República catalana", su "inquebrantable lealtad" a Carles Puigdemont y a su Gobierno destituido y a todo el ilegal proceso secesionista iniciado en Cataluña en 2012. Ni que decir tiene que Torra, como antes Puigdemont, no va a jurar la Constitución en su toma de posesión.

Por el contrario, fiel a ese "principio de restitución" que será la base de su Gobierno, según él mismo ha confesado, el indisimulado racista e hispanófobo al que se va a tolerar que presida la Generalidad no sólo rinde pleitesía a Puigdemont visitándolo en Berlín –visita que repetirá, como servil testaferro que es, "todas las veces que haga falta"–, sino que pretende que muchos de los exconsejeros golpistas y hasta el exjefe de los Mozos de Escuadra José Luis Trapero vuelvan a sus puestos.

El "principio de restitución" incluye además para Torra no sólo la reapertura de las embajadas catalanas en el extranjero o la contratación de los altos cargos de confianza destituidos, sino el fortalecimiento de todas las ilegales estructuras de Estado afectadas por la superficial y fugaz aplicación del artículo 155 de la Constitución. Eso, por no hablar de "impulso del proceso constituyente" que, según dijo en su discurso de investidura, "tiene que acabar en la propuesta de la Constitución de Cataluña".

Así las cosas, no es de extrañar que el indeseable Torra ya haya pedido a Rajoy que fije "día y hora" para levantar el 155 y "el control de las cuentas" de la Administración autonómica. Y es que, dado el proceso de ruptura en el que los nuevos gobernantes regionales pretenden seguir embarcados, no sólo será necesario que retomen inmediatamente el control de las cuentas, sino que el Gobierno de Rajoy les vuelva a ayudar a cuadrarlas con el Fondo de Liquidez Autonómica, tal y como tan vergonzosa como silenciadamente ya hizo durante las dos primeras fases del procés, que lideraran Artur Mas y Carles Puigdemont respectivamente.

El discurso del nuevo presidente de la Generalidad está tan abiertamente comprometido con el golpe de Estado que tanto Mariano Rajoy como Pedro Sánchez se han visto en la necesidad de silenciar lo de la "vuelta a la legalidad" y han tenido que acompañar su consensuada e irresponsable decisión de poner fin al 155 con el compromiso de volver a aplicarlo si Torras pasa de "las palabras a los hechos", así de vigilar, esta vez sí, las cuentas de la Generalidad.

No es de extrañar que de esa mal disimulada desidia e indolencia del PP y del PSOE se haya querido desmarcar el lider de Ciudadanos, Albert Rivera. Con todo, el tardío desmarque de Ciudadanos debe concretarse en hechos y en medidas concretas y coherentes, pues no hay que olvidar que las tres formaciones han sido compañeras de viaje en el disparate de no haber intervenido una Administración en rebeldía hasta cinco años después de haberse iniciado el proceso de ruptura. Eso, por no hablar del disparate todavía mayor que ha supuesto desvirtuar y reducir la aplicación del 155 a un mero mecanismo de convocatoria electoral, que, tal y como era previsible, no hizo otra cosa que restituir a los golpistas en el poder regional.

Para que el denostado oportunismo de Ciudadanos se convierta en algo verdaderamente oportuno; para que su no menos criticado electoralismo se convierta en un auténtico y encomiable compromiso electoral, el partido de Rivera debe dejar de ser –nada menos que junto al PNV– el sostén parlamentario de este Gobierno felón. Es necesario, además, que se comprometa de una vez a oponerse a todo auxilio financiero del FLA a la Generalidad mientras ésta siga en rebeldía; a no volver a invocar el 155 simplemente para convocar elecciones regionales; a defender abiertamente el derecho a estudiar en español sin desvirtuarlo con inmersiones trilingües; y a denunciar penalmente a los golpistas. Sólo entonces el desmarque de Ciudadanos será verdaderamente creíble.

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