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EDITORIAL

Emergencia nacional

Pedro Sánchez ha dejado ominosamente claro que, a día de hoy, él es la más grave amenaza para el orden constitucional y su régimen de libertades.

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Este sábado, en la sede de la soberanía nacional, Pedro Sánchez ha dejado ominosamente claro que, a día de hoy, él es la más grave amenaza para el orden constitucional y su régimen de libertades. Haciendo suyo el discurso, el lenguaje y las justificaciones de sus socios o más bien cómplices de ERC –incursos en un golpe de Estado que tiene por más reciente entrega la escandalosa ratificación del inhabilitado Quim Torra como presidente de la Generalidad por parte del Parlamento regional de Cataluña–, el indigno candidato socialista a la Presidencia del Gobierno se ha humillado ante los enemigos declarados de la Nación y perpetrado un discurso para regalar los oídos a los liberticidas de Podemos que hasta hace dos días le quitaban el sueño y afrentar a las formaciones del centro-derecha, cuyos representantes han estado a la altura de las circunstancias y vapuleado al Gran Felón, que está protagonizando una de las páginas más negras de la historia de la España democrática.

Así, al Sánchez que tenía la indecencia de proclamar que "no se va a romper España [ni] la Constitución" y que "se equivocan gravemente quienes ponen en duda el compromiso de la izquierda con España" –y que como los terroristas de ETA ayer y los separatistas catalanes hoy pide someter y amordazar a la Justicia para resolver mediante un "diálogo" orwelliano lo que, dice ahora, es un "conflicto político"–; a semejante traidor capaz de pasar por encima de todo, empezando por la sangre de los socialistas asesinados por el terror nacionalista, tanto Pablo Casado como Santiago Abascal e Inés Arrimadas le han retratado como el peligro público que es y le han puesto frente a su tremenda responsabilidad por dejar el destino de la Nación en manos de comunistas, proetarras y golpistas en ejercicio. "No le voy a preguntar cuándo se jodió el Perú, le voy a preguntar cuándo se jodió el socialismo constitucional", le asestó en un momento dado un brillante Casado que también le acusó de haber resucitado el procés después de que fuera "derrotado judicialmente" (cómo extrañarse, siendo Sánchez el más fiel discípulo del infausto José Luis Rodríguez Zapatero, el resucitador de ETA), así como de hacer oportunismo de la peor estofa a la hora de hablar de España: "Ojalá fuera usted la mitad de patriota que el señor [Albert] Rivera, no le llega usted ni a la suela del zapato", le espetó, en un emotivo gesto de reconocimiento hacia el exlíder de Ciudadanos, que ya alertó en julio del "plan" de la "banda" de Sánchez para liquidar el orden constitucional.

En cuanto al líder de Vox, denunció que lo que se estaba viviendo en el Congreso de los Diputados no era una sesión de investidura sino una "emboscada a la Constitución" comandada por una "persona sin escrúpulos", un "Tirano Banderas" del que no se fían ni sus propios compinches separatistas, "por eso le piden que cumpla a toda prisa los acuerdos infames a los que han llegado". Abascal no quiso dejar pasar la oportunidad de dirigirse a Tomás Guitarte, el único diputado de la formación de nuevo cuño Teruel Existe, cuyo voto se presume trascendental en la jornada del próximo martes: "Ninguna migaja ni mendrugo o festín que le ofrezcan justifica una traición a España, porque España también existe", le encareció. Pero cuando le llegó su turno de intervención Guitarte no hizo otra cosa que lloriquear, lamentarse de las presiones que dice estar sufriendo y hacerse la víctima. Guitarte, en fin, demostró no ser ni parecerse a Ana Oramas, la diputada canaria que anunció que romperá la disciplina de su partido y votará no a Sánchez por la más elemental de las razones: "No pienso traicionar a este país ni a sus ciudadanos". Así que habrá que temerse lo peor de este advenedizo que quizá tenga el futuro de la Nación en sus manos.

Por lo que hace a Inés Arrimadas, expuso de manera demoledora la hipocresía de un Partido Socialista conchabado con quienes abogan por institucionalizar la desigualdad entre individuos y territorios o incluso pretenden convertir a millones de españoles en extranjeros en su propio país. E invocando el ejemplo de Oramas urgió a los parlamentarios del PSOE a hacerse cargo de la gravedad extraordinaria de la situación y dar el decisivo, patriótico paso al frente de decir no al Gran Felón: "¿No hay un solo socialista valiente dispuesto a frenar a Sánchez para abrir la vía constitucionalista? ¿Ni uno?". El martes saldremos de dudas. El martes quedarán definitivamente retratados estos 120 representantes del pueblo español, al que Sánchez y su banda de separatistas pretenden despojar de la soberanía nacional.

"Ahora sólo importa España y España no se va a rendir": ojalá algún diputado socialista haga suya esta frase de ese Pablo Casado que tuvo la grandeza de homenajear a un rival político como Albert Rivera y de evocar a una socialista admirable como la matriarca de los Pagaza para que el partido de Joxeba no cometa el peor y más imperdonable de los errores: "A sus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!".

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