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EDITORIAL

Johan Norberg en España

Su defensa del capitalismo incluye todo aquello por lo que los occidentales en general, y los europeos en particular, deben sentirse orgullosos de la civilización

EDITORIAL
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Un alegato optimista y perspicaz por el capitalismo global. Tal ha sido la contribución del joven economista sueco Johan Norberg al Campus de Verano que la FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales) celebra en estos días en Navacerrada (Madrid). El analista del Centro para una Nueva Europa, con sede en Bruselas, se ha convertido en uno de los activistas más brillantes y provocadores de la causa de la libertad. Su documental televisivo sobre el comercio libre es ya una referencia de divulgación orgullosa y persuasiva sobre nuestra forma de vida, y su libro En defensa del capitalismo global ha alcanzado una rápida difusión en Europa como manual de autodefensa del capitalismo frente a las falsedades que el consenso antiliberal, dominante en la Academia y la Prensa, impone a los tomadores de decisiones.

La lucidez de Norberg es aún más significativa como excepción intelectual de un sistema, el sueco, marcadamente hostil a la libre iniciativa. Su defensa del capitalismo incluye todo aquello por lo que los occidentales en general, y los europeos en particular, deben sentirse orgullosos de la civilización. Norberg recuerda evidencias irrefutables del éxito de la libertad que, sin embargo, con demasiada facilidad son suplantadas por una mitología anticapitalista que inexplicablemente goza de credibilidad entre gobernantes e intelectuales con mala conciencia de la prosperidad. Una de esas evidencias es que el bienestar del que gozamos se debe a la práctica secular del libre comercio y del libre mercado. Otra, que la pobreza se ha reducido a la mitad en el mundo gracias a la expansión de ese modelo.

Sólo fijando con claridad la conciencia de estos dos hechos en las mentalidades, será posible derribar los prejuicios que atenazan a gobiernos y organismos multilaterales a la hora de actuar resueltamente contra la pobreza. Norberg ataca la perversión intelectual que está en la base de las políticas intervencionistas y de las campañas contra la pobreza global. La experiencia histórica ha demostrado que son ineficaces para inducir el desarrollo, disuaden la creatividad emprendedora y dilapidan fondos públicos sin que las sociedades consigan ser más confortables y prósperas. El proteccionismo y los subsidios son un ejemplo del éxito de la demagogia anticapitalista entre los tomadores de decisiones. Y Norberg ha sabido refutarlos con ideas brillantes y sugerentes que lo sitúan en la tradición de grandes agitadores liberales como Bastiat, Aaron o Revel. La fuerza y amenidad de sus análisis son un estímulo intelectual de la máxima utilidad para la difusión de la causa de la libertad, que es como decir la de la felicidad humana.


 

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