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Ni desde Waterloo ni desde la cárcel

El próximo presidente de la Generalidad no será Carles Puigdemont; pero tampoco Oriol Junqueras ni Jordi Sánchez.

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Aunque afirmar que el orden constitucional ya impera en Cataluña sea tan incierto como sostener que Cataluña ya es formalmente un Estado soberano, tanto los constitucionalistas como los separatistas mantienen sus respectivas ficciones: si el persistente adoctrinamiento antiespañol en las escuelas y los medios de comunicación catalanes es buena prueba de la cómoda ficción o ceguera voluntaria en que viven las formaciones constitucionalistas, no menos ajenos a la realidad se encuentran Junts per Catalunya y Esquerra Republicana cuando deslindan las competencias que tendrán el presidente legítimo de Cataluña –cargo supuestamente reservado a Puigdemont– y el títere que se haga cargo de asumir la Presidencia de la Generalidad en Barcelona.

Tal y como ha hecho público la golpista Catalunya Radio y han confirmado fuentes de la negociaciones entre ambas fuerzas, ERC ha puesto sobre la mesa que si Puigdemont mantiene ciertas potestades intransferibles, como la de convocar elecciones y nombrar y cesar consellers, Oriol Junqueras presida la Generalidad en Barcelona. Los esquerristas se amparan en la delirante lógica del Govern legitimo es decir, golpista– sosteniendo que la Presidencia de la Generalidad sería, en realidad, sólo una suerte de vicepresidencia, posición que ostentaba Junqueras, precisamente, antes de que el Gobierno de Rajoy interviniera la Administración autonómica.

Tiempo habrá para comprobar si la argumentación de ERC convence a Puigdemont, a quien por el momento ningún secesionista discute en público el liderazgo del procés ni su condición de presidente legítimo, aunque todos sepan –empezando por el propio golpista cómodamente instalado en una mansión belga– que no va a ser formalmente el jefe del Ejecutivo regional.

A día de hoy, sin embargo, Puigdemont no se contenta con su pretensión de mantener desde Waterloo el control efectivo del Gobierno regional, sino que quiere designar a su testaferro en Barcelona. Y su candidato no es Junqueras sino su correligionario Jordi Sánchez, que está tan preso como el grotesco iluminado de ERC.

Aunque la insensatez que constituyó aplicar el artículo 155 de la Constitución para convocar elecciones fuera de tal envergadura que bien podría permitir a la Cataluña nacionalista mantener su independencia de facto, ni Junqueras ni Sánchez se harán legal y formalmente cargo de la Presidencia de la Generalidad. Y esto es así por la sencilla razón de que el juez Llaneras cometería un delito de prevaricación, o incurriría en una clamorosa contradicción con lo expuesto en sus autos de prisión preventiva, si ahora concediera a cualquiera de ellos permiso para asistir a la sesión de investidura. Dicho de otra forma: no se puede mantener en prisión preventiva a nadie por riesgo de reiteración delictiva para luego concederle un permiso a fin de que pueda acceder al cargo... desde el que puede incurrir en la referida reiteración delictiva.

Así las cosas, bienvenida sea toda crítica a las ilusas pretensiones de los golpistas, mientras no tengan por objeto tapar las vergüenzas y las no menos engañosas ficciones de quienes tienen la máxima responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la Constitución en toda España pero no cumplen con su deber.

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