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El secreto mejor guardado

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Mathgen es un curioso programa, diseñado por Nate Eldredge, que sirve para generar artículos ficticios de matemáticas. Basta con que entres en la página web correspondiente, teclees tu nombre o el del supuesto autor que quieres para el artículo y pulses un botón: con eso, el programa generará de forma aleatoria y automática lo que parece ser un complicadísimo artículo de investigación en matemática pura, lleno de fórmulas y de teoremas. Después, puedes descargarte en formato PDF el artículo recién generado y presumir, por ejemplo, ante tus amigos de tener un artículo de investigación con tu nombre, igual que hay guiris que presumen de tener carteles de corridas de toros donde aparece su nombre como uno de los diestros.

Esos artículos generados aleatoriamente por Mathgen están perfectamente formateados, y el lenguaje y estilo que utilizan son los habituales en las principales revistas de matemáticas, pero el contenido de esos artículos es simple basura, carente de todo significado.

Lo de Mathgen no pasaría de ser una mera curiosidad, si no fuera por un hecho que tuvo lugar hace tres años. El autor de Mathgen decidió enviar uno de esos artículos generados aleatoriamente a una revista de matemáticas, para ver si se lo publicaban. Y, para su sorpresa, recibió una contestación en la que le informaban de que los revisores habían aceptado el artículo.

Pueden imaginarse ustedes el revuelo que causó el episodio en la comunidad científica. Porque, más allá de la rechufla generalizada, el hecho de que una revista supuestamente seria aceptara un artículo que no era más que morralla sin sentido, ponía de manifiesto las carencias de todo el modelo de producción de publicaciones científicas.

Porque lo cierto es que lo de Mathgen no es un caso aislado. De hecho, Mathgen es una derivación de otro programa, SciGen, que genera artículos aleatorios sobre ciencias de la computación. Y una investigación hecha en 2013 puso de manifiesto que, hasta la fecha, se había publicado la friolera de 85 artículos generados aleatoriamente con SciGen en revistas científicas de prestigio.

En España no tenemos versión castellanizada de MathGen y de SciGen, pero me comentan mis fuentes en los servicios de información que disponemos de una aplicación secreta llamada PoliGen, que permite generar aleatoriamente acuerdos de gobernabilidad, pactos de investidura y programas electorales.

En realidad, me dicen mis fuentes, no es estrictamente cierto que Rajoy se saltara el programa electoral del PP, ni tampoco es cierto que Podemos y sus marcas blancas prometan tonterías. Lo que pasa es que todos los partidos utilizan en secreto PoliGen para generar programas electorales aleatorios con los que luego concurren a las elecciones.

Como tampoco es cierto, insisten mis fuentes, que Albert Rivera aplique criterios incoherentes a la hora de firmar acuerdos de gobernabilidad en las distintas autonomías. Lo que sucede es que todos los acuerdos de gobernabilidad se generan de manera aleatoria. Y claro, lo que se firma en Madrid no coincide exactamente con lo que se firma en Andalucía. Pero es culpa del programa PoliGen, no de Albert Rivera.

Al igual que tampoco es verdad que el PSOE sea un partido capaz de firmar pactos aberrantes con cualquiera, siempre que ese cualquiera esté interesado en dañar a España y a los españoles. Lo que pasa es - susurran confidencialmente mis contactos en la Cuesta de las Perdices - que Pedro Sánchez tiene mal fario, y los pactos de investidura sugeridos por PoliGen en esta ocasión, no le han dejado en muy buen lugar.

"En fin", me dice mi amigo el espía, "que no te tomes muy en serio los detalles de la vida política. Todo se genera aleatoriamente en un despacho de La Casa. De hecho, el contenido de casi todas las comparecencias públicas de casi todos los líderes políticos se genera también con PoliGen. ¿No te has fijado en que la mayoría de las veces hablan sin decir realmente nada?".

"Pero entonces", le pregunto, "si todos los acuerdos, comparecencias, pactos y programas electorales se generan aleatoriamente, ¿quiere decir que toda la política es una farsa?".

"No", me contesta muy serio. "Lo que pasa es que la verdadera política no tiene lugar a la luz pública. No se puede dejar a la gente decidir sobre las cosas realmente importantes. La democracia es muy entretenida, pero con las cosas de comer no se juega".

"Por supuesto", comenta el espía antes de levantarse de la mesa del pequeño restaurante de barrio donde nos reunimos, "no puedes repetir públicamente nada de lo que te he contado".

"¿Por qué?", le pregunto. "¿Podría ocurrirme algún accidente por revelar el secreto?".

"No", se ríe mi amigo. "Simplemente creerían que estás loco".

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