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Belfast, la renacida

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No creo que sea fácil encontrar otra ciudad en el mundo que haya sufrido una transformación como la de Belfast en las últimas décadas. Aquel peligroso nido de conflictos que usted recordará si seguía la información internacional a mediados de los 80 es hoy una ciudad agradable, interesante, segura, un punto orgullosa –en el buen sentido- y, sobre todo, pacífica.

Tuve la oportunidad de conocerla en un viaje a la bellísima Irlanda del Norte y tengo que admitir que la ciudad me sorprendió: no sólo porque es más bonita de lo que tenía pensado –al menos en su pequeña almendra central- sino porque dentro de ese renacimiento que vive es prácticamente lo opuesto a la oscura y triste imagen que tantos años de conflictos, terrorismo y barbarie han dejado en nuestra memoria.

West Belfast

Aún así, es prácticamente inevitable que cuando uno llega a Belfast sienta curiosidad por ese pasado oscuro del que aún hoy se pueden encontrar los vestigios, afortunadamente más anecdóticos que prácticos, aunque también los hay de los segundos.

Para conocer esos vestigios fui a West Belfast, una de las zonas en los que se pueden encontrar los famosos murales en los que las dos comunidades en conflicto dirimían sus diferencias pincel en mano. Lo cierto es que tienen su interés como curiosidad histórica, pero su pésima calidad artística sólo es comparable a su lamentable contenido moral: la mayor parte de ellos se podrían calificar como apología del terrorismo.

La zona católica está separada de la protestante por una alta valla que aún se cierra por las noches. Junto a ella el llamado International Wall, en el que con el mismo estilo deplorable se glorifican prácticamente todas las causas liberticidas del mundo.

Ya en la parte protestante un anciano pasea a su perro y se me acerca con muchas ganas de conversación. Entre el acento endiablado y problemas que sólo soy capaz de atribuir a una dentadura inestable señala uno de los retratados en un gran mural –víctima del IRA- y me dice: "Este era un bastardo". ¡Y está hablando de uno de los suyos! No logro entender mucho más, pero es suficiente para llevarme la idea de que a veces en una pelea, o en una guerra, ninguno de los dos bandos son "los buenos".

Un Titanic que emerge…    

En resumidas cuentas, turísticamente hablando el pasado de Belfast es mucho menos interesante que su presente, o que un pasado más lejano. La ciudad, por ejemplo, mira orgullosa a uno de sus grandes hitos históricos: la construcción del Titanic, una hazaña para la época pese a que la historia tuviese ese final trágico.

El Titanic Quarter es el barrio en el que se concentra parte de esa nueva vida: zonas amplias ajardinadas y agradables comparten espacio con grandes astilleros en los que se reparan gigantescas plataformas petrolíferas y con el espectacular ‘museo’ sobre el barco y la Belfast de su tiempo del que ya les hablé hace unos meses.

Entrecomillo la palabra museo porque en realidad es más una exposición, pero sin el carácter temporal que solemos asociar a esa palabra y con un nivel de amplitud y calidad que estoy seguro que les encantará.

… En una ciudad que emerge

Pero más allá del Titánic, es toda una nueva Belfast la que ha emergido y ahora ofrece espacios en los que pasear, espectáculos en los que se juntan ambas comunidades e incluso gigantescos centros comerciales, como Victoria Square, en pleno centro, en los que el turista puede pagar en euros o en libras en todas las tiendas, muchas locales pero también las grandes cadenas británicas o incluso europeas.

Una Belfast con una excelente colección de pubs en la mejor tradición irlandesa, en los que los indígenas y los turistas se reúnen para beber Guinness, escuchar música en directo y bailar. Una gente absolutamente encantadora –creo que no hay en todo el mundo mejores anfitriones que los norirlandeses, no se puede ser más simpático y amable- que hace que te sientas como en casa no importa de dónde vengas.

Incluso está apareciendo una -impensable no hace tanto tiempo- escena de restaurantes de calidad, con cocineros cada vez más reconocidos y para todos los gustos. Por ejemplo, los amantes de una comida bien elaborada pero con una elaboración más bien sencilla y, eso sí, exquisita, Deanes Meat Locker es una opción excelente, en un ambiente de lo más sofisticado y con algunas sorpresas como unos gigantescos aros de cebolla que se acercaban muy mucho a la categoría de obra de arte.

The Great Room es el restaurante de The Merchant, uno de los grandes hoteles de la ciudad y allí la experiencia está en otro nivel ya desde el propio ambiente: el comedor está en una enorme y bellísima sala de lo que fue el Banco del Ulster. Bueno, bellísima no estoy seguro, pero impactante sin duda.

La cocina está en manos de John Paul Leake, un experto chef que nos muestra entre los propios fogones cómo trabajan y los materiales, siempre de primera, que acaban convertidos en sofisticados platos

Coppi, por poner un tercer ejemplo, es una opción más joven, basado en la comida italiana y con una propuesta cuidada, alborotada, sabrosa, con la música a volumen alto, mucho diseño… muy apropiada para esta nueva Belfast, en suma.

Borren de su mente viejas historias, viejos prejuicios y aquellos negros telediarios y corran a conocer Irlanda del Norte y, por supuesto, también su capital. Merece la pena.

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