
Leo en El Mundo de este domingo una noticia no por triste y humillante, menos esperada: la Abogacía de la Generalitat de Salvador Illa ha mandado un escrito al Tribunal de Cuentas solicitándole el archivo de la causa abierta contra Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y unas decenas de procesistes más por haber malversado unos cinco millones de euros –se llegó a hablar de ocho millones– de dinero público en dar rienda suelta a su populismo independentista desde las instituciones, referéndum ilegal incluido.
Sigue así la Generalitat catalana los pasos de la Junta de Andalucía cuando, presidida aún por los socialistas, no movió un dedo para reclamar el dinero de los ERE malversado por sus conmilitones, incluso estando estos ya condenados en firme. El dinero "de nadie" simplemente se perdió.
Hay algo perverso en que los ciudadanos no puedan recuperar el dinero público malversado a través de la Administración perjudicada… si esta dice que no se siente perjudicada, porque los que se lo llevaron muerto eran los suyos. Desde la realpolitik –por no hablar de jetapolitik– se pueden comprender estos enjuagues. Pero no desde la más elemental decencia o desde el punto de vista de los verdaderamente damnificados, los estafados de carne y hueso: usted, yo, todo hijo de vecino. Mientras los políticos se perdonan fraternalmente unos a otros, ¿qué hay de lo mío? ¿Qué hay de lo nuestro?
El caso catalán es casi más grave y retorcido que el andaluz. Porque aquí, la carta de renuncia a la deuda no la firma ningún correligionario de los autores del destrozo, Junts y ERC. Es curioso que cuando estos todavía gobernaban no se atrevieran a mandar una cartita así. Intentaron, en cambio, convencer a una serie de entidades bancarias de avalar a los procesistes procesados para eludir el embargo de sus bienes. Ante la negativa rotunda del sistema financiero a prestarse a una cosa así, ni corta ni perezosa la Generalitat inmovilizó 9 millones para avalarles directamente. Será por dinero. Que es sabido cómo nos sobra.
No creo que el día en que Salvador Illa autorizó esto fuera el más feliz de su presidencia o de su vida. Pero, cuando necesitas los apoyos de según quién, supongo que a la fuerza ahorcan. En esto, como en otros disparates que se hacen, presuntamente en defensa de la lengua catalana, en realidad para desatar una guerra de gallos lingüísticos que no lleva a ninguna parte.
Por mi parte, sólo sugerir que la próxima vez que haya que pagar el procés dos veces, una a la ida y otra a la vuelta, entonces sí que se les podría ocurrir convocar un referéndum. Para ver cuántos queremos pagar el impuesto revolucionario –¡y a este precio!– y cuántos no.