En El Programa de Cuesta, Beatriz García y Carlos Cuesta han analizado el último escándalo de gestión económica protagonizado por el Gobierno de Pedro Sánchez, tras conocerse que el Ejecutivo ha utilizado fondos europeos destinados a la recuperación para pagar las pensiones de los funcionarios. El Tribunal de Cuentas ha destapado que el Gobierno, ante la falta de liquidez y la ausencia de nuevos presupuestos, ha recurrido a los fondos del programa Next Generation para cubrir gastos corrientes que nada tienen que ver con la transformación económica o la digitalización originalmente previstas.
El análisis resalta que este uso de los fondos europeos supone un desvío flagrante de su finalidad. Estos créditos, que superan los 750.000 millones de euros para toda la Unión Europea, fueron diseñados para ayudar a los países a superar las secuelas de la pandemia y modernizar sus estructuras. Sin embargo, en España se están utilizando para tapar agujeros financieros del sistema de seguridad social, concretamente para abonar las nóminas de las clases pasivas y diversos complementos a mínimos.
Desde el Gobierno, el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha intentado justificar esta maniobra como un simple ajuste técnico dentro de un contexto de prórroga presupuestaria. No obstante, esta explicación oculta una realidad mucho más grave: el Estado español tiene serias dificultades para obtener crédito y transformar sus activos en dinero líquido para atender sus compromisos más básicos. Esta creatividad contable es vista como un síntoma de agotamiento de las finanzas públicas.
El informe del Tribunal de Cuentas, que consta de más de 700 páginas, revela irregularidades sistémicas. Entre los datos más alarmantes se encuentra la existencia de 65 entidades públicas no localizadas y una sobrevaloración del resultado presupuestario en más de 4.000 millones de euros. Además, el órgano fiscalizador señala que existen obligaciones pendientes de reconocer por valor de 5.366 millones de euros, lo que sugiere que el déficit real es significativamente superior al declarado oficialmente.



