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Javier Somalo

Y en tu fiesta me colé

PP y Vox son partidos muy distintos con zonas comunes de gran importancia. Ahí, en la defensa de la nación soberana, están obligados a encontrarse.

PP y Vox son partidos muy distintos con zonas comunes de gran importancia. Ahí, en la defensa de la nación soberana, están obligados a encontrarse.
Diputados y senadores del PP se concentran a las puertas del Congreso para pedir la dimisión de Irene Montero. | EFE

No falla. Cuanta más falta hace que la oposición sea un bloque, peor se comporta. ¿Excusas? A veces son meras equivocaciones; otras, simples fallos de coordinación, y las más, envidias pueriles entre pandillas. Pero, en cualquier caso, resulta desesperante que no alcancen a medir la gravedad de la situación. No anda la izquierda en su mejor momento aunque sepa salir unida a la calle –quizá sólo lo parezca– estando en el poder. El Gobierno está a un paso de ser oficialmente el Frente Popular pero también, o precisamente por ello, está al borde del colapso.

La ya visible y siempre previsible guerra interna en el seno del Gobierno es una oportunidad única para que la oposición ejerza casi como gobierno entrante. Socialismo y comunismo siempre andan a tiros, unas veces más literalmente que otras, y es entonces cuando más dejan ver sus grietas como está pasando ya con las leyes-chapuza de Podemos y, en general, con el intento de Sánchez de convertirse él mismo en Ley, último paso de todo proyecto totalitario.

La derecha está obligada a demostrar que quiere y puede gobernar. Parecerá exagerado pero al Nuevo Frente Popular no le consta; sabe que por separado PP y Vox ansían el poder, pero no hay noticias preocupantes para Pedro Sánchez de que exista una alternativa que quiera sumar fuerzas contra su proyecto. Y la razón de ser del Frente, hoy como ayer, es impedir el paso a la derecha. Ni siquiera la condición de republicana le valió en su día. No estaban invitados, no les dejaron colarse.

El episodio: Vox se cuela…

El PP post-Casado todavía no puede contar con Alberto Núñez Feijóo como parlamentario en el Congreso de los Diputados que es donde se libran las principales batallas. El líder popular ha protagonizado buenos discursos en la Cámara Alta contra Pedro Sánchez pero sigue manteniendo una distancia mucho más larga de lo necesario a un año –esperemos– de las elecciones. Así que los diputados hacen lo que hacen sin un líder con escaño.

El pasado jueves organizaron una protesta con los leones del Congreso como testigos. Formaron disciplinadamente como antiguos alumnos en la escalinata y exhibieron una pancarta que decía: "No a la rebaja de penas por delitos sexuales ¡Rectificación ya!". ¿Rectificación? Más allá de las infinitas posibilidades de un lema mejor contra este Gobierno la polémica llegó cuando algunos diputados de Vox quisieron sumarse a la protesta, ni siquiera robar protagonismo. Qué osadía.

"Vox se cuela" en la foto porque sólo el PP es el PP y su protesta contra el sí es sí es muy distinta a cualquier otra. Hay que hacer siempre reserva de matices para no entrar en el saco de los machistas todófobos... al que entrarán de todas maneras, por mucho que se rindan. Hubo indignadas quejas y así se lo hicieron saber a muchos periodistas presentes.

Que la barba de Iván asomara tras un cráneo genovés resultó intolerable para alguna de sus señorías, parece que no para todas. ¿Están igualmente en contra pero por otras razones completamente distintas? El desgraciado resumen es que no quieren ser ni uno más contra el Mal.

Si hubieran formado todos los diputados que comparten ese lema u otro mejor que no llegaron a encontrar, el Gobierno frentepopulista –y el resto de los mortales– habría tenido la oportunidad de ver muchos escaños en contra, con ganas y con posibilidades de ser más. No había siglas, sólo frío y hartazgo, la mejor imagen de una oposición resistente si se hubieran aceptado mutuamente. No se consiguió. No quieren.

Después parece que hubo enfado en los aparatos de propaganda porque esa no era la postura oficial –o conveniente– del PP sino el pataleo individual de algunos que actuaron como el niño que protege celoso su protagonismo frente al nuevo de la clase. No es que Vox se cuele, es que estaba ahí Toscano y claro… con lo que le dijo a Irene Montero

Si Génova 13 quiere zanjar el asunto de la foto troleada lo tiene fácil. Sólo hay que comprometerse a lo contrario: invitar a todo aquel que quiera quejarse, agradecer apoyos externos y prestarse a hacer lo mismo cuando haga falta. Si el invitado no se comportara, ya se notará. Y ya de paso deberían cuidar quién se queja y quién filtra a qué medios qué cosas… que luego todos se ponen a silbar y la culpa es de lo mal que interpretan los periodistas.

En Madrid, más de lo mismo pero al revés

Y luego le toca el turno a Vox, que suele jugar sus bazas en la Comunidad de Madrid o, más exactamente, contra Isabel Díaz Ayuso, destino de las venganzas y de muchas frustraciones de Vox. No es la primera vez que quieren hacer valer su necesario apoyo con un innecesario protagonismo. Esto lleva a impostadas protestas que les coloca artificialmente al lado de la izquierda. Hay muchas batallas que dar y no en todas se consiguen portadas. El problema es que ahora están buscando la que diga que Vox impide aprobar los presupuestos regionales. Mal asunto.

El papel del partido de Rocío Monasterio en la Comunidad de Madrid es más complejo porque lo es también la competencia. Con un PP como el que encarna Isabel Díaz Ayuso, quizá Santiago Abascal no habría sentido la necesidad de fundar un partido propio y eso obliga a unos equilibrios que el líder de Vox suele resolver bien porque tiene muchos otros frentes donde sí reclaman que se emplee a fondo. Pero los líderes regionales, sean del partido que sean, necesitan atención y, en el caso de Vox, quieren presumir hasta el final de ser inflexibles en el control. Hasta un límite, es lógico y beneficioso porque mantiene en forma a los implicados.

Sin embargo, la actitud de enfrentamiento electoral, con el altísimo coste de oportunidad que representa, es mala para todos los ciudadanos, es mala para Vox y, lo que es más importante, para el bloque de la derecha que, tras las autonómicas, se enfrenta realmente a Sánchez. En el caso del PP, ni siquiera si, como sucedió en Andalucía, Vox dejara de ser necesario en Madrid habría que descontarlo de los pactos. Un eventual triunfo regional en solitario podría confundir –envalentonar– a los númenes demoscópicos de Génova ante el escenario nacional, que es inmediato. El enfrentamiento es un tremendo error desde todos los ángulos.

Lo que está fuera de toda duda es que ni PP ni Vox ni lo que quede de Ciudadanos cuando se resuelva el talent show naranja están invitados por el Nuevo Frente Popular a llegar al poder. Y algunos lo están esperando sentados como si les fuera a caer por turno.

El PSOE se cuela en los actos del 6 de diciembre

Empieza a resultar extraño y hasta contradictorio ver al PSOE cerca de la Constitución. Pero ahí estaba un año más, a comienzos del frío diciembre, cuando toca mentir y ensalzar los preceptos violados que representan un régimen, el del 78, que se ha empezado a desguazar.

La delegada del Gobierno, Mercedes González, participó en los actos conmemorativos de la Constitución para intentar un ajuste de cuentas. Y fracasar, claro. Le debía una a la presidenta Ayuso por criticar al jefe y aprovechó la invitación a los actos de homenaje celebrados por la Carta Magna en la Real Casa de Correos para hacer lo que hizo: colarse. Intelectual e institucionalmente.

Acusó al PP de bloquear el poder judicial y de usar "interesadamente" la Constitución "para arrojarla con radicalismo contra el adversario". Lo peor llegó cuando dijo que "semana a semana, en el Congreso se suben a la tribuna parlamentarios y parlamentarias para arrojar palabras gruesas, realizar ataques personales, degradar la política, minar la convivencia, exaltando el odio como forma de diferenciación política". Nadie pensó que se refería a Irene Montero.

Pero también habló Ayuso. Al grano:

"Vamos a defender nuestra Constitución frente a cualquier ataque, venga de donde venga. Y no vamos a consentir que separatistas y populistas sigan vulnerándola, ni que asalten las instituciones que deben protegerla.

–…– La España real es la España fiel, la que exige sus derechos y cumple con las obligaciones correspondientes, la libre y responsable. La, por desgracia, demasiadas veces olvidada.

–…– El poder nacional es el único soberano. En su nombre, lealmente, gobernamos sus representantes. No puede haber un Estado débil que no se atreva a resolver los problemas nacionales".

Quedó claro que la que se había colado a la fiesta era la delegada del Gobierno, representante institucional en Madrid de esta suerte de Fernando VII redivivo que nos ha caído en desgracia, que se ha colado en el sistema democrático.

No hay más leña que la que arde. El PP y Vox tienen que aprender a no estorbarse porque son los únicos entornos posibles de pacto nacional para echar a Pedro Sánchez y a sus injertos. Intentarlo con el PNV termina en la deriva de la UPN de Esparza, aceptando la salida de la Guardia Civil de Navarra cuando Bildu toca poder. Tanto camino recorrido para esto.

Y no, no hay atisbo de heroicidad por más que se empeñen, año tras año, en hallarla en el PSOE. Los de siempre siguen haciendo lo de costumbre. Felipe González refunfuña sin efectos prácticos y a Lambán, que se salió del guion recordando al bueno –ese sí– de Javier Fernández y lamentando que volviera Sánchez, le recordaron quién manda en Ferraz... y corrigió la versión con un sonoro taconazo. De Page o de Fernández Vara se espera algún aguinaldo argumental y listo, ya estará completo el catálogo de sensibilidades y debates internos en el PSOE que tanto apasiona a la prensa. Aquí, en lo tocante a fotos y posados ya sentó cátedra Alfonso Guerra y está muy asumida la doctrina. Quietos.

PP y Vox son dos partidos muy distintos con zonas comunes de extraordinaria importancia. Es ahí, en la defensa de la nación soberana, donde están obligados a encontrarse sin invitación. Y eso no se consigue con improvisaciones parlamentarias poco elaboradas ni con posados de antiguos alumnos quisquillosos con los del colegio vecino. Lo que se nos viene es mucho más serio que todo eso.

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