Los datos anteriores nos permiten ver que España presenta un número de conexiones a Internet “tan sólo” cuatro veces superior al del promedio de los países menos desarrollados, y en lo que respecta al número de ordenadores, 7,3 veces superior.
Todos estos datos los pueden obtener gracias a un excelente programa en línea disponible en Worldbank, en “Informatics”.
Ahora comparemos los datos entre Estados Unidos y España: el primero tiene 19,28 veces más conexiones a Internet por cada 10.000 habitantes; en cuanto al número de ordenadores para el mismo segmento, la cifra es de 42 veces más a favor de Estados Unidos, de donde se colige que la distancia que separa a España de los países menos desarrollados es mucho menor que la que mantiene con relación a Estados Unidos.
Estos datos deberían hacernos reflexionar acerca de nuestra pretendida modernidad: el problema no es dónde estamos ahora, sino dónde no estaremos como sigamos aferrados a nuestra tradicional y lacerante tecnofobia.
Ojalá fuese un problema de política gubernamental. Pero no lo es. Más bien es un asunto de actitud individual. Algo tan sencillo como esto: ¿conoce realmente el público para qué sirve un ordenador? O planteándolo en otros términos: ¿son más rentables unas nuevas llantas de aluminio que un Pentium III?
¿PARA QUé SIRVE UN ORDENADOR?