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Temor en el PP

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Publica hoy José Alejandro Vara en Vozpópuli un artículo sobre el pánico que habría empezado a cundir en el Partido Popular por los últimos sondeos internos. Al parecer, los tracking de intención de voto indican que el PP perdería todas las autonomías que actualmente gobierna, salvo Rioja y las dos Castillas. Y las consignas tranquilizadoras de Rajoy ya no bastan para calmar el desasosiego que empieza a atenazar a los cuadros intermedios del partido.

No dudo de ese desasosiego. Tener todo el poder y perderlo casi todo, es buen motivo para la inquietud. Pero lo que no creo es que el varapalo vaya a pillar a nadie de sorpresa.

Después de ocho años de gobierno de un Zapatero que logró destruir nuestra economía, nuestras instituciones y nuestra autoestima como nación, los españoles entregaron a Rajoy una amplia mayoría absoluta, además de darle casi todo el poder autonómico y municipal.

Pero en lugar de emplear esa mayoría absoluta para deshacer el camino andado, Rajoy la utilizó para mantener todas y cada una de las medidas de corte ideológico promulgadas por Zapatero, desde la ley de barra libre de aborto a la de memoria histórica.

En lugar de emplear esa mayoría absoluta para meter la tijera a la administración, empezando por el ruinoso estado autonómico, Rajoy la usó para hacer que los españoles de a pie pagaran la juerga de nuestra clase política.

En lugar de emplear esa mayoría absoluta para devolver la vitalidad a nuestras instituciones democráticas, Rajoy la aplicó a consolidar el control del poder judicial y de los medios de comunicación por parte del poder político.

En lugar de emplear esa mayoría absoluta para recuperar el pulso de la Nación, Rajoy la puso al servicio de la hoja de ruta de negociación con ETA y siguió financiando y consintiendo el desafío al Estado planteado por Artur Mas.

Pero lo malo no es que Rajoy pidiera el voto a sus electores, para luego poner ese voto al servicio de objetivos diametralmente opuestos. Lo malo no es tampoco que Rajoy haya traicionado a los vivos y a los muertos. Lo verdaderamente terrible es que pudiera hacer todo eso sin que nadie en el Partido Popular (salvo Ortega Lara, Santi Abascal y unas cuantas excepciones más) pusiera pie en pared.

Nadie en el PSOE tiene derecho a quejarse de la ruina en que lo dejó Zapatero, porque nadie en el PSOE alzó la voz para pararle los pies a ese iluminado. Y quien calla, otorga. De la misma manera, nadie en el PP tiene ahora derecho a clamar contra un Rajoy al que se le dejaron manos libres. Si Rajoy ha hecho lo que ha hecho, llevando al Partido Popular al borde del abismo, es porque el partido, todos y cada uno de sus todavía miembros, se lo ha consentido.

Por tanto, ahora no me lloren.

Yo no sé si se confirmarán esos augurios pesimistas para el PP. La lógica, y el ambiente que palpo en la calle, me dicen que sí, porque humillar a los electores propios no suele salir gratis. Pero los votantes no somos necesariamente lógicos, así que a lo mejor el castigo que Rajoy recibe es menor que el que realmente merecería.

Pero en caso de que esa pérdida de poder territorial se confirmara, no os hagáis los sorprendidos. Teníais que haber alzado la voz cuando Rajoy liberó a Bolinaga; o cuando Rajoy se escudó torticeramente en una sentencia de Estrasburgo para liberar a terroristas, pederastas y violadores; o cuando Rajoy siguió enviando dinero de todos los españoles a un Artur Mas en abierta rebeldía; o cuando Rajoy consintió que los separatistas catalanes humillaran a toda España celebrando un referéndum ilegal; o cuando Rajoy nos subió los impuestos en vez de recortar el inútil estado autonómico; o cuando Rajoy incumplió su promesa de derogar la inconstitucional ley del aborto de Zapatero; o cuando Rajoy mantuvo la ley de memoria histórica y los organismos creados a su amparo; o cuando Rajoy continuó enviando papeles de Salamanca a los separatistas catalanes; o cuando Rajoy siguió subvencionando a sindicatos corruptos; o cuando Rajoy endureció el control del poder judicial por parte del poder político; o cuando Rajoy optó por seguir tapando el 11-M; o cuando Rajoy se repartió el CGPJ con el PSOE, IU y los nacionalistas; o cuando Rajoy terminó de poner el dogal a los principales medios de comunicación de este país; o cuando Rajoy mintió en el Parlamento sobre el caso Bárcenas...

Tuvisteis tantas oportunidades de mostrar vuestra indignación, y las desperdiciasteis, que Rajoy ha hecho del PP lo que ha querido. No es lógico que ahora os sorprendáis si termináis cosechando lo que habéis consentido que se sembrara.

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