
Historia del deporte


Tokio 64: un suicidio que marcó un país
Unos Juegos brillantes, cargados de guiños al pasado, pero que iban a deparar una gran tragedia a corto plazo: el suicidio de un héroe.

Roma 1960: ni la tragedia pudo con la belleza de Bikila y Cassius Clay
Pese al primer fallecimiento por dopaje en la historia del olimpismo, los de Roma están considerados como uno de los Juegos más bellos de todos.

1956: Melbourne y Estocolmo: los Juegos bajo la tiranía de Avery Brundage
Los del 56 fueron uno de los Juegos más controvertidos de la historia, porque se tuvo que desdoblar la sede y porque se produjeron grandes boicots.

Helsinki 1952: la venganza del finlandés volador
Nurmi, maltratado en Los Angeles 32, se tomó su particular revancha en unos Juegos muy bien cuidados y presentados, y que sirvieron de reconciliación.

Londres 1948: la austeridad dio lugar a la grandeza
Los Juegos llegaban después de 12 años de parón por la Guerra. Eran precarios, con pocos recursos, pero fueron emotivos y sembraron vitales cimientos.
Berlín 1936: los Juegos de Hitler
Ni Jesse Owens ni Lutz Long pudieron con la fortaleza de la imagen y propaganda del régimen nazi, que se encargó de que los Juegos fueran brillantes.

Los Ángeles 1932: demasiados conflictos para tan poco juego
Unos Juegos sin fútbol, sin recursos, con menos participantes, y con la polémica exclusión de Paavo Nurmi fueron el resultado de volver a América.

Amsterdam 1928: escándalos de fútbol... y de mujeres
El "robo" a España en fútbol y la dantesca imagen en el atletismo femenino no fueron óbice para disfrutar de unos renovados y brillantes Juegos.

París 1924: unos Juegos Olímpicos de cine
París por fin se sacó la espina, con la irrupción de Johnny Weissmüller, posteriormente conocido como Tarzán, entre lo más destacado de la cita.