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Tres maestros

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Detalle de "La Creación de Adán" de Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina.

 

 

Dos de los grandes museos madrileños, el Thyssen y el Prado, nos ofrecen este verano unas exposiciones interesantísimas: Hopper y El último Rafael, respectivamente. Si hace unas semanas reseñaba el excelente libro que sobre Hopper ha rescatado la editorial Lumen, hoy traigo una obra sobre el maestro Rafael, que  además viene en excelente compañía: Tres maestros. Miguel Ángel, Tiziano, Rafael, de Alejandro Dumas, publicado por la editorial Gadir. 

 

Es éste un breve libro de poco más de doscientas páginas en el que se recogen las semblanzas de tres grandes artistas italianos que Dumas publicó, por separado, en diversas revistas literarias entre 1843 y 1844.

 

Alejandro Dumas fue uno de los escritores franceses más prolíficos. Aunque es fundamentalmente recordado por sus novelas históricas y de aventuras, lo cierto es que cultivó los géneros más diversos, como la novela de terror, el cuento infantil, la biografía y hasta la gastronomía (Gadir también ha publicado su Diccionario de cocina).

 

Además de ser un gran aficionado al arte, Dumas sentía especial fascinación por Italia, donde vivió varios años y ocupó el cargo de Director de Museos y Antigüedades en Nápoles gracias a su amistad con Garibaldi.

 

Esa fascinación por Italia y el arte se refleja claramente en esta obra. No se trata de un libro erudito, una obra de investigación y consulta, sino simplemente de un conjunto de semblanzas, de pinceladas sobre las vidas de estos tres grandes genios del Renacimiento; un libro ameno, sin pretensiones, que sólo busca entretener y acercarnos a la parte más humana de tres hombres que, ya en su época, eran admirados y venerados casi como dioses.

 

Resulta un tanto difícil adscribir este libro a un género determinado. No son biografías al uso, pero tampoco biografías noveladas. No hay ficción; todo lo que Dumas escribe está documentado, y si bien dramatiza en ocasiones o recrea diálogos, lo hace de manera verosímil. Tal vez las palabras pronunciadas no fueron ésas, pero sí seguramente unas muy parecidas. Dumas se basó en la documentación de la que se disponía en su época, recurriendo no sólo a las biografías más o menos canónicas, como las de Vasari (al que refuta en diversas ocasiones), sino  también a cartas, contratos y otros documentos a los que pudo acceder gracias a su cargo en Italia y a las buenas relaciones de las que disfrutaba allí. 

 

Así, quizá lo más ajustado fuera describir este libro como biografía dramatizada: datos reales y ajustados, pero presentados de forma viva, palpitante, con el toque de emoción y drama que Dumas le confiere y que humaniza a estos tres titanes.

 

Si bien Dumas presenta a los tres artistas bajo una luz muy favorable, resaltando sus mejores rasgos y disculpando o incluso omitiendo los más polémicos, se nota su predilección por Miguel Ángel: es la semblanza más viva, más personal y en la que más se implica de las tres. La más breve es la de Rafael, quizá por la misma brevedad de la vida del maestro, pero también es en la que menos diálogos se recrean y más impersonal resulta.

 

En la edición hay que lamentar que no se incluyan más ilustraciones de la obra de los tres artistas (apenas unas pocas láminas al comienzo del libro), pero al margen de este detalle, probablemente debido a que más fotografías habrían encarecido considerablemente el producto, lo más lamentable es la cantidad de errores de edición de los que está plagada la obra. Es una lástima, y algo impropio de una editorial como Gadir.

 

No se trata sólo de las -por desgracia- habituales erratas (aunque en este caso son muy numerosas y llegan a dificultar la lectura), sino que hay numerosos errores de traducción (que en muchos casos revelan desconocimiento de la materia de la que se trata) así como falta de coherencia en los criterios de traducción.

 

Así, por ejemplo, se menciona a Giovanni Bellini para, pocas líneas más abajo, referirse al mismo artista como Juan Bellini. O, análogamente, se llama a la iglesia romana de San Pietro in Vincoli indistintamente por este nombre o por el español de San Pedro de las Cadenas

 

Aunque esto pudieran ser despistes que se podrían evitar con una edición atenta, otros fallos son más graves, como llamar a la estancia vaticana de El incendio del Borgo la estancia de El incendio de la aldea (el Borgo es un barrio romano), o referirse al cuadro de Rafael La bella jardinera como La Virgen de la jardinera

 

Hay errores también atribuibles al propio Dumas, bien porque la investigación posterior ha refutado algunos de los datos que presenta (y que sin embargo no aparecen mencionados en notas del editor o del traductor) o porque simplemente el escritor se equivocó, pero esto no obliga al traductor a seguir al autor en sus fallos: las notas y comentarios están, entre otras cosas, para resolver este tipo de problemas.

 

En suma, una obra que podría haber sido muchísimo mejor de no mediar esta serie de fallos, pero, con todo, la considero recomendable. Resulta una lectura amena, divertida y, sobre todo, que nos invita a profundizar más en la vida y obra de tres grandes genios del Arte de los que Dumas nos muestra aquí su lado más humano.

 

Tres maestros. Miguel Ángel, Tiziano, Rafael. Alejandro Dumas. Editorial Gadir (2012), 222 páginas. Traducción de Manuel Granell.

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