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Una derrota de oro

Aunque suene a consuelo, la selección española de baloncesto ha sido lo mejor de estos Juegos Olímpicos. Si en judo sólo hemos cosechado decepciones –se preveían seis medallas–, en el deporte de la canasta nos hemos quedado fuera sin merecerlo. El Dream Team empieza a despertar de su mal sueño, quizá porque jugadores como Gasol les han puesto el despertador. España ha fallado, las bombas de Navarro han sido esta vez perdigones, los árbitros estaban distraídos y Estados Unidos ya no podía perder. Tenemos muchas platas, demasiados diplomas, dos oros y una excelente selección de basket.
 
Pero eso no basta ante el poderío de los "profesionales" y la perniciosa labor arbitral. Lo que a ningún aficionado tampoco se le escapa es que el sistema falla. Sin tratar de ser un pretexto, es de total injusticia que un equipo que ha ganado los cinco partidos de la primera fase se vea apartado de la lucha por las medallas. En lugar de premiar al que más se esfuerza, muchos –con la FIBA a la cabeza– pretenden colocar de antemano en lo más alto del podio a los más poderosos, lo merezcan o no. Para disgusto del buen aficionado al baloncesto, Estados Unidos será campeón olímpico si Lituania, Argentina y, sobre todo, los colegiados no lo impiden.

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