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El agradecimiento de Sostres

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Que a Sostres le gusta provocar, está claro. Que muchas de sus provocaciones están teñidas de clasismo, también. Como está claro, igualmente, que a Sostres le importa poco la solidez o la lógica de sus aseveraciones: quien solo pretende provocar, puede permitirse prescindir de la racionalidad argumental.

Hoy ha publicado Sostres una de sus provocaciones, en forma de homenaje a Botín. Merece la pena leerla. No entraré a señalar una por una las aseveraciones carentes de toda lógica racional, porque ya digo que el que solo pretende provocar no necesita apoyatura lógica ninguna. Bastará con un par de ejemplos:

Dice Sostres: "Lo que da identidad, elegancia y distinción a un Estado son sus millonarios". Pero si el criterio es la posesión de dinero, habrá que llegar a la conclusión de que si un grupo revolucionario pasara a cuchillo a los actuales millonarios y se incautara de sus posesiones, entonces los jóvenes y sangrientos camaradas revolucionarios pasarían a ser, según Sostres, quienes proporcionarían "identidad, elegancia y distinción al Estado". O, por poner un ejemplo más concreto, de la frase de Sostres cabría deducir que Maduro y su pajarito son quienes aportan elegancia y distinción a Venezuela, por ser Maduro el máximo exponente de los nuevos millonarios venezolanos.

Otro ejemplo: "España tiene que aprender... a dar las gracias a los que compensan nuestra mediocridad con su inteligencia, su habilidad y su increíble trabajo". Tomando al pie de la letra lo que Sostres dice, los discapacitados físicos, los aquejados de síndrome de Down o, simplemente, los que no tuvieron oportunidad de formarse lo suficiente, deberían besar los pies a los que (por ser más inteligentes, más productivos o haber recibido una mejor formación) contribuyen con sus impuestos a que puedan llevar una vida digna. Es decir, sustituye Sostres la solidaridad social contemporánea (que se funda en un derecho a vivir dignamente, atribuible a toda persona por el hecho de serlo) por una decimonónica caridad voluntaria del rico, que obliga a los miserables a besar la mano del señor que les lanza las sobras de la cena.

Pero, como digo, no merece la pena entrar en cada ejemplo de frase desafortunada. En lo que quiero centrarme es en otra cosa: en la principal falacia lógica que el artículo de Sostres encierra. Porque la tesis de fondo del artículo (con la que muchas personas sentirán la tentación de estar de acuerdo) es que son las personas emprendedoras las que, haciéndose millonarias, crean riqueza para el conjunto de la sociedad. Y de ahí deduce Sostres que debemos estar agradecidos a cada uno de esos emprendedores y, en particular, a Botín. Pero ni es cierto el enunciado de partida, ni son ciertas las deducciones que Sostres hace.

El enunciado de partida ("son los emprendedores los que, buscando hacerse millonarios, crean riqueza") solo es aproximadamente cierto. Ni están todos los que son, ni son todos los que están. Por un lado, no todos los que enriquecen a la sociedad se hacen millonarios con ello: un ejemplo sería Tim Berners-Lee, que creó las ideas fundamentales que dieron lugar a la World Wide Web y a la moderna Internet, y que puso sus ideas a disposición de todos, sin patentes y sin derechos de propiedad intelectual. Y como él, decenas de miles de investigadores que trabajan en universidades y centros de todo el mundo, cobrando sueldos más bien modestos, y que contribuyen a generar (a cambio de muy poco) una inmensa riqueza. Por otro lado, no todos los emprendedores que se hacen millonarios crean riqueza para la sociedad: Bernard Madoff se hizo inmensamente rico con su empresa de inversiones fundada en 1960...hasta que se descubrió en 2008 que todo era una estafa. Los inversores a los que Madoff engañó perdieron 18.000 millones de dólares. De haber muerto ese "millonario emprendedor" antes de descubrirse la estafa, quizá algún Sostres americano habría escrito un panegírico de Madoff tan entusiasta como el que nuestro simpático Sostres ha escrito sobre Botín.

Pero vamos a suponer que la frase es aproximadamente cierta. Vamos a suponer que "son los emprendedores los que, haciéndose millonarios, consiguen que todos los demás seamos un poco más ricos". De hecho, eso es lo que sucede (aproximadamente, como digo) en las economías de libre mercado. Admitiendo eso, la conclusión de Sostres ("hay que estar agradecidos a esos emprendedores") es, de todos modos, falsa.

La sociedad únicamente debería estar agradecida de que existan emprendedores, pero no tiene por qué agradecer nada (como Sostres sugiere) a ningún emprendedor concreto. Y la razón es muy simple: el emprendedor que enriquece a la sociedad y se hace con ello millonario, ya ha tenido su recompensa: hacerse millonario. ¿Por qué tendría nadie que besarle encima los pies? Podemos besar los pies, si queremos, a los que entregan gratis a la sociedad el fruto de su trabajo, pero quienes cobran ese fruto no nos están regalando nada: están, simplemente, haciendo negocio. Un negocio beneficioso para ambas partes, pero negocio al fin y al cabo. Dan algo útil a la sociedad y cobran por ello. Fin de la relación.

Para prosperar, una sociedad tan solo tiene que crear las condiciones para que los auténticos emprendedores puedan enriquecerse... y enriquecernos de paso. Pero lo que los emprendedores necesitan para desarrollar su potencial no es nuestra gratitud (que no tenemos por qué darles), sino solo que los dejemos operar sin trabas absurdas y sin impuestos asfixiantes.

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