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La izquierda en el laberinto de la prisión permanente

Esta semana hemos vivido uno de los espectáculos más bochornosos que se recuerden en el Congreso. El PSOE, Podemos y los grupos nacionalistas se han aliado para continuar adelante con los planes de derogar la prisión permanente revisable.

Y ello a pesar de que los españoles respaldan de forma abrumadoramente mayoritaria la prisión permanente: nada menos que un 80%, cuatro de cada cinco, están a favor, según la encuesta que realizó GAD3 para ABC hace menos de dos meses. Lo más curioso es que son los votantes socialistas los más partidarios de la prisión permanente: un 88% de los electores del PSOE la respaldan. Los menos partidarios son los votantes de Podemos, pero aún así, un 66% por ciento de sus votantes (dos de cada tres) respalda que se mantenga la prisión permanente.

Actualmente, la prisión permanente existe en Alemania, Austria, Australia, Bélgica, Bulgaria, Canadá, la República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Japón, Lituania, Luxemburgo, Malta, Holanda, Nueva Zelanda, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Suecia, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos. En Noruega no existe en teoría, pero la estancia en prisión de un condenado puede alargarse indefinidamente si continúa representando un peligro para la sociedad.

Por tanto, la prisión permanente se usa en casi todos los países democráticos avanzados como medio de proteger a la sociedad frente a delitos especialmente graves.

Y se trata de un sistema avalado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, existiendo al menos cuatro sentencias (para los casos de Francia, Chipre, Alemania y Reino Unido) que dejan claro que la prisión permanente, siempre que sea revisable, no es incompatible con un sistema penal orientado a la reinserción.

A todos nos parece bien que las personas que cometen un delito puedan reinsertarse. Nadie quiere negar a los demás la posibilidad de emprender una nueva vida tras cometer un error, por muy terrible que haya sido. Pero que queramos dar a los penados la posibilidad de reinsertarse no quiere decir que estemos dispuestos a que se los libere sin que se hayan reformado. Podemos darle a un asesino en serie la posibilidad de empezar de nuevo, pero es él quien tiene que querer empezar de nuevo. Y si no quiere, es problema suyo, no de la sociedad.

Y en muchos casos, ni siquiera se trata de que el condenado desee reinsertarse. Algunos asesinos simplemente no pueden reinsertarse, por problemas de psicopatía. Hablar de reinserción ante un psicópata con una patología mental que le impele a violar y apuñalar a mujeres es ridículo. A nadie se le ocurriría dejar que una persona con el virus del Ébola abandone el hospital y deambule por la calle, poniendo en peligro a otras personas, por mucho que ese enfermo desee salir en libertad. Entonces, ¿por qué tendríamos que permitir que enfermos mentales con psicopatías asesinas puedan salir y deambular por la calle, poniendo en peligro la vida de otras potenciales víctimas?

Fíjense en lo absurdo de la situación: si yo mato a alguien SIN QUERER contagiándole el virus del Ébola, me encerrarán en un hospital y no me dejarán salir hasta cerciorarse de que ya no soy un peligro para nadie; sin embargo, si mato a alguien QUERIENDO, porque tengo una psicopatía asesina, la izquierda oficial española pide que me dejen salir a la calle tras un cierto periodo de tiempo, aunque siga representando un peligro. ¿Qué lógica tiene eso?

¿Qué puede llevar a la izquierda oficial española, tanto política como mediática, a querer derogar la prisión permanente revisable en contra del sentido común, en contra de la práctica consagrada en los países de nuestro entorno y en contra incluso de sus propios votantes? Sinceramente, no lo sé.

Puede que se trate de una fijación infantil en ciertos mitos decimonónicos, como el de que es la sociedad la que empuja siempre al criminal a serlo, cuando lo cierto es que todos los estudios científicos muestran el papel que la psicopatía juega en muchos delitos violentos. En Estados Unidos, uno de cada seis reclusos muestra un perfil psicopático, según un estudio de Kiehl y Hoffman publicado en 2011 y el resumen de ese estudio es demoledor: los psicópatas tienen una posibilidad entre 4 y 8 veces mayor de reincidir y son inmunes a casi todos los tipos de tratamiento.

O puede que se trate, simplemente, de soberbia: quizá la izquierda oficial española considere que el legislador puede cambiar la realidad a placer, cuando lo cierto es que el ser humano no es infinitamente moldeable y ninguna legislación puede modificar ciertas cosas por decreto.

Como digo, no lo sé: no sé si es infantilismo o soberbia. O las dos cosas. Pero de lo que no hay duda es de que la izquierda oficial española está aquejada de ceguera: son incapaces de ver hasta qué punto es hiriente, incluso para sus propios votantes, verlos posturear de feminismo los días pares para votar a favor de la excarcelación de asesinos de mujeres los días impares.

Tendrán que ser los españoles en las urnas los que les hagan entender que un político no puede poner sus propias fijaciones mentales por encima de los intereses de la sociedad a la que aspira a dirigir.

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