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La solución a nuestros problemas

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Después de mucho darle vueltas al asunto, creo que ya tengo la solución a nuestros actuales problemas. Y es que no hay nada como volver a los clásicos.

En el Imperio Romano no tenían policías, como tenemos hoy en día, pero se protegían de los ladrones mediante un ingenioso procedimiento: las 'defixiones' o tablillas de maldiciones.

Por ejemplo, imagine que va usted a las termas a darse un tonificante baño. Si es usted un romano acaudalado, pues se lleva a su esclavo a que le vigile la ropa mientras se baña. Pero ¿qué pasa si usted, como casi todo el mundo, no es acaudalado? Pues que corre el riesgo de que algún amigo de lo ajeno le robe sus prendas de vestir o cualquier objeto de valor que lleve consigo. ¿Qué hacer en ese caso?

Pues muy sencillo: al percatarse del robo, va usted al tenderete preparado al efecto y escribe (o, generalmente, pide que le escriban) una tablilla de maldición. En ella, tras enumerar las cosas robadas, transfiere usted la propiedad de las mismas a algún dios romano en cuyos poderes confíe especialmente, y le pide al dios (o diosa) que castigue con todo tipo de males al ladrón, en caso de no devolver lo sustraído. Al transferir la propiedad de lo robado a los dioses, será a los dioses a los que el ladrón habrá robado, lo cual no solo añade gravedad al delito, sino que además atrae sobre el ladrón la cólera de una divinidad, mucho más temible que la de los simples seres humanos.

Para darle colorido a la cosa, puede usted describir los males que caerán sobre el ladrón tan explícita y repugnantemente como quiera, como por ejemplo, "que se le salgan los ojos de las órbitas, que se le pudra la lengua y que un león jorobado le devore los dedos de las manos y luego le echen sal en los muñones". También, aunque no es necesario, puede usted poner su propio nombre y, si sabe quién perpetró la fechoría, el nombre del ladrón.

Una vez hecha la tablilla, que normalmente es una fina lámina de plomo, puede usted enrollarla y depositarla en algún lugar sagrado, o bien exponerla en público allí mismo, donde se produjo el delito.

¿Y para qué servía esto? Pues muy sencillo: las tablillas ejercían sobre la mayoría de los romanos el mismo efecto terrorífico que los muñecos de vudú en otras culturas. Y algunos ladrones, al ver expuestas sus fechorías en público y al saberse potenciales objetos de las iras de los dioses, optaban por "redimir" la tablilla, devolviendo los objetos robados.

Nosotros los españoles sí tenemos policía, y tenemos jueces, y tenemos leyes que establecen una serie de castigos terribles para los amantes de lo ajeno. Pero lo cierto es que aquí nos han robado a espuertas y ningún político va a la cárcel casi nunca. Y nadie devuelve lo sustraído. Así que, de cara a ciertos delitos, es como si no tuviéramos ni fuerzas del orden, ni sistema judicial. Poco hemos avanzado a ese respecto desde los tiempos de Augusto. De hecho, en lo judicial estamos casi peor.

Por tanto, como aquí nadie hace nada, les propongo a ustedes recurrir al sistema romano, a ver si suena la flauta y a alguno le entra el canguelo y devuelve lo que se ha llevado.

Y con ese fin, esta noche colgaré en mi puerta una tablilla de maldición, con el texto siguiente:

¡Oh, dioses del antiguo pueblo ibero! Por esta tablilla os transferimos la propiedad de todo lo que nos han levantado estos mamones: lo del agujero de las cajas de ahorro, lo de la estafa de las preferentes, lo de los EREs, lo de la Gürtel, lo de Urdangarín, lo de Bárcenas, lo del Palau, lo de las ITV, lo de la operación Pretoria, lo del IVA de los coches en Navarra, lo del Cupo vasco, lo de la Pokemon en Galicia, lo de Emarsa en Valencia, lo de Unión Mallorquina, el Fondo de Liquidez Autonómica al completo, las subvenciones a partidos, las subvenciones a sindicatos, las subvenciones a patronales, las subvenciones a empresas mineras, las subvenciones a medios de comunicación, las subvenciones a películas de cine que nadie ve, las subvenciones a fundaciones, los fondos de ayuda al desarrollo que solo ayudan a los que tienen la mano muy larga, el coste de todos los organismos autonómicos inútiles, las comisiones por construcción de obra pública, los sueldos de todos los enchufados, el coste de la normalización lingüística, el presupuesto de todas las televisiones públicas, la nómina de los liberados sindicales, lo de las embajadas autonómicas y hasta la bolsa de Doritos que cargó aquel tío de Izquierda Unida al presupuesto de una diputación. ¡Todo eso es vuestro a partir de este momento, oh dioses!

Y como vuestro que es, os rogamos que lo recuperéis, y que aquellos que se lo han llevado crudo no puedan ni dormir, ni comer, ni ver programas de salsa rosa, ni partidos de fútbol, hasta que lo devuelvan. Y si aún así no lo devolvieran, que se vean obligados a tragarse todas las películas españolas que se estrenen. Y si aún así no lo devolvieran, que tengan que escribir un tratado sobre el pensamiento político de Zapatero. Y si todo eso fallara, que vuestra maldición, oh dioses, caiga sobre ellos. Y que se los coman los mengues.

Esta noche, como digo, colgaré esta 'defixion' en mi puerta. Y les invito a ustedes a colgar las suyas propias.

¡Avisados quedan los responsables de nuestra ruina! ¡Se va a enterar esta panda de aprovechados!

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