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Se aceleran las hojas de ruta

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¿Cuántas veces les he dicho que Rajoy había llegado a La Moncloa con la condición expresa de respetar todas las hojas de ruta puestas en marcha durante la etapa Zapatero?

Esta semana hemos podido ver dos nuevos ejemplos.

El martes, la Audiencia Nacional decidía poner en la calle anticipadamente a cuatro de los más sanguinarios etarras, entre ellos dos implicados en la matanza de Hipercor, que costó la vida a 21 personas, entre ellos 4 niños. El gobierno de Mariano Rajoy, cómo no, se ha escudado tras un embrollo jurídico, ha descargado la responsabilidad en los jueces y ha dicho que se muestra muy indignado. Pero los cuatro etarras están ya en la calle, mientras que sus víctimas no podrán salir jamás del cementerio. Y de esa forma continúa, de un modo u otro, el proceso de puesta en libertad de los asesinos de casi mil españoles.

El jueves, el gobierno de Mariano Rajoy ordenaba sacar de madrugada, para evitar protestas, otras 230 cajas de documentación del Archivo de Salamanca y entregárselas al gobierno separatista de Artur Mas. Culmina con ello el proceso de desmembramiento del archivo de la guerra civil. No sabemos aún cuánta documentación ha desaparecido ya para siempre.

No les voy a insistir en la monumental estafa perpetrada por el Partido Popular a sus electores. La mayoría de ustedes ya son conscientes de ella. Y quienes no sean conscientes a estas alturas, no lo van a ser nunca, aunque Rajoy nombrara a Bolinaga ministro de Interior.

Lo que sí voy a analizar son las consecuencias electorales de estos últimos movimientos, porque nos aportan alguna clave interesante acerca de lo que puede ocurrir a medio plazo.

Que ese tipo de humillaciones a los españoles en general, y a sus votantes en particular, perjudican electoralmente al PP, está claro: no sabemos cuántos votos más perderá el PP por la liberación de los asesinos de Hipercor, pero lo que está claro es que no va a ganar ninguno. Por tanto, esos movimientos (que van contra los propios intereses del Partido Popular) están dictados por los pactos previos que Rajoy suscribió antes de llegar a la Moncloa. No sabemos qué tipo de chantaje es el que opera, pero Rajoy hace lo que hace porque no puede hacer otra cosa. Aunque el partido se hunda por el camino.

Pero, aun partiendo de la hipótesis de que el PP tiene que cumplir las hojas de rutas acordadas con el PSOE, las cosas se puede hacer bien (tratando de minimizar los daños) o se pueden hacer mal, y en este caso se están haciendo muy mal, porque el daño de imagen para el Partido Popular es enorme. Recordemos que, según la última encuesta del CIS, el PP es ya el tercer partido en intención directa de voto, por detrás de Podemos y del PSOE. Y recordemos también que esa encuesta se realizó a principios de octubre, antes de conocerse la catarata de últimos casos de corrupción.

Por tanto, lo que el más puro instinto de autoconservación aconsejaría es que las nuevas traiciones a sus electores se dosificaran, tratando de espaciarlas en el tiempo, tratando de extremar la discreción y tratando de compensarlas con verdaderas buenas noticias en el terreno económico o con algunas otras medidas que aplacaran a sus votantes.

Y, sin embargo, lejos de intentar minimizar los daños, lo que vemos es una aceleración de las hojas de ruta, una huida hacia adelante que parece sugerir un desprecio total por las consecuencias.

Solo se me ocurren dos posibles explicaciones a esas repentinas prisas:

La primera es que las previsiones a medio plazo en el terreno económico no son buenas. O, por decirlo más claramente: que en 2015 la economía va a ir a peor, no a mejor. Si fuera a ir a mejor, las hojas de ruta no se acelerarían, sino todo lo contrario, porque lo lógico sería efectuar este tipo de traiciones ideológicas cuando la recuperación económica hubiera hecho subir de nuevo el nivel de voto del PP.

La segunda posible explicación es que las hojas de ruta se aceleran porque el tiempo se acaba, es decir, porque se está pensando ya en adelanto electoral, o porque hay miedo a que el gobierno caiga después de las municipales de mayo, para las que se prevé una pérdida de la mayor parte del poder territorial que el PP acumula.

Sea cual sea la explicación, lo que está claro es que quienes impusieron a Rajoy las hojas de ruta ya dan por amortizado al PP. Y, con tal de que esas hojas de ruta se cumplan, no les importa ni poco ni mucho si el Partido Popular desaparece por el camino.

Prepárense, por tanto, los militantes del PP para el hundimiento del partido, porque las hojas de ruta tienen que continuar su curso, sí o sí. Y se van a llevar por delante al partido de la derecha.

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