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El 'Kamasutra' catalán

La historiografía nacionalista catalana es una nueva rama del conocimiento que aúna la ingestión de setas con la indigestión de mitos.

Pablo Planas
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Aportaciones catalanas universales es el título del último best-seller de la historiografía catalana, una nueva rama del conocimiento que aúna la ingestión de setas con la indigestión de mitos. Inasequibles al desaliento, irredentos, henchidos de ardor patriótico y rebosantes de subvenciones públicas, los historiadores nacionalistas, que son lo que los curanderos a los médicos, se afanan en cumplir el recado mesiánico de convertir a Mas en descendiente pata negra de Carlomagno o, en su defecto, de Wilfredo el Velloso.

Reescribir la historia en clave micológica es un esfuerzo titánico que no admite medias tintas ni dudas razonables. Napoleón era catalán. Y punto. Sin miedo alguno, y menos al ridículo, la teoría sostenida es que el Sol gira alrededor de Cataluña, que El Quijote se titulaba Lo Quixot de L'Empordà y fue escrito por el catalán Miquel de Servent; que también eran catalanes Colón, Hernán Cortés, Pizarro y Patton, así como Leonardo da Vinci, de Vich en realidad, Santa Teresa de Jesús y Maroto, no el general sino el de la moto.

Además de inasequibles, son insaciables y nada queda fuera del alcance de estos chupacabras de mentes nacionalistas que encuentran el rastro de la catalanidad hasta en la Plaza Mayor de Salamanca. Ya no es de Churriguera sino de un tal Xoriguera de Arenys de Munt. Ojo, que primero se llevaron el Archivo y ahora parece que van a por la plaza, tal como advertía Dieter Brandau en su programa de esRadio.

El dicho volumen Aportaciones catalanas universales le ha costado al Ayuntamiento de Barcelona una pasta, diez mil euros cedidos a la causa editorial, según denuncia del candidato popular a la alcaldía, Alberto Fernández. Poco parece si se tiene en cuenta que el volumen lleva prólogos de Mas y Trias y arroja luz sobre los orígenes remotos del proceso separatista, nada más y nada menos que la existencia de un documento bautizado popularmente -esto es, por el antecitado Fernández- como el Kamasutra catalán. Que no es que el Kamasutra sea catalán, porque los historiadores nacionalistas tienen mucha imaginación pero poca gracia, sino que un catalán de finales del siglo XIV se tomó la molestia de transcribir el Liber de coitu de Constantino el Africano, copia a su vez de un manual árabe inspirado por su parte en el famoso Kamasutra hindú.

Bajo el título Speculum al foder o como Manual del fotre, sólo se conservan dos ejemplares en el mundo, el manuscrito original y fragmentos de una edición clandestina. Con todo lujo de descripciones y dibujos, se da cuenta de las más variadas formas de ayuntamiento (de ahí el sufragio municipal), de la preparación de bebedizos para el vigor, de posturas y postureos; es la primera hoja de ruta conocida (en Occidente) hacia el monte de Venus, un tratado completo de la coyunda en el que el ya se plantea la espinosa cuestión del derecho a decidir, si por detrás o a la canónica manera. Cuidado también con el Speculum, cuyos dos ejemplares vivos yacen en la Biblioteca Nacional de Madrid. Mañana mismo se pone Pilar Rahola a pedir en Twitter la devolución de este código de Hammurabi del sexo a la catalana.

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