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Un septiembre cualquiera...

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Dices que no te preocupa nada, que estás relajado y que llevas bien la organización de tu agenda y el calendario de las distintas actividades laborales que tienes que encajar cada día. Pero yo diría que hay algo que te ronda y que hace que duermas poco y que a veces estés de un humor menos luminoso. No digo que me quieras engañar, digo que te estás engañando a ti mismo, o quizá no eres consciente de estar rumiando algo en esa cabecita. Yo creo que es el libro de Fabio MacNamara, me da la impresión que hasta que no lo termines y lo entregues a la editorial no vas a descansar (mentalmente) de verdad. En cualquier caso me encanta levantarme a las seis de la mañana para descubrir que te has despertado antes y encontrarte con los cascos puestos revisando las horas y horas de conversación con Fabio que has grabado. Y me encanta participar contigo en la búsqueda de datos para confirmar los hechos relatados. Es una labor más de historia-antropología-hemeroteca, muy divertida. Ánimo, ya queda menos.

Pero sí es verdad que desde que tienes a alguien con quien compartir el trabajo de oficina y las cuestiones puramente burocráticas estás más liberado. Ya no te veo contestando el teléfono cada minuto, o revisando emails en la butaca del cine. Así que los ratos libres los aprovechamos mejor. Como nuestra escapada para ver a Raphael en concierto, siempre un acontecimiento de dimensiones divinas, según recoge el diccionario esta calificación : perteneciente o relativo a los dioses. Pues eso. A la entrada quisimos hacernos una foto con el cartel, pero el público no nos dejó, foto va, achuchón viene, así que lo dejamos para el final. Del concierto nada que decir que no se sepa ya. Casi tres horas de voz, de presencia, de canciones, de actitud. Una estrella. A la salida probamos a hacer la foto de recuerdo frente al cartel, de nuevo tanta distracción impidió que nos diéramos cuenta que es un cartel luminoso, que la foto se estaba haciendo de noche y que no pusimos el flash. Resultado : eras una aparición negra delante de Raphael. Pero me gusta. Por lo menos sí pudimos comprar el merchandising del puesto, el disco y una camiseta que estrenaste al día siguiente.

Siguiendo con nuestra ruta de visitar amigos de estreno, nos plantamos en La Fresh Galley para ver la exposición de David Delfín y, claro, fue imposible no caer en la tentación de comprar algo. Yo, un homenaje a Liberace. Y por fin conocí a Aless Gibaja, mi nueva adoración cuando cotilleo Instagram en tu teléfono, porque sigo sin estar convencida de abrirme una cuenta. Cada vez que me decido leo los comentarios horribles que algunas personas dejan en cualquier perfil de cualquier amigo y me echo atrás. De ahí cruzamos la calle para participar como cada año en la fiesta que Louboutin organiza en la Fashion Night Out de Madrid, anfitriones de una tienda que no necesita presentación, como sus zapatos joya de suelas rojas. Bibiana Fernández se engalanó para la velada. En el local se combina muy bien el ambiente muy cuidado con la diversión, momento cumbre de la noche cuando procedemos a la rifa que permite que el poseedor de las papeletas extraídas de la urna se lleve a casa alguna joya de la marca.

Apenas unas horas después viajamos a Avilés, donde yo tenía que dar una charla en el Centro Niemeyer sobre el cambio cultural en España desde finales de los setenta hasta nuestros días. Ya sabes que estas charlas son una de las actividades que más me divierten y que menos me estresan, ya ves tú, me estresa más pinchar como discjockey en un bar que plantarme en Harvard o en la UNESCO a hablar delante de mil personas. Además, tenía muchísimas ganas de visitar la última obra de uno de mis arquitectos favoritos. Aprovechamos para hacernos una foto ante la torre y para comer en el restaurante instalado en su interior, una de las experiencias más deliciosas que he vivido últimamente. Y por último, como mi charla estaba contextualizada dentro de la exposición del fotógrafo Pablo Pérez Mínguez, corrimos a visitar la muestra. Yo me fotografíe delante de mí misma en una imagen del día que cumplí 18 años, y tú, como no, delante de Fabio.

Al día siguiente, concierto de Fangoria y Nancys Rubias en las fiestas de San Mateo en Oviedo. He robado una foto del Instagram de Nacho para que recuerdes cómo se veían desde el escenario las 9000 personas de público, uno de los más divertidos del año. Eso sí, el concierto fue tarde y llegamos al hotel con el tiempo justo para sintonizar vía Internet la velada de boxeo de la temporada, en directo desde Las Vegas. Varios combates y la pelea estrella, mi paisano Canelo frente a Mayweather. Canelo derrotado, y nosotros más, porque con la diferencia horaria, al final nos acostamos pasadas las siete de la mañana. Hice varias fotos a la pantalla, mira qué mono Canelo. Otra vez será. Y aprovechando que justo ese día se celebraba la fiesta patria de mi país de nacimiento, grito ¡Viva México!

Vamos a usar este espacio para comunicarnos, dejarnos recados, enseñarnos las fotos y noticias que descubrimos... para contarnos todas esas cosas que no nos da tiempo a comentar en el día a día. Esto es, en definitiva, un blog cerrado al que sólo tenemos acceso nosotros dos, una extensión de nuestra vida

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