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Berna, un viaje a la Suiza medieval

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Seguramente que no son pocos los que pensarán que la capital de Suiza es Zurich, mientras que otros tantos apostarían por Ginebra si no les dejamos consultar Google. Sin embargo, la realidad es que es Berna. Desde luego, la ciudad a orillas del Aar (sí, ese río que conocemos por los crucigramas) no fue elegida por ser la mayor ciudad del país (de hecho, actualmente sigue siendo la cuarta), sino como un compromiso entre los cantones francófonos y los germanófonos.

En Berna, eso sí, se habla alemán y aunque no es una ciudad alemana sí es una ciudad suizo-alemana. Pero lo que a nosotros nos interesa es, sobre todo, es que es muy hermosa y vale la pena conocerla.

Patrimonio de la humanidad

El casco viejo de Berna fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983 y es una bellísima muestra de ciudad prácticamente medieval perfectamente conservada. Además, está ubicado en un emplazamiento excepcional: una península del río Aar que lo rodea por tres lados formando una gran U sobre la que la ciudad se eleva unos cuantos metros.

En esta zona privilegiada dos cosas nos llamarán la atención, además de los hermosos edificios, muy similares y formando un conjunto armónico: en primer lugar que prácticamente todo el centro de Berna se puede recorrer por magníficos soportales que nos protegerán del sol las menos veces y del frío las más.

Allí, bajo los arcos encontramos las muchísimas y buenísimas tiendas, los cafés y los restaurantes, allí transcurre buena parte de la vida social de la ciudad.

Y en segundo, las fuentes que vamos a encontrar en casi todas las calles y que, además, no están a un lado o sólo en las plazas, sino que ocupan un espacio privilegiados en el centro de la calzada. Todas son muy parecidas: una columna de la que salen cuatro caños y sobre ella una estatua de llamativos colores, de ellas mana un agua fresquísima y deliciosa que se puede y se debe beber.

Monumentos

Aunque sin duda lo mejor de la ciudad es recorrer sus tranquilas y hermosas calles, disfrutando de las vistas de los Alpes y de la ordenada tranquilidad helvética, Berna tiene también un rico patrimonio monumental que vale la pena conocer.

De lo primero que hablaremos, ya que estamos en Suiza, es de las torres con reloj. Hay varias en toda la parte vieja, pero una se lleva todo el protagonismo, la Zytglogge y su espectacular reloj, todo un show cuando da la hora: hay figuras que se mueven, ositos que entran y salen, un gallo que canta...

El mecanismo es nada más y nada menos que del S XVI, y se conserva casi intacto, con prácticamente todas sus piezas originales. Además, se puede visitar el interior de la torre y allí nos explican este mecanismo enorme y como hace cada una de las muchas cosas que hace el reloj. Y encima las vistas de la ciudad desde allí son preciosas...

Hablando de vistas, eso nos lleva al siguiente punto que hay que conocer: la impresionante catedral. Es de estilo gótico tardío y sólo tardaron cuatro siglos en terminarla del todo. En su portada, sobre la puerta principal, tiene un conjunto escultórico que muestra el Juicio Final, haciendo hincapié entre las diferencias entre el cielo y el infierno.

Las esculturas nos llamarán profundamente la atención por su peculiar realismo y, sobre todo, por su riquísima policromía: están completamente pintadas de vivísimos colores que se conservan perfectamente tras más de quinientos años... y una restauración de casi tres décadas hecha a finales del siglo pasado.

En el interior hay que fijarse en las vidrieras, casi todas originales del S XVI y que, en contra de lo que era más habitual, no fueron destrozadas durante la reforma. Por último hay que atarse los machos y subir a la torre, que es la más alta de las de iglesias suizas, justo 100 metros. Son sólo 322 escalones de ida y otros tantos de vuelta, pero vale la pena, no sólo por la vista sobre la ciudad sino también por el espectáculo de los Alpes, desde allí se ve toda una impresionante hilera de montañas, con varios "cuatromiles", entre ellos el Jungfrau, la montaña más alta del país (corrección: este dato, como bien apunta un lector es incorrecto, la montaña más alta de Suiza es el Pico Dufour, disculpen la confusión).

Algo de naturaleza

Hablando de montañas y exteriores, Berna tiene varios puntos para disfrutar de la naturaleza bien en la propia ciudad bien muy cerca. El primero de ellos es el Parque de los osos. Los osos son el símbolo de la ciudad y están incluso en la raíz de su nombre (Bär, es oso en alemán) y siempre ha habido algunos viviendo allí. Ahora se les ha construido un bonito parque junto al río y se puede ir a verlos retozar por allí, de hecho tanto foráneos como locales lo hacen y a todas horas hay un público numeroso.

Otra posibilidad es bañarse en el Aar, por sorprendente que pueda parecernos el agua está completamente limpia y, aunque también está algo fría, los que se atrevan se pueden bañar en varios puntos.

Por último, hay que visitar un interesante parque en las afueras, que en realidad es una montaña, la Gurten, que no Gürtel. Está al borde mismo de la ciudad (se va en tranvía en un rato) y se sube en un funicular que presume de ser el más rápido de Suiza.

Desde allí, además de fantásticos árboles y praderas enormes de césped en las que disfrutar del lugar de nuevo hay unas vistas estupendas, sobre la ciudad y sobre las montañas.

Arquitectura, arte, compras...

Aunque su merecida fama la tiene por la parte vieja, Berna también tiene un par de elementos muy interesantes de arquitectura moderna: el primero es el Zentrum Paul Klee, un museo dedicado a este pintor, nacido en el cantón bernés. El museo como tal está bien, pero al estar tan centrado en Klee la verdad es que te tiene que gustar mucho este pintor para que te entusiasme.

Lo que sí es muy interesante es el edificio, un proyecto de Renzo Piano realmente llamativo por su forma de olas metálicas y también por cómo se integra en el espacio que lo rodea.

Además, es muy recomendable visitar el Westside, que es un centro comercial diseñado por David Libeskind. No es demasiado grande aunque es un buen sitio de compras, pero el diseño es impresionante: paredes blancas que crean ángulos imposibles, escaleras mecánicas que parece que van a chocarse... Seguro que les sorprende.

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comentarios
1 Francisco, día

Tengo el privilegio de vivir cerca de Berna y la verdad es una ciudad que enamora a cualquier visitante a Suiza. Sólo una pequeña corrección, la Jungfrau (que es "la Virgen" en alemán) no es la montaña más alta de Suiza (lo es el pico Dufour en el macizo del Monte Rosa), siendo superada por un gran número de picos en los alpes Peninos, como el mencionado Dufour, en el cantón del Valais.

2 Francisco, día

Estuve en Berna hace 15 días, y no tuve tanta suerte ni con el tiempo ni con las obras, me recordó el Madrid de hace unos pocos años. De todos modos qué buen fotógrafo! A mi me llamó la atención también el apartamento de Einstein y la cubierta de la estación de tren. Saludos. Por cierto que feas las arañas, tanto ésta como la de Zürich. Saludos.

3 Carmelo Jordá, día

Hola, Pues tienes razón Francisco, me comentaron algo y, o mi interlocutor no estaba muy enterado o debí entenderlo mal y luego, lamentablemente, no comprobé el dato. Gracias por la aclaración. Y gracias también al segundo Francisco por tu opinión sobre las fotografías. Por cierto: ya me comentaron cuando yo estuve por allí que este verano había obras y estaban preocupados. Allí, eso sí, suelen ser algo más eficaces y apuesto a que la zanja dura bastante menos que la madrileña. Un saludo, Carmelo Jordá

4 Emilio, día

Estuve en Suiza la semana pasada en Berna y en la región del Jungfrau y desde luego es espectacular, Francisco que envidia me das. Por cierto el Jungfrau no es efectivamente la montaña más alta aunque sí que tiene la estación de tren más alta de Europa, a más de 3000m de altitud, quizá de ahí la confusión

5 blanshi, día

Mi ciudad favorita de Suiza. Y de los alrededores ni hablamos, ¡impresionantes! Berna es un destino estupendo para una escapada.

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