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Jemaa el Fna: la plaza que es un mundo

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Si uno está interesado por los viajes y por la literatura y el periodismo viajeros es imposible no haber oído hablar de Jemaa el Fna, la plaza más famosa de Marrakech y de Marruecos y uno de los más conocidos reclamos turísticos de todo el país alauita, así que al llegar por fin al lugar sentía una cierta emoción, una inmensa curiosidad y, todo hay que decirlo, un poco de miedo por las elevadas expectativas.

En todo eso pensaba según me alejaba de la Qutubía y entraba en el gran espacio que es la plaza, pero pronto dejé las ideas previas y me sumergí en lo que me encontraba en ese inmenso lugar en el que caben tantas cosas: los puestos de comida, lo más visible durante la noche en la que ocupan buena parte de la plaza con sus luces y su apetecible olor a fritanga; la gente tirada por el suelo leyendo la buenaventura o vendiendo vaya usted a saber qué; los vendedores de delicioso zumo; los contacuentos a los que tantos escuchan con atención.

Evidentemente parte del espectáculo, aunque sería mejor decir de los espectáculos, está montado para que lo vea el turista o al menos para sacarle los cuartos, como los jóvenes que improvisan combates de boxeo de ferocidad más que limitada y tras unos pocos saltos, tres o cuatro golpes fingidos y muchos empujones se dan la vuelta para pedir unas monedas...

Pero también hay parte, y mucha, que me parece de lo que la plaza ha sido toda la vida, mucho antes de ser un reclamo turístico: los hombres que cuentan cuentos ante una pequeña multitud; los que hablan a unos pocos y repiten mucho la palabra Allah, la única que puedo entender; las mujeres que venden cualquier cosa en el suelo; los juegos de habilidad montados con unas pocas botellas y unos palos con cuerdas que hacen como de cañas de pescar...

Y sobre todo el permanente ir y venir de gente que se para, pregunta, observa, hombres que hablan entre ellos o con los tenderos, mujeres veladas que arrastran a varios niños, jóvenes que parece que vayan a la caza de algo... también turistas, por supuesto, pero no sólo.

Comer barato y bien

Los puestos de comida en Jemaa el Fna son, para mi sorpresa y supongo que para la de muchos viajeros melindrosos, una excelente opción para una auténtica cena marrakechí que, además, nos costará muy poco dinero.

Son pequeños tenderetes en los que dos o tres personas atienden al público y cocinan al mismo tiempo, la gente se sienta en bancos alrededor del propio puesto o en mesas largas que comparten con otros clientes.

Los tenderos son amables, te invitan a comer en su negocio pero no insisten hasta la pesadez que es frecuente en otros lugares de Marruecos, además permiten que les hagas fotografías sin irritarse o pedir dinero a cambio, mientras que los restantes habitantes de la plaza o se enfadarán con nosotros directamente o nos pedirán un pago por la foto robada.

Por supuesto, no todos los puestos nos resultarán apetecibles, no por las condiciones de higiene que son buenas y muy similares, sino porque hay "especialidades de la casa" a las que no estamos demasiado acostumbrados: las cabezas de cordero sobre la mesa o las grandes bandejas de sesos son dos ejemplos de esto, pero también se pueden comprar deliciosos cuscús o unos calamares fritos que me hacían sentirme como en la Plaza Mayor o en Atocha.

Y también el Zoco

Jemaa el Fna es inseparable, creo yo, de los suks, el Zoco de la ciudad, la inmensa y laberíntica zona de callejuelas llenas de tiendas que empieza en lado norte de la plaza y que se prolonga lo que parecen hectáreas y hectáreas de calles cubiertas y repletas de comercios.

La sensación al recorrerlo es la de estar en un auténtico bazar oriental: incluso con ese punto un poco mareante que tiene ver tantas tiendas tan cargadas de productos a la venta. Los tenderos nos esperan a la entrada, sentados y dejando pasar al público, pero en cuanto manifestamos algo de interés se convierten en amabilísimos comerciantes, también con ese zalamero toque oriental tan lejano a nuestros centros comerciales.

Como en la propia plaza, en las calles de los suks se unen y conviven el espectáculo turístico y el día a día de Marrakech: hay tiendas de souvenirs pero también las hay pensadas para los propios marrakechís, especialmente si salimos de las calles principales. Incluso podemos encontrar detalles como una pequeña mezquita en la que comerciantes y clientes se reúnen para sus plegarias.

Además, el Zoco es hoy por hoy un buen lugar para comprar: entre las miles de tiendas las de hay de baratijas que serán un buen recuerdo, pero también espectaculares establecimientos que podrían trasladarse, excepto por su mugrienta entrada, a cualquier calle cara de nuestras ciudades.

Por último, si hay algo "típico" de Marrakech son los viejos ciclomotores en los que circula buena parte de la población, siempre con más de un viajero y en ocasiones con toda una familia encima: padre, madre y dos niños y una suma total de cero cascos. Ni siquiera en las estrechas callejuelas del zoco nos libramos de ellos: pasan por nuestro lado a toda velocidad y tocando el claxon como si fuera lo más normal del mundo y los raros fuésemos nosotros por ir caminando entre las tiendas.

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comentarios
1 José Luis, día

El próximo día 24 hace un año que casí nos matan a mi mujer y a mí en un atraco en Marrakech, en su avenida principal y más turística, a 150 m de los hoteles de 5 estrellas. Yo me llevé 12 puntos de sutura en un ojo, sin anestesia y en condiciones de higiene nulas (camilla ensangrentada y llena de tierra y hormigas, material sin esterilizar y médicos sin guantes). En la "ambulancia" de camino al "hospital", una furgoneta sin medios, me dieron literalmente una catequesis de lo bueno que era el Islam. En la comisaría me obligaron a firmar 5 documentos en árabe sin darme copia y sin dejarme señalar que yo no entiendo árabe, bajo amenaza de "dejarme en la calle sin pasaporte y a ver cómo me las apañaba" (eran las 4:30 de la madrugada). Un trato exquisito... El día anterior me atropellaron con una de esas motos tan "típicas". Es cierto lo que comenta el redactor, el ambiente al que te transplanta parece la Edad Media... El problema es que no es que lo parezca, es que lo es.

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