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'El grito' visto por Munch

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Es sabido: una de las cuatro versiones supervivientes de El Grito de Edvard Munch se subastará el próximo 2 de mayo en Nueva York. Data de 1895, dos años después de que el artista noruego presentara el primero de sus Gritos, considerada "la imagen definitoria de la modernidad" y hoy reutilizada como un icono pop en Los Simpson o en las películas de la serie Scream.

Pintado al pastel sobre una tela, la pequeña pieza propiedad del empresario Peter Olsen es la que presenta los colores más vivos y la única en manos de un coleccionista privado. Hay versiones de El Grito en el Museo Nacional de Noruega (la primera de 1893, robada en 1994 y recuperada un año después); y en el Museo Edward Munch de Oslo (otra de 1893 y una más de 1910, esta última robada en 2004 y recuperada al año siguiente).

Sotheby's ya ha seleccionado a la selecta docena de coleccionistas que pujarán por el cuadro y estima que el precio de salida estará en torno a los 80 millones de dólares. "¿Quién querría tenerlo en casa?", bromea la señora Rachel Campbell Johnson, crítico de arte de The Times, a propósito de la atmósfera de paranoia y angustia concentrada en esta imagen autobiográfica. "La enfermedad y la locura fueron los negros ángeles de la guarda en mi cuna", escribió Munch, precursor del expresionismo y hombre atormentado y proclive a la depresión, como sus coterráneos escandinavos Ibsen y Strindberg.

Menos sabido es que la versión de El Grito que se subastará el próximo 2 de mayo la pintó Munch para ilustrar un poema propio, en el que evoca la composición de su cuadro más famoso.

Pido perdón por una traducción del inglés carente de la menor gracia literaria:

"Estaba paseando con dos amigos. El sol se ponía. El cielo se volvió de un rojo sangriento. Sentí un vahído de melancolía. Me sentía mortalmente cansado sobre el fiordo azul y negro. De la ciudad colgaban sangre y lenguas de fuego. Mis amigos siguieron caminando. Yo me quedé atrás, estremecido de ansiedad. Sentí el gran grito en la naturaleza".

Ciertamente, Munch no era lo que se dice la alegría de la huerta escandinava. Pero gracias a sus propias palabras, hoy sabemos un poco más de una imagen que no deja de irradiar misterio, más de cien años después de ser inventada.

 

(Nota: la imagen que ilustra este post corresponde a la versión de El Grito que será subastada el próximo 2 de mayo en Nueva York)

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comentarios
1 Justivir, día

En la crítica de arte o en la apacible descripción de sensaciones durante la visita a un museo o a una exposición hallamos algunas de las expresiones más acabadas de buena literatura. A cuenta del último icono pop que va a ser subastado por una cantidad astronómica me viene a la mente la necesidad de cuadrar balances. La urgencia de transformar unos activos sometidos a las fluctuaciones del mercado por otros cuyo valor sólo se sujeta a la irracionalidad y a las sobornables páginas de unas cuantas publicaciones de arte explica, a mi triste juicio, la mascletá que anda prendida con el dichoso cuadro. Para mi acaso no sea todo esto más que el ansia, el ansia viva, de admirar algo y de pregonar por las esquinas las cualidades del feísmo haciendo la corte a su contravalor económico. A mi lo que me parece que es que lo único que tiene un valor inapreciable es la vacuidad humana.

2 EspeMall, día

Me produce profundo desazón. A pesar d q valoro sus cualidades, no lo compraría ni lo colgaría en mi casa

3 missi, día

Dicen que 'El grito' es una obra de arte, y yo me lo creo y me da lo mismo si me gusta o no, nunca aplico el criterio gastronómico en el arte. Personalmente prefiero el expresionismo abstracto o el incipiente naif ingenuo, pero creo que el modernista es el más expresionista de todos. No sé si ésta es la obra 'definitoria de la modernidad', lo que sí sé es que ha sido, y es, uno de los iconos propagandísticos, que no artísticos, de los progresistas. Yo prefiero abstraerme a la utilización y mirar como aficionada, recordando a Ortega cuando dice que lo de menos es la obra considerada individualmente, que lo importante es descubrir una nueva sensibilidad estética que representa lo genérico, el 'ambiente', lo que se intuye o vive, porque el arte representa la realidad. La realidad vivida desde un lado y la contemplada desde el otro. No es fácil para un artista huir de la realidad, continúa, porque lograr construir algo que no sea copia de lo 'natural' y que, sin embargo, posea alguna substantividad, implica el don más sublime... A propósito de los retratos, dice Ortega: "¿Qué tal si, en lugar de querer pintar a ésta (la realidad), el pintor se resolviese a pintar su idea, su esquema de la persona? Entonces el cuadro sería la verdad misma ... renunciando a emular la realidad, se convertiría en lo que auténticamente es: un cuadro -una irrealidad".

4 Justivir, día

Aunque las tomes de Ortega (o precisamente por eso), Missi, son sensacionales y muy bien traidas tus definiciones.

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