El Gobierno está queriendo estirar el discurso del crecimiento del PIB hasta límites insospechados. Límites que van mucho más allá de las fronteras de la realidad. Quien parece haber cogido este testigo con más fervor del esperado ha sido el nuevo y flamante ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que se estrenaba esta semana en sus nuevas responsabilidades con varias comparecencias públicas. Unas intervenciones en las que se ha adornado presumiendo de que, gracias a la gestión del Gobierno de Sánchez, los españoles han visto cómo el salario medio ha crecido en España, gracias a la modernización y al crecimiento de sectores de mayor valor añadido y también gracias a la subida del SMI.
Pero no se ha quedado ahí. Cuerpo dice que España no es un infierno fiscal. Y lo dice coincidiendo con la presentación del Impuestómetro del Instituto Juan de Mariana, en el que queda meridianamente claro que gracias a Montoro primero, y a Sánchez después, España se ha convertido no sólo en un infierno fiscal, sino en un Estado confiscatorio, que se queda con más de la mitad de lo que los españoles ganan por su trabajo, y además exige su parte del resultado de las inversiones que los españoles hacen con lo poco que consiguen ahorrar después de pagar impuestos y gastos corrientes.
Dice Cuerpo que los ingresos de los hogares están creciendo de forma significativa impulsados por mayores y mejores empleos y una mejoría clara de los salarios. Esta afirmación sólo puede ser sostenida por los cerca de 3,6 millones de funcionarios y empleados públicos y los 10 millones de pensionistas, a quienes sí que se les han mejorado sus remuneraciones por encima de la inflación.
Sin embargo, para autónomos, empresas y trabajadores, los salarios están estancados en términos reales en los últimos 30 años. No son pocos los economistas que han afeado a Cuerpo su insistencia en negar la realidad que viven millones de familias en España incapaces de llegar a fin de mes y con una perspectiva nefasta con la inoperancia de mercados ultraintervenidos como el energético o el de la vivienda.

