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Javier Somalo

¿Nación española? Estado palestino

No es de extrañar que un presidente aupado al poder por la estructura política de una banda terrorista visite Israel como embajador de Hamás, otra banda terrorista.

No es de extrañar que un presidente aupado al poder por la estructura política de una banda terrorista visite Israel como embajador de Hamás, otra banda terrorista.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al primer ministro de Bélgica, Alexander De Croo y el presidente de la Autoridad Nacional de Palestina, Mahmud Abás. | Moncloa

Las palabras de Pedro Sánchez "dan un impulso al terrorismo". Es una afirmación que no sorprende, al menos en España. Pero ahora se dice también fuera de nuestras fronteras. Estamos de moda, Spain is different para lo malo y lo peor.

La visita del presidente español a Israel, estreno oficial exterior desde la investidura, no ha podido ser más acorde al nuevo gobierno. La dedicatoria del impulso terrorista ha sido parte de un durísimo discurso de Benjamín Netanyahu contra Pedro Sánchez. Ni siquiera se le esperaba por allí aunque sacara pecho como presidente de turno de la Unión, pero menos aún para empeorar las cosas y lanzar proclamas contra Israel. Así es la España de Sánchez, agrava las peores situaciones.

¿Por qué íbamos a tener sólo un "asunto interno", como dice nuestra cobarde Europa, si podíamos tener también uno exterior? No es que Sánchez haya desairado a Israel con los habituales discursos indocumentados propalestinos, que siempre pueden matizarse, es que ha dicho que hará lo que le dé la gana, con independencia de la postura que adopte Europa, provocando un incidente diplomático.

"Ha llegado el momento para la comunidad internacional y para la Unión Europea de reconocer de una vez el Estado de Palestina. Es algo que merece la pena, que reviste la suficiente importancia y que la UE tiene que hacer de forma conjunta. Pero si este no es el caso, España tomará sus propias decisiones".

Lo que sí ha llegado es el momento de reconocer que Palestina, basta con preguntárselo a sus autoridades, no tiene interés alguno en ser un Estado. Eso es lo que querría Israel: dejar de vigilar al vecino por terrorista y tener en su lugar un Estado. Pero es que Sánchez, andando no mucho el tiempo, tratará de justificar que quien sobra es Israel. Ese es el Estado que reclama Hamás, no el pueblo palestino: uno sin Israel al lado. Y mientras eso no suceda, Hamás sólo aspirará a mejorar la calidad de sus cohetes, el adiestramiento de sus terroristas y el engaño a los ciudadanos que pone a dormir encima de arsenales.

Tenemos un presidente que, tras visitar los restos del horror del ataque a los kibutz, mantiene la tesis implícita de que esos asesinatos están justificados. Es exactamente lo que hace, aunque haya condenado "las atrocidades absolutamente estremecedoras", cuando aboga por Hamás mientras pisa sangre israelí. Una desvergüenza de la que en España guardamos memoria muy reciente, pues es la forma en la que ETA ha conseguido sus fines.

Conviene recordar aquella ponencia Oldartzen de 1995 en la que los terroristas, con el apoyo de la Mesa de Herri Batasuna, decidieron "socializar el sufrimiento" y extender los atentados, más allá de militares y policías, a todo aquel que no comulgara expresamente con ETA, sobre todo políticos pero también ciudadanos de a pie. Siempre que la banda pretendía negociar para ganar, ponía un cadáver encima de la mesa. Les sirvió. Tanto, que les mereció la pena cerrar la persiana y vivir en el poder y sin riesgos. ¿Mejor así? Nunca. Lo que funciona siempre se repite.

No es de extrañar pues, que un presidente aupado al poder por la estructura política de una banda terrorista visite Israel como embajador de Hamás, otra banda terrorista experta en socializar, o sea extender, el sufrimiento a la población civil indefensa. La diferencia es que Hamás reparte el dolor también entre los suyos.

Si faltaran detalles para documentar la ignominiosa visita de Sánchez recordemos que su nuevo Gobierno incorpora a dos ministros que se negaron a condenar en el Parlamento europeo la masacre de Hamás. El de Cultura, Ernest Urtasun, y la de Infancia y Juventud, Sira Rego, la amiga de Lenin. La resolución fue aprobada por 500 votos a favor y 21 en contra, dos de ellos de nuestros ministros. Pues eso, como hacía Batasuna con los crímenes de ETA, su filial armada. Añadamos, pues, a los ismos que adornan a Sánchez —comunismo, separatismo, golpismo y terrorismo— el del antisemitismo.

La legisladura ha empezado

Bajo la forma de una legislatura democrática se esconde una dictadura que va cobrando fuerza con acciones concretas. Cada día hay un avance, más bien un retroceso, dentro y fuera de España.

Sánchez ha llegado para (intentar) quedarse imponiendo su voluntad sin más ley que la que le beneficie. Lo que dice en Israel es lo que hace en España: tomar decisiones personales sin observar legalidad adversa. Lo está haciendo en la Justicia, clave para desactivar las defensas democráticas, y lo hará en todos los ámbitos, incluida la política exterior.

Pero ¿qué decisiones puede tomar España al margen de la UE respecto a Israel? ¿Reconocer en solitario un Estado palestino terrorista? ¿Financiarlo? No dudemos ni un momento de su temeridad. Tendría de su parte a unos cuantos países árabes y americanos que apoyarían el golpe en España.

Su Cataluña rebelde lo está deseando y no en vano ya da pasitos como el perpetrado una vez más por el ayuntamiento de Barcelona, ya sin Ada Colau pero igual de antisemita con Jaume Collboni, con los votos del PSC. Rompen —o interrumpen relaciones— con Israel y promueven el boicot económico a los intereses israelíes. Alguno morirá de cáncer pensando que el tratamiento que recibía era fruto de un ingenio catalán.

La idea de Estado del PSOE y sus socios puede acabar con España y con Europa, la cobarde Europa que duerme ciega, sorda y rica. ¿Será también esto un "asunto interno" de España? Pues cuidado: esta pesadilla es el sueño de muchos.

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