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Cuando viajar y fotografiar es un asunto de pareja

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Estoy preparando un viaje con unos amigos (ya les contaré más detalles cuando llegue el momento) y ayer mismo uno de ellos me avisaba de que mi afición por la fotografía me podía costar tener que dar alguna carrera “si te paras media hora a hacer una foto”.

La verdad es que ir acompañado de un fotógrafo aficionado debe ser algo de lo más molesto: ahora me paro aquí, ahora doy la vuelta por allí, me agacho me levanto me subo a un banco, vamos a quedarnos media horita que la luz será mejor… Y las que más lo sufren son nuestras parejas, pacientes seres que han depurado el arte de “esperar un minuto que hago una foto” hasta llevarlo a un grado digno de todo encomio.

No obstante, tampoco conviene abusar más de lo necesario de la paciencia de nadie, así que me han parecido especialmente adecuados (y divertidos), los consejos que he encontrado en Backfocus
(no recuerdo cómo, lo siento), un blog sobre fotografía que parece bastante interesante y que desde ahora está en mi RSS.

Los consejos del autor del artículo, Miguel Michán, son estos (no dejéis de leer las explicaciones más detalladas en la fuente original):

- Ve al viaje con los deberes hechos, planifica.
- Aprovecha los amaneceres, tendrás un mínimo de dos horas hasta que tu pareja se despierte y podrás reservarle el atardecer a el/ella.
- No hagas fotos porque sí.
- Hazle fotos a tu pareja.
- Regálale una cámara. (Éste lo ha recomendado una lectora en los comentarios, pero he de decir que a mí no me ha funcionado mucho).
- Estas de vacaciones, que se note, descansa.

Además, de mi propia cosecha añadiría un par más:

- Obtén algún resultado tangible después del viaje: haz ampliaciones, prepara un libro de los que ofrecen todas las webs de revelado, incluso una presentación que colgar de la web o mandar por correo… algo que se pueda “tocar”, que puedas compartir con tu pareja, que él/ella disfruten como propio y que también sirva para recordarles ese estupendo viaje.

- Intenta explicarte: si tu pareja no es aficionada a la fotografía no sólo se aburrirá esperándote sino que, además, no entenderá qué necesidad hay de hacer todas esas gilipuerteces que haces cámara al ristre, si le cuentas que cruzas la calle para que salga tal o cual cosa o que la foto está mucho mejor si haces esto y lo otro, seguirá necesitando paciencia y siendo un santo o una santa, pero quizá se sienta algo más implicada en el tema y, sobre todo, le cueste algo menos ser comprensiva o comprensivo.

Y, sobre todo, que no se nos olvide que, como bien dice Miguel, “el mundo no se va a acabar por que un día dejes la cámara colgada del hombro y te limites a disfrutar del lugar, la compañía y todo lo demás”.
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