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Dos sobre el turismo sexual, una de ellas sin gracia

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Encuentro por la red dos noticias sobre turismo sexual que, pese a ser bien distintas, agruparé en un único post, ya que, al fin y al cabo, tienen como tema principal la misma pulsión humana.

La primera, más preocupante en cierto sentido, nos habla del importante aumento de mujeres que están eligiendo África como destino para el turismo sexual. La cosa resulta sorprendente, aunque no es tan nueva como podría parecer.

No me parecería un tema problemático (si una mujer adulta quiere disfrutar así de sus vacaciones no seré yo el que la critique, allá ella con su cuerpo y las precauciones sanitarias que tome), sin embargo, parece ser que muchos menores están tomando parte de esta “fiesta”, concretamente las estadísticas de UNICEF hablan de hasta un 30% de niños entre 12 y 18 años relacionados con este turismo sexual y con redes de prostitución.

Si bien no es extraño que las estadísticas de la ONU y sus organismos estén un poco infladas, la cifra sería aterradora incluso si introducimos un factor de corrección fuerte.

En un plano más intranscendente y divertido tenemos lo que está ocurriendo en la villa austriaca de Fucking, un pueblecito de la región de Alta Austria que ha recibido una indeseada fama gracias al significado en inglés (no es necesario que se lo traduzca, ¿no?) de su nombre, cuya etimología germana no tiene, evidentemente, ningún tipo de connotación sexual.

Pues bien, tras enfrentarse a la plaga de graciosos que robaban la señal de carretera de entrada al pueblo ahora Fucking tiene, al parecer, otro problema, tal y como señalaban en Viaja Blog:

Se ha puesto de moda entre las parejas visitar el cartel y grabar escenas pornográficas con el nombre del pueblo como imagen de fondo. Algunos se ellos se han colgado en páginas de internet
Si bien este algo menos costoso para las arcas municipales este tipo de publicidad no ha sido muy del agrado de los habitantes de la villa, que deben estar hartos de la tontería, así que han “contraprogramado” colocando cámaras de seguridad en los letreros, una medida que, la verdad, no sé hasta que punto hará desistir a los pornógrafos.
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