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El Valle de Arán en verano, ¿por qué no?

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Los que frecuenten este rincón viajero de Internet quizá recuerden que tengo cierta manía por visitar los destinos fuera de las fechas en las que se supone que hay que visitarlas: las ciudades cuando no sean sus fiestas, las playas en invierno y, por qué no, las montañas en verano. No extrañen, por tanto, de que les proponga el Valle de Arán, esa maravilla en el corazón del Pirineo, para estas fechas calurosas en las que ya nos encontramos.

Les confieso, eso sí, que yo lo hice a principios de octubre, en un momento que tampoco era el mejor, un poco tarde o un poco pronto, según se mire. Aún así, antes de la llegada al bosque del otoño y de las nieves y demasiado después del deshielo, sólo con atravesar el famoso túnel de Viella nos damos cuenta de que hemos llegado a un lugar especial, a un rincón distinto.

No es la propia Viella, sin embargo, una ciudad –ciudad pequeña o pueblo grande, ahí anda entre una cosa y otra- especialmente bella, aunque sí tiene un aire alpino, civilizado y agradable en cada uno de sus rincones. Además del espléndido panorama de montañas que la rodean y que dibujan siempre un horizonte cercano pero grandioso, imponente.

De pueblos

Lo mejor no obstante, está superando los límites de la ciudad, recorriendo los preciosos pueblos que van encaramándose por los valles más estrechos. Algunos son tan bonitos que parecen un decorado, tanto por su ubicación en medio de la naturaleza exuberante como por su propia fotogenia y, un detalle que quizá les llame la atención, porque están limpios y cuidados como si no viviese nadie allí. Lo que obviamente no es cierto aunque en parte sí lo sea: son lugares cuya población crece mucho en temporada.

Garós, Gessa, Salardú, Artíes… son algunos de los pequeños pueblos cercanos a la archifamosa Baqueira Beret, en uno de los rincones más hermosos del valle. Están separados por distancias cortas, lo que los convierte en ideales para hacer rutas senderistas entre ellos, a través de caminos relativamente suaves y en su mayor parte a la sombra del espesísimo bosque, casi siempre con el sonido del Garona a nuestro lado, aunque el gran río es todavía poco más que un arroyo camino de la ya cercana Francia.

Y además de los paseos, de las vistas, del contacto con la naturaleza, de la tranquilidad… en todas estas pequeñas encontraremos rincones en los que disfrutar de la buena mesa, con un nivel claramente por encima de lo que cabría esperar en una lejana zona rural –el exclusivo turismo de Baqueira tiene estos efectos secundarios- con restaurantes rozando con el lujo y también con lugares de un interesante nivel medio en los que tomar una deliciosa olla aranesa, como Eth Cerer, un agradable restaurante con comida y ambiente agradable y una larga carta de vinos.

Cerca de las cumbres

También hay que adentrarse más allá de los valles, en las cercanías de las cumbres o, si tienen ustedes el tiempo y los ánimos, en las mismas cumbres. Un lugar idóneo para ello es el Circo de Colomers, un espectacular circo glaciar que puede ser motivo de una excursión de un nivel bastante alto o de un maravilloso paseo familiar durante unas pocas horas.

El camino parte de Salardú, a través de una maravillosa pista forestal que les hará subir por uno de los más hermosos valles glaciares que he visto nunca. Sorteando vacas y caballos que pastan en lo alto de la montaña, subiendo curva tras curva y descubriendo a cada recodo un rincón aún más hermoso que el anterior.

Más adelante hay un pequeño aparcamiento en el que dejar el coche, y desde allí empieza el camino a pie, con un primer tramo prácticamente en escalera pero algunos más confortables más adelante, y en cualquier caso un recorrido apto casi para cualquiera, incluyendo niños.

El premio final serán unas vistas espectaculares del circo, sobre un lago represado en el que se reflejan los picos adquiriendo un aspecto aún más imponente. Subirse a ellos también es posible, pero este modesto viajero no lo intentó y, desde luego, es una excursión que ya no entra dentro de mi concepto de turismo familiar.

Con niños, sí

Un turismo familiar, por cierto, que es uno de los puntos fuertes del Valle de Arán: una zona que además de esos paisajes impactantes y las muchas posibilidades deportivas nos ofrece otras actividades de los más variados tipos, siempre -o casi- en contacto con la naturaleza…

Una por ejemplo es el Aran Park, en el que se pueden contemplar animales en semilibertad –sí, se que es un término curioso-. Otro es, por ejemplo, Naturaran, uno de esos lugares para hacer recorridos por los árboles –"parques de aventuras" los llaman- en el que realmente toda la familia se puede divertir triscando entre circuitos de ejercicios y tirolinas de distintos grados de dificultad.

Y un tercero es el Teleférico de la Vall Fosca, de nuevo tras un trayecto largo, complicado y hermoso en uno de los rincones más alejados del valle, pero que sin duda vale la pena recorrer no sólo por el premio final -a este respecto, consulten los horarios, por si acaso- sino, como ocurre casi siempre en Aran, porque el propio camino es en sí mismo excusa más que suficiente.

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