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Hoteles que me gustaron: Convento Val de Pereiras, Portugal

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Hace ya casi año y medio disfruté de una semana de vacaciones en Portugal para la que elegimos un pequeño hotel rural en la zona norte, cerca de Braga y Oporto. La experiencia fue muy safistactoria y creo que merece por tanto ser el primero de los "hoteles que me gustaron" de los que hablaré aquí.

Para ello rescato y adapto el artículo que ya publiqué sobre él en mi antiguo blog en Periodista Digital, al fin y al cabo, éste ya no está disponible, así que no es mala idea del todo darle nueva vida en el ciberespacio a este artículo.

Tuvimos en nuestras vacaciones portuguesas cierta mala suerte con los días elegidos: aunque no al mismo nivel que en la cercana Galicia (les recuerdo que esto era el verano del 2006) hubo varios incendios y, sobre todo, unas temperaturas muy encima de lo que buscábamos y de lo que por allí es habitual, aun en fechas veraniegas.

Sin embargo, sí tuvimos suerte en otros aspectos, por ejemplo en la localidad que habíamos elegido, casi por azar, como “campo base” de nuestras operaciones: Ponte de Lima, que resultó ser un pueblo muy bonito, bastante animado y con buenos restaurantes, un elemento que si bien no es esencial en un viaje si que es particularmente gratificante, al menos para un servidor.

Ponte de Lima, además, tiene la ventaja de ser una localidad que está bastante bien comunicada y que permite visitar sin excesivo esfuerzo un buen número de lugares muy interesantes del norte de Portugal: Braga está a sólo 30 kilómetros, Viana do Castelo a otros tantos, o el propio Oporto a menos de 80.


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Otra sorpresa agradable fue, como les decía, el hotel rural en el que nos alojamos, la Quinta Convento Val de Pereriras, que resultó ser un lugar ideal para unas vacaciones en las que queríamos combinar el relax y la tranquilidad con ese buen ramillete de excursiones que les comentaba.

El hotel se encuentra a las afueras de Ponte de Lima, rodeado por una extensa finca cubierta por un hermoso viñedo con el que cada año producen y embotellan su propia cosecha. Aunque se trate de un caldo “casero” y la producción no sea grande es un vino con todas las garantías y tiene la denominación de origen Vinho Verde, que es la propia de esta zona de Portugal.

Como supongo que ya habrán deducido por su nombre, el hotel ocupa las dependencias de un antiguo convento, lo que demuestra una vez más la sabiduría de las órdenes religiosas a la hora de elegir acomodo. Por supuesto, está convenientemente reformado y cuenta con las comodidades necesarias: aire acondicionado en todas las habitaciones, una pequeña pero refrescante y acogedora piscina… Las habitaciones son cómodas y espaciosas, con un gran cuarto de baño que en nuestro caso disfrutaba de una agradable luz natural.

En definitiva, un buen lugar de descanso que si bien quizá no cuente con alguno de los lujos a los que estaríamos acostumbrados en otro tipo de hotel sí que ofrecía algo que, hoy por hoy, se está convirtiendo uno de los mas verdaderos y demandados lujos: una tranquilidad y una paz inauditas.

Y además a buen precio, oigan.

Les dejo unas pocas fotos para que se hagan una idea:

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