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La Feria de Todos los Santos en Cocentaina: una forma de volver a 1346

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Cocentaina es una localidad del interior de la provincia de Alicante, muy cercana a Alcoy y con poco más de 10.000 habitantes. Sin embargo, todos los años a primeros de noviembre se llena de visitantes hasta un punto difícilmente imaginable: unas 650.000 personas pasan por allí en poco más de un fin de semana.

La razón es la Feria de Todos los Santos, la Fira de Tots Sants como se la conoce en valenciano, la segunda más antigua de España, que se celebra de forma prácticamente ininterrumpida al menos desde 1346, es decir 668 años, ya ha llovido. Fue entonces cuando el rey Pedro III concedió un privilegio al barón de Cocentaina, Roger de Lauría -que por cierto era tío del rey, así cualquiera-, para la celebración de esa feria.

Un privilegio, por cierto, que tenía un curioso párrafo en el que se garantizaba la protección real a "todo aquel que sea bien vendedor, bien comprador", que no podría ser detenido ni "encerrado en la prisión", excepto los ladrones, asaltantes, traidores, falsificadores… y sodomitas, gente "para la que no habrá perdón". Cómo han cambiado los tiempos, ¿verdad?

Del ganado a los tractores

Como toda feria medieval que se preciase, la de Cocentaina se centraba sobre todo en el aspecto ganadero y agrícola –claro, tampoco había mucho más que elegir por aquel entonces- y aún hoy conserva parte de ese carácter y los animales siguen siendo una parte importante de la feria, no tanto por el espacio que ocupan como por la popularidad que los burritos, los caballos y algunos ejemplares más extraños todavía tienen entre los visitantes.

Lo mejor de la feria actual, que por cierto es Fiesta de Interés Turístico Nacional es, desde mi punto de vista, la variedad: va desde los animales a los tractores pasando por cientos de tenderetes en los que se venden objetos de artesanía, alimentos, herramientas, estufas, productos de cualquier tipo y ¡hasta coches!.

Además, por supuesto, hay una amplia oferta de restauración, cosas para niños, demostraciones de lo más variada, atracciones de feria, música en directo… un montón de cosas, en suma, que hacer, comer y ver.

Una tradición

No es extraño, por tanto, que la feria atraiga miles de visitantes, pero la fenomenal cifra que baraja la organización –repito: 650.000 visitantes en un fin de semana- se debe también a que la feria es una tradición realmente fuerte en la zona: mi familia es de un pueblo cercano a Cocentaina y allí todo el mundo, y cuando digo todo el mundo quiero decir todo el mundo, reserva al menos una mañana o una tarde para pasear por la feria.

Es casi una obligación más de Todos los Santos: antes o después de pasar por el cementerio uno va a Cocentaina, se pasea por la feria, compra algunas cosas que quizá no necesita y disfruta del ambiente y del buen tiempo que, un poco sorprendentemente, suele hacer en la zona en ese momento del año.

Para los que no sean de por allí será difícil que se convierta en una costumbre como para los indígenas, pero desde luego es una cita que yo les recomendaría ir marcando en su calendario viajero.

No sólo por la feria, que también, sino porque puede ser una oportunidad estupenda para conocer un rincón de la Comunidad Valenciana que es muy interesante, además de acercarse a la propia Cocentaina en ese momento tan especial.

Porque si algo hace interesante la feria es lo bien que se relaciona con su escenario: el encuentro ha tomado en los últimos años un aire medieval que llena las estrechas calles de un casco urbano en el que todavía es muy visible la huella de su origen árabe y que normalmente tiene mucho encanto, pero todavía tiene más esos días en los que parece un enorme zoco de la Edad Media.

En definitiva, dense en prisa y aprovechen esta oportunidad de conocer un evento realmente único y original, tienen de plazo hasta este domingo. Claro, que también pueden esperar hasta el año que viene: si ha aguantado más de 600 años suponemos que resistirá alguno más.

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