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¿Qué nos hace elegir un destino para viajar?

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Veo en la televisión un anuncio particularmente ridículo de un destino de vacaciones y me pregunto si alguien lo elegirá por esa publicidad de calidad cuestionable, pero la pregunta crece y pronto se transforma en algo más complejo: si esa publicidad no lo consigue... ¿qué es lo que nos hace elegir uno u otro destino a la hora de viajar?

Bueno, quizá soy injusto con el mundo de la publicidad si lo juzgo por único anuncio (que además es muy malo), puede que sí influya más en nosotros de lo que nos gusta aceptar pero si miro hacia atrás mis motivaciones para viajar han sido muy diferentes y en ellas no parece haber tenido mucho que ver la publicidad, al menos en sus formas más directas, aunque sí otras cosas como reportajes, artículos, libros... y por supuesto las fotografías que nos permiten ver algo antes de verlo "de verdad".

Esta influencia de textos e imágenes puede extenderse a lo largo de los años, incluso llegar a la madurez desde nuestra más tierna infancia. Les cuento, por ejemplo, que siendo un niño quedé totalmente fascinado por el primer fascículo de una de esas enciclopedias por entregas titulada “Maravillas del Mundo”. Estaba dedicado a Abu Simbel y creo que hay una línea directa entre aquel fascículo en cuya portada se veía el pétreo rostro de Ramses y mi decisión de viajar a Egipto más de 20 años después, donde me encontré con un viejo amigo en forma de increíble templo a la orilla del lago Nasser.

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En otras ocasiones las motivaciones son más prácticas: qué mejor excusa para conocer una ciudad o una zona que tener allí un amigo al que visitar y que, además, nos facilita un alojamiento gratuito. Gracias a este “método” yo conocí Hamburgo y el norte de Alemania y creo que es, sin duda, una de las razones más habituales que nos hace viajar a un lugar concreto.

Siguiendo por lo que se refiere a los amigos, sus consejos y recomendaciones suelen ser otra buena fuente de información que valoramos mucho a la hora de viajar: conocemos una ciudad después de que alguien nos confirme lo bella que es, seleccionamos un hotel porque una persona de confianza nos dice que es bueno y que está limpio, o en ocasiones vencemos nuestros miedos cuando un amigo lo visita y afirma que tal o cual lugar son tan seguros como nuestro propio país.

Por esta razón (además de por la obvia de la profesionalidad) es tan importante que el trato que reciben los visitantes de un lugar sea todo lo exquisito posible: nuestra experiencia tenderá a expandirse por nuestro círculo de amistades que a su vez la referirán a sus propios amigos que, en los mejores y sobre todo en los peores casos, no perderán la oportunidad contar que en tal sitio o en tal hotel ocurrió algo que hace irresistible o impensable viajar allí. Al final, cientos de personas pueden llegar a recibir esta información.

Muchos viajes responden a razones concretas irrepetibles en el tiempo que los hacen adelantarse o atrasarse o incluso sin las cuales no se darían. Los conciertos suelen ser una de esas motivaciones que generan sobre todo viajes cortos de poco más que la imprescindible ida y vuelta, pero en ocasiones también viajes más largos y complejos: por ejemplo yo viajé hace algún tiempo a Roma para asistir a un concierto (Peter Gabriel, para más señas) que tenía lugar en Florencia. Es obvio que habría viajado a Roma de todas formas antes o después, pero aquello precipitó la ocasión de un espléndido viaje.

El clima es otra de las razones principales por las que elegimos un lugar para visitar en detrimento de otros en los que no habrá sol, no nos podremos bañar o se está en plena temporada de huracanes, por poner un ejemplo más extremo.

Esta fue la motivación que me hizo viajar a las canarias hace un año: era el único lugar más o menos cercano que
en el mes de abril me “garantizaba” un clima lo suficientemente veraniego como para que mi pequeña hija disfrutase del sol, la piscina y la playa. Además, Lanzarote fue el destino natural después de una conversación con un compañero de trabajo que, tras explicarle lo que buscaba, señaló sin ninguna duda la isla de Timanfaya.

Por último, en otras ocasiones las razones son más azarosas: una decisión de último momento, un billete de avión muy barato… Y sobre todo suele deberse a una combinación de varios de los factores que hemos venido contándoles y, sí, hasta algún anuncio malo o un modesto blog como este pueden tener su influencia.
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