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La suerte de los campeones

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Hungaroring ha celebrado su treinta cumpleaños por todo lo alto con un gran premio cargado de incidentes e incidencias y en el que los pilotos, además de maestría y potencial mecánico, han necesitado algo de suerte. No la tuvo Rosberg, que perdió una oportunidad de oro para arrebatar el liderato a su compañero de equipo, Lewis Hamilton, y tampoco la tuvo el español Carlos Sainz, que se vio obligado a abandonar y ya es el tercer gran premio consecutivo en el que no ve la bandera a cuadros.

A veces hace falta ser un campeón para que la suerte te acompañe, y en esta ocasión tres han sido los que la han tocado con las manos. El primero de todos, sin duda, Sebastian Vettel. Pese a no brillar en los entrenamientos, el alemán protagonizó una fantástica arrancada en carrera junto a su compañero Kimi Raikkonen que a la postre le acabaría valiendo para sumar la segunda victoria de la temporada tras la de Malasia. El tetracampeón supo aprovechar un circuito que hace valer el chasis frente al motor y unos neumáticos, de compuesto blando, que suelen funcionar muy bien con Ferrari. La suerte, una vez más, estuvo de su lado al ser el coche de Raikkonen el que sufrió problemas en el motor, con la consecuente pérdida de potencia, y no el suyo, que aguantó líder desde la primera hasta la última vuelta.

El segundo de los campeones es Lewis Hamilton. Pese a la horrorosa salida, la posterior salida de pista y el drive-through, el británico consiguió acabar sexto y salvar la cara ante Rosberg. Quizás en esta ocasión no fue tanta suerte de Hamilton, sino más bien la falta de ella de su compañero de equipo.

Y por último, Fernando Alonso. El asturiano aguantó como un jabato cada toque, cada guerra entre pilotos y cada sanción de los comisarios que no hicieron sino catapultarle a la mejor posición marcada hasta ahora, la quinta plaza. El propio piloto de McLaren bromeaba al final de la prueba al asegurar que, de durar diez vueltas más la carrera, podría haber incluso subido al podio. Es cierto que la suerte le acompañó y el devenir del gran premio permitió este fantástico resultado para Honda, pero no es menos cierto que esta vez sí vimos al coche anglo-japonés con capacidad para poder adelantar a los adversarios, para mantener el ritmo durante toda la carrera y aguantar el envite de algunos de los monoplazas de atrás. Queda mucho por hacer, es cierto, pero parece que el camino de la evolución es el acertado y ahora sólo hace falta pisar el acelerador y pedirle a Honda que atine con la unidad de potencia. Sólo entonces el McLaren-Honda estará preparado para asaltar el podio.

Eso no será esta temporada, eso es evidente, pero quizás sí la siguiente o la otra. Lo que es una certeza es que Mercedes será de nuevo campeón y que Hamilton revalidará el título. De momento el inglés se puede ir tranquilo de vacaciones con el liderato debajo del brazo y con la suerte de cara.

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