
¿Qué haría si ganara la lotería?
No, no es una pregunta a los lectores ni una respuesta por mi parte. Siempre me ha parecido una pregunta algo estúpida, de esas típicas que se hacen en clases de inglés para animar a la gente a que hable de algo.
Pensando sobre la dichosa pregunta se me ha ocurrido una divagación, que imagino no se le suscitará a la mayoría de gente que piense en la lotería. Y está relacionada con la predicción del comportamiento humano y el cambio –y por tanto con temas metodológicamente interesantes en economía. ¿Realmente tiene sentido plantear la pregunta de qué haría si ganara la lotería? ¿Podemos llegar a saberlo?
Una respuesta podría ser que rotundamente no podemos llegar a saberlo ex ante. Puesto que la acción humana es de carácter teleológico, y creativo, y no una simple máquina que responde siempre igual a unas señales dadas, esto es algo imprevisible. Desde que dé una respuesta a la pregunta, el tiempo (subjetivamente considerado) pasará, y con él habrá cambios inevitables, tanto internos (preferencias…) como externos (un terremoto…) que cambien el “marco” en el que te mueves y que observas para decidirte a actuar en una dirección u otra. En otras palabras, del momento t=0 en que se me hace la pregunta, al momento t=1 en el que, pongamos, gano la lotería, habrán cambiado múltiples circunstancias. La más importante es que en t=1 contarás con una pasta gansa como si estuviera en tu bolsillo, y ese hecho puede marcar la diferencia y cambiar aspectos de tus decisiones y planes que pensabas que iban a ir en distinta dirección. Es decir, que hasta que no llega el momento de la verdad en que tienes el dinero en el bolsillo, no puedes saber qué vas a hacer con él. Esto es lo típico que se dice, que hasta que no llega el momento, no sabes lo que se siente.
La otra respuesta trataría de encontrar un mayor grado de predictibilidad al comportamiento humano. Lo ingenuo sería asumir que nada va a cambiar y que por tanto hoy es igual a mañana (algo similar a lo que se hace en muchos modelos económicos mainstream, donde se anula el cambio de verdad, y el tiempo real y subjetivo, asumiéndose la reversibilidad (errata corregida) de los procesos, siendo éstos una línea a la que puedes ir y volver sin ningún problema). Pero es sensato pensar que buena parte de las preferencias que mantienes hoy, las mantendrás también mañana. Es sensato asumir cierto grado de constancia. Por supuesto que no hay ningún tipo de determinismo, y la acción humana tiene cierto grado de imprevisibilidad, pero existen los patrones de comportamiento sistemático, las rutinas, etc. que reducen considerablemente el nivel de incertidumbre al que nos sometemos.
Si me gustan mucho los coches buenos de marca, quizá lo más probable sea que si me toca la lotería me compre uno caro. Poco probable sería que me comprara uno de segunda mano. Si soy austero hasta la médula, lo más probable será que dedique una cantidad pequeña al consumo inmediato. Aunque, no habría que descartar tampoco la posibilidad de que la obtención del premio cambiara cierta parte de esa persona… esto será algo que cambiará según la persona, su estabilidad, etc.
Aunque este caso pueda parecer una tontería, creo que una ‘versión’ de esta cuestión puede darse cuando se reflexiona sobre temas empíricos en economía y regularidades producidas a lo largo de la historia, aunque éstas no tengan una explicación teórica muy convincente. Puede que, como explica Mises, el precio de hoy sea en esencia algo diferente al precio de mañana, y que podrían diferir sustancialmente en términos teóricos. Pero ¿es sensato pensar que los “fundamentos”, expectativas etc. que han determinado el precio hoy, cambien significativamente mañana? Exceptuando hechos concretos –decisiones sobre tipos de interés, aprobación planes de estímulo, etc., donde por cierto, se aplicaría muy bien la llamada Teoría de los Big Players–, en principio no.
Bueno, basta de divagar…
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Lamentable ejercicio de dogmatismo jesuítico. ¡Viva la caverna!
“Paco, enciende ya la tele que va a empezar el sorteo”. (A ver si tenemos suerte y te mando poco lejos)”. “Aquí tengo los billetes que compramos en Febrero cuando fuimos a Albacete a ver a tu primo Pedro” “¡Calla! que ruedan los bombos. Mira que niña más linda ésta de San Ildefonso. ¡Ay, que cara más bonita”… Dos o tres horas después han salido ya los premios y Francisco y su mujer tienen el rostro más serio. “Mira que lacia la niña” “¡Anda que no eres malaje!” “Una pedrea, chiquilla. ¡Cántamela, por tu madre!” “Ya no compro lotería que siempre toca a los mismos” “Y ahora a aguantar todo el día a los tontos nuevos ricos celebrando con Champán y pegando muchos gritos…” ¡Apaga la tele ya y vete a comprar el ‘Niño’!”.
jajajjajajajjajajja muy mitiko, as sofisticado tu lenguaje asta grados inverosimiles y d compleja comprension sintactica!!! di esto la proxima vez k alguien formule la dixosa preguntita en algun circulo social relativamente ludico!!