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¿Podemos derrotar a Podemos?

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Este fin de semana se está celebrando en Madrid la asamblea de Podemos, en la que el partido de Pablo Iglesias trata de definir la estrategia y los planteamientos políticos con los que intentará optar a formar gobierno en las elecciones de 2015.

En esta era de las nuevas tecnologías, casi todo es accesible ya en tiempo real, y la asamblea de Podemos, un partido que se precia de utilizar con éxito Internet y las redes sociales, no podía ser una excepción. Quien quiso, pudo seguir en directo por televisión, a través de Internet, los debates de la asamblea, y yo mismo estuve viendo parte de las intervenciones.

Convendría que los partidos alternativos (UPyD, Ciudadanos, Vox) tomaran nota de cómo se está desarrollando esa reunión de los afiliados de Podemos, porque puede extraerse alguna lección muy interesante.

Lo primero que hay que decir es que la asistencia a la asamblea está siendo un éxito: 8.000 inscritos para asistir presencialmente y varias decenas de miles más de personas siguiendo la asamblea en directo por Internet, son cifras que indican que no estamos ante un fenómeno marginal, ni pasajero. Podemos cuenta ya con una estructura a nivel nacional que le permitirá encarar las próximas elecciones generales con mucha mayor efectividad que las europeas. Y ya es hora de que algunos comiencen a preguntarse por qué.

¿Existen en España cinco millones de comunistas, o cinco millones de bolivarianos? La respuesta es que no. Nunca han existido y tampoco ahora existen. Pero entonces, ¿cómo es posible que las encuestas sitúen a Podemos ya en el entorno de los cinco millones de votos? Pues la respuesta es, obviamente, porque a Podemos no le votan solo los bolivarianos o los comunistas. El grueso de quienes manifiestan que van a votar a Podemos son personas que nunca aplaudirían una dictadura como la soviética ni un régimen militar como el venezolano.

Ante esta contradicción, muchos críticos de Podemos reaccionan de una manera bastante ingenua, declarando con toda rotundidad que el ascenso de Podemos demuestra que los electores son inmaduros, ignorantes, manipulables o directamente idiotas. Pero esa actitud equivale a la del avestruz que entierra la cabeza en la arena, para no ver el peligro que se le aproxima.

La democracia no consiste en tener razón, sino en ser capaz de convencer a los demás de que la tienes. Aunque tus ideas sean las mejores del mundo (y esta es una lección que deberíamos aprender muchos liberales), si no eres capaz de demostrar a la gente por qué tus ideas son buenas PARA ELLOS EN CONCRETO, jamás te comerás un colín, electoralmente hablando. Y el que no seas capaz de convencer a los demás, no indica que los demás sean idiotas; a lo mejor el idiota eres tú: si tienes las mejores ideas del mundo y no eres capaz de convencer a los demás, será que no te sabes explicar muy bien, ¿no? O a lo mejor lo que pasa es que tus ideas no son tan buenas como te imaginas y por eso nadie te las compra. Aprende a escuchar a los demás y trata de analizar por qué no convences.

Si Podemos tiene cinco millones de votos no es porque la gente sea estúpida, sino porque quienes dirigen Podemos ofrecen a la gente algo que la gente está dispuesta a comprar: ilusión, esperanza de cambio, promesa de justicia. Bastaba ver ayer la asamblea en el Palacio de Vistalegre para darse cuenta de que los militantes de Podemos se sienten parte de algo en marcha, se sienten integrantes de un proyecto, sienten que pueden cambiar la situación. Probablemente a la mayoría de los asistentes no les gustan muchas cosas de Podemos, ni de Pablo Iglesias, pero eso da igual. Porque por muchos defectos que le vean a Pablo Iglesias, lo que hay enfrente (ese difuso concepto de la Casta) les gusta mucho menos. Quieren acabar con un estado de cosas que perciben injusto y Podemos les ofrece el instrumento.

Mientras no entendamos eso, mientras no comprendamos que hay razones perfectamente sensatas y poderosas que impulsan a gente de lo más normal a votar a Podemos, no podremos conjurar la amenaza que Podemos supone.

Por supuesto que Pablo Iglesias o Monedero representan una ideología caduca y peligrosa para las libertades, pero no vamos a conseguir nada limitándonos, como hasta ahora, a caricaturizar a Podemos: mucha gente lleva meses con la cantinela de si Pablo Iglesias es amigo de los batasunos, de si Pablo Iglesias es consejero de los chavistas o de si Pablo Iglesias es comunista. ¿Qué se ha conseguido con ese tipo de ofensiva? Pues que Podemos pase del millón de votos que consiguió en las europeas, a unos cinco millones de votos, según las últimas encuestas. Así que esas críticas no parece que estén sirviendo de mucho, ¿verdad?

Caricaturizar al adversario es una forma de menospreciarlo, y no hay receta más segura para la derrota que minusvalorar a tu oponente. En vez de atacar a Podemos con cosas que demuestran no tener ninguna efectividad, tendríamos que pararnos a pensar en las razones que impulsan a gente de muy variadas ideologías a votar a Podemos.

Como decía antes, si la gente compra la ilusión, la esperanza de cambio y la promesa de justicia que Pablo Iglesias les ofrece es... porque eso es exactamente lo que la gente quiere comprar. Son esas tres cosas las que el mercado electoral está demandando. Por tanto, si quieres derrotar a Podemos, tendrás que ofrecerle a la gente precisamente eso. La gente sabe perfectamente lo que quiere y no te va a comprar ninguna otra mercancía.

Ya no valen las campañas de puro marketing, como las de Pedro Sánchez; ni las apelaciones al miedo, como pretende hacer el PP. Ni tampoco valen ya los viejos esquemas heredados de la Transición. Estamos en otra época, y la gente necesita respuestas. Respuestas reales. Las redes sociales han desplazado a los medios tradicionales de comunicación y tampoco sirve ya de nada el intentar esconder los problemas.

Podemos no es imbatible. De hecho, los votantes de Podemos son perfectamente recuperables. Pero, para recuperarlos, habrá que ofrecerles un diagnóstico tan certero y tan descarnado como el de Pablo Iglesias, junto con soluciones menos demagógicas que las que Pablo Iglesias ofrece.

¿Podemos derrotar a Podemos? Por supuesto que sí. La pregunta es si sabemos. Y si estamos dispuestos a escuchar con humildad a la gente y a soltar el lastre necesario.

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