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Socialistas zombis

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El "hongo de las hormigas zombi" es uno de los seres vivos más asombrosos que existen. Cuando las esporas de ese hongo caen sobre una hormiga de una especie concreta (la hormiga maderera), el hongo comienza a crecer en el exterior de la hormiga y a segregar enzimas que le permiten, finalmente, introducirse dentro del cuerpo, atravesando la cutícula.

Una vez que ha conseguido penetrar en el cuerpo de la hormiga, comienza a alimentarse de los tejidos del insecto y a expandirse por su interior. Hasta ahí, ese hongo no se diferencia en nada de otros parásitos que atacan a insectos o a otros animales. Lo extraordinario es lo que sucede cuando el hongo consigue alcanzar el cerebro de la hormiga.

Una vez que ha llegado al cerebro, el hongo comienza a segregar un cóctel de productos químicos que alteran el comportamiento de la hormiga y permiten al hongo tomar el control de sus actos.

En cuanto el hongo se ha hecho con el control, la hormiga infectada, que suele vivir en los árboles tropicales, comienza primero a tener espasmos que la hacen caer al suelo de la selva. A continuación, la hormiga busca una planta y asciende por su tallo. No vale cualquier planta: la hormiga busca una planta que esté situada en una zona con un 95% de humedad y una temperatura de entre 20º C y 30º C. Además, sube a la planta siempre por su lado norte y asciende solo hasta una altura determinada: al llegar a una hoja situada a unos 25 cm de altura, la hormiga se detiene, muerde con todas sus fuerzas la vena principal de la hoja y se queda allí anclada, sujeta por las mandíbulas, hasta morir.

Muerta la hormiga, el hongo continúa creciendo por su interior y alrededor de ella, y luego suelta sus esporas, que infectarán a otras hormigas que pasen por las proximidades de su congénere muerta.

Obviamente, las condiciones tan precisas de humedad, temperatura, orientación y altura de los lugares que las hormigas infectadas eligen para morir, son las idóneas para que el hongo pueda crecer y producir esporas. Si hacemos el experimento de transportar a una hormiga muerta, desde la hoja que ha elegido ella a otro lugar con condiciones ligeramente distintas, el hongo crece, pero no produce esporas y no es capaz de reproducirse e infectar a otras hormigas.

La pregunta que tiene maravillados a los científicos es: ¿cómo consigue ese hongo, carente de cerebro, controlar el cerebro de la hormiga, para alterar su comportamiento de una manera tan concreta? ¿Cuáles son los mecanismos que permiten al hongo transformar a la hormiga en un zombi a su servicio?

Los experimentos realizados han permitido comprobar que, al alcanzar el cerebro de la hormiga, el hongo segrega miles de compuestos químicos distintos. Entre ellos se han identificado algunos neuromoduladores, como la esfingosina, pero la mayoría de esos compuestos son desconocidos aún para nosotros. Pasarán todavía años antes de que seamos capaces de comprender exactamente qué hace cada uno de esos compuestos y cómo se las arregla el hongo para producirlos en la secuencia correcta como para regular el comportamiento de la hormiga con tanta precisión.

Acostumbrados como estamos a los grandes escándalos, ayer se produjo un hecho aparentemente menor, pero que, sin embargo, provocó una oleada de revuelo e indignación en las redes sociales: el Partido Socialista de Cataluña (es decir, la sucursal catalana del partido de Pedro Sánchez) anunció en Twitter que acababa de presentar una propuesta para que se elimine de los presupuestos de la Generalidad la partida destinada a educación en castellano.

Renuncio, por pudor, a reproducir los insultos que semejante despropósito le hizo cosechar al PSC en las redes. Mucho más preocupantes que los insultos, eran los mensajes de asombrada decepción de votantes socialistas.

El Partido Socialista ha cosechado mínimos históricos de voto en las últimas elecciones, tanto catalanas como legislativas. El Partido Socialista va camino de la irrelevancia electoral, según todas las encuestas, tanto en Cataluña como en el resto de España. El Partido Socialista está atrapado en una catarata monumental de casos de corrupción, que le impiden levantar la cabeza. El Partido Socialista ve cómo sus votantes huyen en masa hacia Podemos, que amenaza ya con sobrepasarlo... Y a pesar de todo ello, el Partido Socialista acelera su carrera hacia el abismo, sin desperdiciar ninguna oportunidad de sumar sus fuerzas a quienes quieren dinamitar España.

Y así, un día vemos cómo el Partido Socialista vota en el parlamento catalán a favor de la ley de consultas que ampara el referéndum de secesión. Después vemos cómo el Partido Socialista ofrece sus ayuntamientos para celebrar la consulta, después de haber sido esta suspendida por el Tribunal Constitucional. Ayer, vemos a los socialistas sumarse a la persecución del castellano. Y durante todo ese tiempo, Pedro Sánchez dedicándose a ofrecer, un día sí y otro también, reformas constitucionales que blinden el poder de los nacionalistas.

Como la hormiga de nuestra historia de hoy, hace tiempo que el Partido Socialista se ha convertido en un zombi. El hongo de la desintegración de España controla su comportamiento, y el socialista-zombi ya no puede hacer otra cosa que agarrarse con las mandíbulas a la cuestión catalana, hasta dejarse morir, mientras el hongo lo devora desde el interior.

¿Cuáles son los mecanismos que utiliza el hongo separatista para alterar la voluntad del socialista-zombi? No lo sabemos aún; los científicos están divididos al respecto. Quizá sea una conocida enzima catalizadora, la tresporcentina, la responsable del inexplicable comportamiento del animal. O tal vez el hongo favorezca la multiplicación de otro compuesto químico, la hispanofobina, cuya presencia ya se había detectado en el cerebro socialista. Sea como sea, pasarán años hasta que los científicos desentrañen los extraordinarios mecanismos que permiten al hongo alterar, de una forma tan concreta, el comportamiento del socialista-zombi.

Pero, sin necesidad de esperar a que concluyan las investigaciones, hay un par de cosas de las que podemos estar seguros. La primera es que, para cuando desentrañemos el misterio, el Partido Socialista estará ya muerto. Y la segunda, que no hay nada que el Partido Socialista pueda hacer para escapar a su destino.

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