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Las increíbles playas y la belleza natural de Aljezur

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En un rincón del sur de Portugal, de cara al Atlántico y allí donde el Algarve ya no es un lugar de vacaciones masivas sino un rincón deliciosamente solitario, encontramos Aljezur, una comarca que nos ofrece mucho para unas vacaciones y, sobre todo, unas playas absolutamente idílicas, de esas que ya es casi imposible encontrar en nuestro país.

Playas amplias, aunque también hay pequeñas y encantadoras calas, playas de arena dorada, abiertas al mar y a las olas, vigiladas por impresionantes acantilados y, sobre todo, playas absolutamente vírgenes, sin otro edificio que pequeños chiringuitos de madera o, todo lo más, la caseta de una escuela de surf, también de madera.

Toda la zona es parte el Parque Natural de la Costa Vicentina, y ese es uno de los secretos que explican que pese a las muchas décadas de desarrollo turístico, siga esperándonos, afortunadamente, casi virgen.

¿Dónde está?

Antes de seguir vamos a ubicarnos en el mapa: Aljezur es la última comarca del Algarve, al norte ya linda con la costa del Alentejo y sus playas y acantilados en lugar de mirar al sur otean el océano infinito hacia el oeste, a Madeira y, más allá, a la propia costa de Norteamérica.

Su paisaje es más amable que el de zonas cercanas del Algarve, no necesariamente más hermoso porque los otros también son hermosos, pero en Aljezur encontramos frondosos bosques de viejos árboles que en Sagres o Vila do Bispo no podemos ver, quizá por la humedad que deben dejar los vientos del oeste, seguramente también porque esos vientos no azotan la costa con la crueldad con que lo hacen sólo unos pocos kilómetros más al sur.

Si uno llega a Aljezur desde Sagres, como fue mi caso, son esos bosques lo primero que le llama la atención, grandes masas arbóreas que atravesamos en una carretera sinuosa y portuguesa: primero pinos, poco después eucaliptos, más tarde algún tipo de encina...

Sin casi darnos cuenta la vegetación se convierte en una constante a nuestro alrededor prácticamente hasta que llegamos al borde mismo de las playas, allí la perspectiva y el cielo se abren.

¿Las mejores playas de la península?

En un litoral en el que se alternan las playas y los acantilados algunas de éstas están, sin duda, entre las más hermosas de la península. Un buen ejemplo es la de Amado, en una localidad llamada Carrapateira, una playa absolutamente espectacular que tiene todo para hacer de ella un lugar idílico: una gran lengua de una arena dorada y fina, unas aguas limpias de un azul turquesa increíblemente intenso, miradores, acantilados...

Y además, no hay nada de lo que lamentamos cuando llegamos a un lugar así: ni aglomeraciones de turistas (de hecho, en pleno mes de julio me encontré la playa prácticamente vacía), ni un tráfico infernal y ruidoso ni altísimos edificios de apartamentos.

Lo único que encontramos allí es el viento, las olas, algunos surferos y la caseta de madera de, precisamente, una escuela de surf.

Pocos kilómetros más allá está Bordeira, quizá todavía más espectacular: una gigantesca lengua de arena blanca que casi se pierde en el horizonte. En esta hermosísima playa además desemboca un pequeño río de aguas cristalinas haciendo unos meandros que quizá cambien con los temporales pero que, además de una opción de baño distinta, le daban al arenal un aspecto diferente, calmo, precioso.

De nuevo nos encontramos con un entorno idílico: nada de edificios altos, la playa casi vacía y sólo un chiringuito de madera constatando que estamos junto a la civilización. Bordeira tiene además, como Amado, miradores desde los que contemplar la propia playa y el atlántico, de hecho más altos y más espectaculares.

En suma, un lugar inolvidable.

Y los pequeños pueblos

No son los pueblos de esta zona del Algarve especialmente espectaculares, ni cuentan con un patrimonio arquitectónico que nos llame particularmente la atención. Pero sí que tienen su propio encanto y el tipismo que a los españoles nos gusta en muchas cosas de Portugal: nos recuerdan a la España de hace una décadas.

El más grande de la comarca es Aljezur, que tiene un casco antiguo que merece la pena recorrer, una pequeñísima iglesia del S XVI muy bonita pese a su modestia y algunos rincones interesantes, además de un mercado en el que comprar productos de la zona a las encantadoras vendedoras.

Los demás pueblos son casi siempre pequeñas aldeas blancas, con viejos molinos de viento, enclavadas en las laderas de las colinas o junto a pequeñas playas. Lugares en los que casi llama la atención la llegada de un forastero, pequeñas delicias que nos esperan.

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comentarios
1 xockes, día

Me parece que me lo he perdido. Dice en algún momento el autor la temperatura del agua. O si te puedes bañar. Mi experiencia es que en "algunas" de estas playas el agua está helada y te la juegas con las olas y el frio como te mojes más de los tobillos. Pero bueno el baño no lo es todo.

2 ichgrollenicht, día

Efectivamente, las playas son una delicia, pero no para bañarse. En Carrapateira sin neopreno hay que tenerlos cuadrados para meterse. En Aljesur se forman lagunas donde la temperatura es más agradable y se puede ir con niños. Hablando del chiringuito de madera, pedazo de cerveza que nos tomamos acompañada por torreznos fuera de carta(el chef los había hecho para él y nos dejó picar). Si vais desde Monchique la carretera es brutal.

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