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Paseando por el Madrid del 2 de mayo

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Allá por 1808 Madrid era una, obviamente, una ciudad mucho más pequeña que la actual: encerrada entre los límites que suponían el Palacio Real por el oeste y el paseo del Prado por el este, con la Puerta de Alcalá y el Retiro de puestos avanzados de la capital, sólo un poco más allá.

Esa almendra que era el espacio en el que se amontonaban unos 160.000 madrileños es hoy el Madrid histórico, uno de los cascos antiguo más grandes –y yo diría que injustamente infravalorado- de Europa, un zona completamente turística que creo que merece más atención de la que le damos.

Aprovechando la celebración del 2 de mayo vamos a dar un paseo por los lugares en los que ocurrieron aquellos tristes y heroicos hechos, todos dentro de ese Madrid histórico, algunos muy parecidos a cómo eran entonces, otros completamente distintos pero quizá todavía más interesantes.

Entre los primeros está el Palacio Real, quizá el edificio más hermoso de España –como tal se eligió en una encuesta entre arquitectos hace unos años- y uno de los palacios más grandes y bellos de Europa. Su exterior es impresionante, su interior es quizá más apabullante aún, pero sólo con las vistas exteriores se puede disfrutar en nuestro paseo histórico.

El Madrid de los Austrias

Seguiremos por Bailén, donde se dieron las primeras cargas francesas, y luego podemos enfilar por la calle Mayor. Por ella llegaremos al Madrid más viejo, al que ya era antiguo en 1808 y que hoy llamamos "de los Austrias". La Plaza de la Villa, una maravilla que a veces nos pasa desapercibida, las callejuelas deliciosas que la rodean y un poco más allá la imponente Plaza Mayor y sus cavas, en las que los patriotas españoles se enfrentaron a los franceses.

Les cuento una anécdota personal: hace unos años vino a Madrid un norteamericano que nunca había visitado Europa, le acompañé al centro y cuando entramos en la Plaza Mayor se quedó extasiado: "Nunca había estado en un lugar como este", me dijo. Yo, más joven y más arrogante –todavía- no puede evitar responderle de una forma un tanto presuntuosa y quizá no muy cortes, por más que mi frase fuese cierta: "Es que esta plaza es más antigua que tu país".

Sol será nuestro siguiente paso, allí donde cargaron los mamelucos y allí donde cargan las hordas manifestantes o las que festejan la entrada de cada año. La Puerta del Sol es una imagen tan conocida y familiar que creo que no nos damos cuenta de lo hermosa que es, con la Casa de Correos y las preciosas viviendas que la rodean como una media luna.

Quizá sin el toque moderno de Picadilly o Times Square, Sol es tan vital como ellas, uno de esos lugares en los que uno puede sentarse a observar como la vida pasa ante sus ojos en mil formas y vestida de mil maneras.

Pero hay que seguir nuestra ruta y lo haremos por la Carrera de San Jerónimo, pasando ante las cortes y sus leones –los de fuera- saludando al dios Neptuno y llegando por fin a la Plaza de la Lealtad, donde un monumento de los menos conocidos de Madrid rinde homenaje no sólo a los más de 400 madrileños que murieron ese día –sobre cuyas cenizas se ha levantado- sino a todos los que en cualquier momento cayeron por España.

Unos metros más allá está otro lugar esencial: el Museo del Prado, que visitaremos –esta es una excusa tan buena como cualquier otra- para ver como pintó Goya el dos y el tres de mayo como un auténtico fotorreportero.

También por Malasaña

Más que en Sol, probablemente los combates más encarnizados del Dos de Mayo se dieron en lo que hoy es el barrio de Malasaña –heroína también de esa fecha, por cierto-. Allí estaba el Cuartel de Monteleón y en él dos oficiales, Daoíz y Velarde, que pasaron ese día a la historia y salvaron el honor del ejército español.

Lo que entonces era el cuartel es hoy la plaza, precisamente, del Dos de Mayo, en cuyo centro se homenajea a los dos héroes con una estatua y lo único que queda del establecimiento militar: una puerta de ladrillo.

A su alrededor un barrio joven y vibrante como pocos de Madrid, lleno de cafés tiendas supermodernas, restaurantes… Un barrio que a mí me parece un pelín demasiado hipster, si les he de ser sincero, pero que más allá de mis manías es muy interesante y muy agradable.

Del 2 de Mayo a Egipto

He dejado para el final de nuestra ruta el lugar que ha sufrido el cambio más sorprendente de todos los que hemos visto, el único que en lugar de ir adelante en el tiempo ha ido hacia atrás: lo que era la montaña del Príncipe Pío y hoy es el templo egipcio de Debod.

Como en la Plaza de la Lealtad en la montaña de Príncipe Pío se fusiló a muchos españoles tras simulacros de juicios y sin diferenciar demasiado a los que habían participado en el levantamiento de los que simplemente habían pasado por allí. Un horror pintado por Goya como sólo él podía hacerlo en un cuadro que está, sin duda alguna, entre los 10 más importantes de la historia de la pintura.

Pues allí donde los patriotas caían con los brazos abiertos ante el pelotón de fusilamiento francés encontramos hoy un auténtico templo egipcio que viajó a España piedra a piedra en 1968. Tranquilos, no fue nada que se pareciese a un expolio sino un regalo de Egipto a España por nuestra colaboración en la operación internacional que salvó los templos que iban a ser sumergidos bajo las aguas de la Presa de Assuan, especialmente el de Abu Simbel.

El pequeño templo de Debod era de los que iban a quedar bajo las aguas del lago Nasser y, como el de Dendur que se puede ver en el Metropolitan de Nueva York, fue salvado y trasladado en un increíble viaje para que hoy los madrileños podamos disfrutar de un pedacito del Egipto de hace dos mil años allí donde hace doscientos sufríamos el rigor de la venganza napoleónica.

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